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Fátima Molina

Proviene de una familia de artistas, condición que fortaleció su vocación desde muy pequeña. Com-bina la pintura con el diseño de moda, que le brinda un toque diferente a sus creaciones. Virtuosa del boceto.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 04 de enero de 2016

Entre orfebrería y muñecas se crió Fátima Molina (33). Mientras sus padres realizaban trabajos artísticos con metales preciosos, ella dibujaba primero en papel y luego experimentaba con telas para crear nuevos modelos para sus muñecas. En la adolescencia se inició diseñando de forma empírica, vendiendo sus primeros productos en una de las aceras de la avenida Mariscal Santa Cruz de La Paz. En vista de que sabía que iba a dedicarse a ello en su vida, estudió Bellas Artes con especialidad en pintura en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), además de Diseño de Moda en la Academia Teniente.

“Los dones son regalos de Dios que permiten expresar y comunicar sin palabras, además de ser herramientas transformadoras”. En la universidad contaba con el Taller de Arte donde enseñaba pintura a niños y los iniciaba en el mundo del diseño. Así ilustraba propuestas que le abrieron muchas puertas.

“Participé en el primer congreso de textiles nativos y alta costura realizado en 2006 mediante una invitación que se dio cuando la organizadora vio mis dibujos.

Desde entonces inicié la empresa de diseño FMP. También vestí durante algunos años a las misses, participé en proyectos de arte y diseño, sin contar con que trabajé en la Oficialía Mayor de Culturas donde aprendí mucho sobre gestión cultural”.

Actualmente realiza consultorías en proyectos de rehabilitación, en los que utiliza el arte y el diseño como herramientas de transformación. También lleva adelante el Laboratorio Boliviano de Diseño de Autor y Moda Diseñarte Bolivia que ya está en su tercera versión; es docente en la Escuela Municipal de Artes y tiene el Atelier “Fátima Molina” en San Miguel, donde junto a su equipo de artistas diseña productos artísticos y personalizados.

Cuando no está trabajando, le gusta conocer y aprender más de Dios, estudiar su palabra y compartirla, tener comunión con sus hermanos y su familia, además de hacer cosas simples que edifiquen, como jardinería, pintar, cocinar, ver películas, ser mamá y tener amigos.

“Cualquier emprendimiento en tu vida debe tener a Jesús como fundamento, sino estará destinado a fracasar. Encomienda al Señor tus intenciones y él las afirmará”.

Fátima tiene dos hijos: Evangelina, de 12; y Matías, de 9. “Son niños con mucho discernimiento que aman mucho a Dios y al prójimo, ambos quieren ser artistas y se la pasan muchísimo en mi taller”.

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