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Florencio Sierra

El amor por la enseñanza lo aprendió de sus maestros de colegio, especialmente del reconocido Jaime Escalante, aquella eminencia que le transmitió la pasión por la educación de los jóvenes. Profesor de Química.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 04 de enero de 2015

Fue alumno de Jaime Escalante, reconocido profesor boliviano de Matemáticas que triunfó en Estados Unidos.  Fue por él y otros profesores de sus días de escuela que Florencio Sierra, hoy de 70 años, se enamoró de la profesión y optó por seguir el mismo camino. “El campo de la enseñanza me gustaba desde que era pequeño y la Química porque tenía excelentes profesores en el colegio”, dice.

Su aptitud por esta disciplina y también el hecho de que en ese tiempo había bastante trabajo para  la profesión, lo llevaron a Argentina a estudiar Química Industrial tras recibirse de bachiller. Sin embargo, tuvo que volver intempestivamente a Bolivia después de haber estudiado esa carrera por tres años. Intentó convalidar materias en la Escuela Industrial Superior Pedro Domingo Murillo, pero le dijeron que tenía que empezar desde el primer curso. Es así que, para no perjudicarse, y como la materia le gustaba, ingresó a la Normal. Luego de concluir su carrera como profesor, se mudó a Rurrenabaque, en Beni, para hacer su año de provincia. “Eran dos años, pero al final terminé quedándome cuatro porque en ese tiempo no había muchos profesores y los pocos profesionales no querían ir allá, pues era lejos. Se tardaba casi una semana en llegar”, recuerda.

En tierras orientales se enamoró, se casó y tuvo dos hijos, un varón y una mujer, quienes ya lo hicieron abuelo de tres nietos. Luego volvió a La Paz a continuar con su profesión. Así, a lo largo de 38 años, trabajó en siete colegios y dio clases particulares todos los fines de semana y feriados hasta que se jubiló hace dos años. También formó parte del Centro de Promoción e Investigación Científica y Tecnológica (Ceproin), en el que un grupo de profesores trabajaba ad honórem organizando ferias en los colegios en el ámbito departamental, nacional e incluso internacional.

El profesor Sierra fue más conocido como Atomito —un apodo que le pusieron cuando ejerció la docencia en el colegio Don Bosco— en todos los establecimientos educativos en los que trabajó. Señala que los chanchullos evolucionaron mucho, ya que pasaron del trozo de papel al celular.

“En cierta ocasión, en un examen todos miraban el pizarrón, y es que las respuestas estaban escritas ahí y yo no me daba cuenta”, dice riendo.

En la actualidad tiene una tienda de barrio y sigue dando clases particulares a los hijos de sus queridos y recordados exalumnos.

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