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Francisca Quisbert

Trabajo de 08.00 a 17.00, de lunes a viernes, menos los sábados, que estoy hasta las 20.00 o 21.00. Domingos y feriados, hasta poco después del mediodía. El 4 de octubre vamos a la fiesta de los carniceros’.

Francisca Quisbert

Francisca Quisbert

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 20 de octubre de 2013

La venta de carne es su vida: aprendió de sus padres, se casó con un compañero del gremio que conoció en una fiesta de matarifes y hoy es la máxima autoridad del mercado Rodríguez. Maestra mayorBifes y tiras cuelgan de ganchos como garfios en las tiendas, atendidas en su mayoría por mujeres. Es viernes por la mañana y apenas hay clientes; las señoras arreglan sus puestos con parsimonia o miran el ambiente con semblante aburrido. “¿Dónde puedo encontrar a la maestra mayor?”, le pregunto a una vendedora con bastantes años encima cuyo comercio es una pequeña mesa repleta de chorizos. “Más adentro”. Así que a seguir recorriendo el laberinto del mercado Rodríguez.

Tras preguntar tres veces, llego al puesto número 44, junto a la puerta de acceso a la calle que da nombre al recinto. Dos letreros indican que también hay servicio de llamadas y, bajo ellos, está un teléfono rojo y algo viejo, que suena de repente. La casera, que viste delantal y gorro blancos, contesta en aymara. “¿Es usted la maestra mayor?” Mira con curiosidad, y responde afirmativamente. Al entreabrir la boca le asoma un diente de oro.

Cuando ha despachado a los clientes, cuenta que su función, desde que asumió el cargo en enero (y que dejará a principios de 2014), ha sido básicamente la de “atender los problemas”, que no son pocos, pues medio gremio está de acuerdo con el proyecto municipal de remodelar el edificio y, la otra mitad, no quiere saber del tema. “Por mí... Yo quisiera”.

Toda la vida, sus parientes han tenido su carnicería en el mercado Uruguay, más arriba. Pero un 4 de octubre, en los 70, durante la fiesta de los carniceros que éstos celebran bailando kullawada antigua en la iglesia de San Francisco, conoció a Arturo Contreras, otro carnicero. “Me casé y vine” al Rodríguez, cuenta la paceña, con medio siglo de vida. Y ahí lleva 35 años vendiendo junto a Arturo, quien con largos cuchillos despedaza grandes trozos de res. Tres décadas y media de trabajo de lunes a domingo. “Como somos informales, no tenemos ni vacaciones”, comenta el marido. La pareja ha tenido tres hijos varones, de los que sólo uno ha continuado con la tradición familiar.

Un hombre pide limosna y, aunque al principio le dice que no, Francisca termina dándole unas monedas. Luego viene otro, con el que tiene que aclarar cuentas. Y después, se acercan nuevos clientes. La maestra mayor retoma su actividad principal: vender carne siete días a la semana.

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