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Franco Chávez

Todos sus sueños vinculados al arte se le cumplieron. Esto empezó cuando fabricó una pieza para la reina Sofía de España en ocasión de su visita a suelo boliviano. Artista en constante (r)evolución.

La Razón (Edición Impresa) / mitsuko shimose

00:00 / 12 de julio de 2015

Un pedazo de madera de construcción que estaba botado en un rincón del Museo Tambo Quirquincho iba a ser la materia prima del regalo que iría a manufacturar para la reina Sofía de España, quien llegaba para ver el funcionamiento en Bolivia de los programas de apoyo tanto de su embajada como de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Cuando Franco Chávez, de 27 años —estudiante becado en ese tiempo de la Escuela Taller, donde aprendía Restauración y Conservación, además de otras ramas artísticas— lo vio, ya tuvo una idea de qué iba a hacer con el obsequio Real. Lo tomó entonces y lo llevó a su casa donde le dio forma toda la noche, entre tallado y lijado, y gran parte de la mañana lo pintó y lo barnizó. El resultado: la escultura de un campesino con llucho y poncho. Este regalo fue el que más le llamó la atención a su majestad, por lo que las preguntas no se dejaron esperar: “¿por qué el gorrito?”, “¿por qué el ponchito?”, le interrogó ella, a lo que Franco respondió: “Porque era la vestimenta tradicional que  usaban los habitantes del altiplano por el amenazante frío y paisaje inhóspito”.

Pero más allá del show mediático con semejante personalidad, lo más significativo para Franco fue el haber conocido su propia capacidad para trabajar en unas cuantas horas lo que normalmente tomaría más de un par de días.

Esta fue una señal para mostrarle que el camino del arte por el que había optado desde muy pequeño era el correcto. Desde que tenía cuatro años le gustaba dibujar y a sus nueve ya iba a los museos no solo a ver las exposiciones, sino también a soñar con que un día él tendría la suya propia. Y se le cumplió. Premonitoriamente a sus 12 vio a un artista que pintaba en la feria de El Prado, lo había observado pensando en que también podría hacerlo. Cuando cumplió 14 tuvo que trabajar por necesidad y se le abrió la posibilidad de hacerlo en un taller artesanal con Juan Carlos Mejía, quien terminó siendo su maestro y mentor en el arte.

Estuvo diez años allí y luego se independizó. Una vez que terminó la Escuela Taller, se le dio la oportunidad de trabajar en la Alcaldía y en la Oficialía Mayor de Culturas, donde actualmente es el encargado de lo que es Arte Popular y Arte Plástico en la Dirección de Promoción Cultural, además de la unidad de Folklore y Arte Popular de la Secretaría Municipal de Cultura.

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