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Fariddy Ximena Camacopa Rafael

Dejó de trabajar en Química Industrial para seguir su pasión: el maquillaje. Para ella, la apariencia es solo una herramienta que  ayuda al descubrimiento integral de la belleza. La psicóloga del maquillaje.

Fariddy Ximena Camacopa Rafael. Ilustración: Frank Arbelo

Fariddy Ximena Camacopa Rafael. Ilustración: Frank Arbelo

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda / La Paz

00:00 / 17 de septiembre de 2017

No estoy hecha para trabajar en un laboratorio”, así justifica Fariddy Ximena Camacopa Rafael (31) la decisión que ha cambiado su vida. Gracias a su primer trabajo como maquilladora, ella reconoció que su carrera como licenciada en Química Industrial iba a pasar a un segundo plano. Ahora es difícil imaginarla haciendo otra cosa. Es feliz en su estudio miraflorino, rodeada de sus alumnas.

Como su mamá es peinadora, desde niña estuvo en contacto con la belleza. “Tenía 12 años cuando empecé a ayudarle en su salón de estética. Ahí había revistas que mostraban tendencias faciales y me encantaba recrearlas en los rostros de las clientas”, relata acerca de sus inicios.Supo rápidamente que sus manos iban a servir para trabajar en un lienzo delicado, como es el rostro. Sin embargo, para su familia no era una ocupación deseable, de manera que optó por seguir una carrera. “Las personas piensan que por no tener un título (universitario), una no cuenta para la sociedad. Gracias a Dios, mi familia comenzó a apoyarme cuando vieron que maquillaba con pasión”.

Este mundo de polvos, sombras de colores y correctores también es para Fariddy un espacio de autoconocimiento. Por ejemplo, en sus cursos de automaquillaje se encontró con personas con problemas de depresión, quienes se han acercado a su estudio y han construido una mejor relación consigo mismas. “A mis alumnos los obligo a verse al espejo, que se miren más de cinco minutos y reconozcan que no es el maquillaje lo que los hace bonitos, sino que es importante que se acepten. Eso ayuda, es como una terapia”. Con el espejo de por medio, sus estudiantes —incluso los menores edad— logran reconocer que tienen rasgos que les gustan de sí mismos, lo que aumenta su autoestima.

Mientras trabajaba en el rodaje del filme Atrapados en azul (que se estrenó en 2016) salió a flote otra de sus pasiones: el rescate de animales. “Tengo un perrito que se llama Canito y me lo traje desde Laja, tuve que envolverlo en bolsas para que me dejaran llevarlo en el auto del director. Olía muy feo porque solo comía basura, pero no lo podía dejar abandonado”. Hasta ahora salvó a más de 30 canes.

En ella, la pasión puede más que la obligación. Cuando ve que sus alumnos se miran orgullosos al espejo y se agradan por dentro y por fuera, es entonces que está segura de que hizo lo correcto al seguir sus sueños.

 

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