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Fiasco tropical

En la historia de la  cumbia local, así como en el pop internacional, hubo hechos de suplantación de vocalistas.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 09 de mayo de 2016

La decepción surgió en los 90. Los medios en el mundo informaron que el francés Fab Morvan y el alemán Rob Pilatus no interpretaban las canciones del afamado dueto Milli Vanilli, sino que los productores contrataron a unos vocalistas y un grupo musical para que grabaran los temas, mientras que Fab y Rob se encargarían solo de hacer fonomímica y mostrar sus dotes de danza.

Estos chascos ocurrieron en casi todos los géneros musicales, con alguien que desde la sombra interpreta una canción, mientras que en el escenario otro personaje se muestra como el ídolo a quien siguen las fans. Así como ocurre en géneros como el rock y el pop, igual se manifestó en la música tropical. Y también en Bolivia. Gastón Sosa en América Pop, Juan Carlos Baldivieso en Roka Sólida y Jhonny Orozco en el grupo Néctar, son solo algunos casos de la “suplantación” de cantantes por aquellos que debían fungir esa función para divertimento del público.

Según Justo Fuentes, productor musical, los cantantes y las agrupaciones comenzaron a ser reconocidos y seguidos en los años 70, como por ejemplo Beba Rocha y la Swingbaly. “Ellos empiezan a mostrarse como artistas, la gente empieza a identificar voces, imágenes y, sobre todo, agrupaciones”. Para los 80, en especial a través de la señal de radio Metropolitana de La Paz, ya eran conocidos grupos como Los Flamencos, Los Graduados, California, Ecos y Latinoamérica. En este tiempo aparece el primer fiasco o engaño en el mundo musical, cuando la voz de Rigoberto Zapata —más conocido como “Pitty” Zapata y por canciones como Casita de pobre— se escuchaba en casi todas las producciones de la época. “En ese tiempo, la gente no daba importancia al rostro de los cantantes, sino que quería tener el disco para escuchar la música”, explica Justo. Es por esa razón que la música que se interpretaba en las fiestas no guardaba gran parecido con la que se escuchaba en los vinilos. Eran tiempos en los que las empresas discográficas armaban las bandas sobre la base de un grupo de músicos que grababa para varias agrupaciones, los llamados músicos de sesión a quienes no les interesaba salir en portadas. Para los inicios de la década de los 90 aparecieron conjuntos tropicales que devenían de rockeros. Es el caso de Jorge Eduardo, quien cantaba en Luz de América y que después incursionó en la cumbia con Opus 4.40. También estaban los que llegaron desde la tendencia folklórica, como Juan Carlos Aranda, que cantaba en el grupo Aymara y luego pasó por la Swingbaly y Los Puntos. La etapa prolífica del género tropical se engrosó con agrupaciones y solistas como Conexión y Miguel Orías.

Entre estos nuevos ídolos apareció una banda integrada por jóvenes provenientes de la por entonces lejana ciudad de Viacha. Se trataba de América Pop, dirigida por Bernardo Mamani, quien apeló a su amistad con Gastón Sosa —con quien había formado parte del rockero Confusión B— para grabar un disco.

El vocalista aceptó la invitación, con la condición de que no iba a aparecer ante el público. “Lo que ellos no esperaban era que el tema Sol negro —que originalmente lo interpretó el grupo argentino Montoya— alcanzara esa repercusión entre el público boliviano”, afirma Justo. Ante la negativa de Gastón de aparecer en público, el director de América Pop consiguió un reemplazo que tuviera un timbre parecido. Fue así como contrató a Pablo Velasco, un DJ y locutor de Stereo 97, que “tenía buena voz, aunque no llegaba al timbre de Gastón, que pocos lo tienen”. Para entonces ya existía Radio Televisión Popular (RTP), que además de La tribuna libre del pueblo tenía otro programa estrella, Sábados populares, en el que se presentaban los mejores grupos nacionales y se proyectaban los conjuntos nuevos. Como los comentarios sobre el cantante verdadero y el “impostor” aumentaban, América Pop decidió que iba a presentar a dos vocalistas: Pablo y Gastón. “Seguramente Gastón se sintió humillado, porque es una humillación que otro doble tu voz”, comenta Adolfo Paco, conductor del espacio televisivo, quien agrega que el “suplantador” debió culminar su carrera debido a esta revelación.

Otro hecho que conmocionó la movida tropical en los 90 ocurrió con Roka Sólida. Carlos Baldivieso había cantado en agrupaciones pequeñas, como Canela y Los Graduados, hasta que un tiempo después decidió abrir su propia empresa fonográfica: Santa Fe Records. Luego de consolidar su empresa y promocionar a varios artistas, sintió que era tiempo de tener su disco con su propio grupo: Carlos y la Jem Band. Empero, había prestado su voz para otros grupos, entre ellos Roka Sólida, que alcanzó popularidad por Obsesión y Dos cosas.

En poco tiempo, el público se dio cuenta de que los vocalistas de la Jem Band y Roka Sólida tenían la misma voz, así es que llegó el momento de desvelar la verdad. Fue en Sábados populares cuando se presentó a Carlos como el “verdadero” cantante. “Era una especie de suplantación de identidad en el escenario”, concluye Justo.

El éxito del grupo peruano Néctar llegó gracias a un fracaso. Los músicos de Lima habían probado suerte en Buenos Aires (Argentina), pero no les fue bien, así es que el vocalista Jhonny Orozco retornó a la capital peruana, mientras que Ricardo Hinostroza, Papita —el otro líder del grupo—, probó suerte en Bolivia. Canciones como El baile de la cumbia, Suéltame y Mi primer amor se apoderaron de las radios. Esta notoriedad puso en aprietos a los peruanos, así es que mostraron al argentino Libio Damián como si fuera el verdadero vocalista. “Nosotros como empresa cometimos el error de no presentar a la voz oficial”, admite Justo, quien trabajaba en Santa Fe Records, que promocionaba a este grupo en todo el territorio nacional.

“Es un tema muy doloroso para mí, porque llega un cantante que se consolidaba como la imagen de Néctar, pero sucede que la grabación la hicieron Papita y Jhonny Orozco, que se sintió afectado y vino a Bolivia a decir que era fundador del grupo”, cuenta Adolfo. La revelación ocurrió durante la presentación de Sábados populares en Oruro, cuando anunciaron a los dos cantantes. “Fue complicado, porque estaba de por medio nuestra imagen, porque estábamos estafando al público”.

Además de las notas y el significado de las letras de canciones existen otras historias más profundas, ligadas con la apariencia del ídolo y con la voz, ambos elementos que pueden inclinar la balanza para obtener el éxito. Aunque muchas veces no interesa que haya fiascos, porque lo importante es contar historias de canciones.

Menudo espectáculo

Era uno de los espectáculos más esperados en La Paz. Transcurrían los primeros años de la década de los 80 y el afamado grupo Menudo había incluido al país en su gira por Latinoamérica. Desde muy temprano, las filas para acomodarse en las graderías ya rodeaban el estadio Hernando Siles, de Miraflores, con el fin de ver a cinco adolescentes puertorriqueños que sobresalían por sus canciones y sus pasos de baile peculiares. Aquella tarde de jueves, el estadio se llenó de público, con el escenario en medio de la cancha, de frente al sector de preferencia.

Cuando los integrantes de la agrupación iniciaron su presentación, los gritos y los aplausos estallaron y no paraban. Por fin había llegado el momento por el que los fans esperaron tanto. Los pasos eran idénticos a los que aparecían en los videos y las voces eran perfectas... demasiado perfectas. Para empezar, encima de la tarima no había ningún parlante que sirviera de retorno para los artistas y tampoco había una banda que acompañara a los cinco artistas. Nadie reclamó en ese momento, pero después surgieron las voces de protesta. En otros países incluso se habló de estafa. Pero a las entonces niñas y adolescentes bolivianas poco les importaba, porque por fin habían visto a Menudo.

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