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Fanny Osinaga

Tiene 81 años y desde 1989 baila en el Carnaval de Oruro con unos 30 kilos encima. Afirma que es un incentivo para los bailarines más jóvenes y se encuentra orgullosa de ser la reina de los morenos.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 20 de septiembre de 2015

Yo quiero bailar, antes de morir, en el Carnaval, en la tierra de los Urus, en la gran Central”... esta frase se transforma en realidad cuando se habla de Fanny Osinaga Vargas. Ella nació hace 81 años en Quillacollo y danza desde 1989 en la Morenada Central Oruro. “Voy a bailar hasta que Dios y la Virgen me den las fuerzas para hacerlo”, afirma la mujer de sonrisa fácil y cabellera plateada.

Tiene, aparentemente, un cuerpo frágil, es delgada y apenas sobrepasa el metro y medio de estatura; sin embargo eso no es problema a la hora de colocarse encima el traje de rey moreno. Durante la fiesta carnavalera en la Capital del Folklore Boliviano, Fanny levanta aproximadamente 30  kilos solo en vestuario. La faja elaborada con monedas antiguas de Bs 5 demanda un esfuerzo adicional de su parte a la hora de ejecutar pasos de la danza.

No se queja. Durante los 26 años que recorre anualmente los cuatro kilómetros de danza, puede decir con orgullo que nunca bebió un vaso de cerveza. Es más, afirma que al ponerse la máscara únicamente piensa en llegar a la meta y rendirse ante los pies de la Virgen del Socavón.

Es una mujer tradicionalista que cumple a cabalidad la etiqueta de los reyes morenos. Ingresa a pie al templo. Reza, a veces llora, a los pies de la patrona. Después, con la careta en la mano, se despide y no le da la espalda a la madre de Jesús.

La fe mueve montañas y, en su caso, la fe es la energía que le ayuda a seguir de pie y bailando cada año, pese a su avanzada edad.

La quillacolleña afirma que tiene mucho que agradecerle a la Virgen del Socavón. Su esposo la amó hasta el último de sus días y en la actualidad tiene cuatro hijos (dos varones y dos mujeres) que viven pendientes de ella. Hoy se considera una abuela y bisabuela feliz. Es más,  también bailó con sus hijos y su bisnieta.

Ella, que fue ama de casa la mayor parte de su vida, también baila en las fiestas de las ciudades cochabambinas de Quillacollo y Tiquipaya. No falta a ninguna de estas celebraciones.

Cuando Fanny falta a alguno de los ensayos sus compañeros le reclaman. Es un ícono de la morenada y su presencia es un incentivo.

Hoy, en el calor de su hogar, ni piensa en cuándo dejará el baile. Por lo pronto, dice, goza de las bendiciones de la patrona orureña.

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