Escape

Frank Arbelo

La migración inspira al ilustrador que un día dejó su cuba natal

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 18 de marzo de 2012

Cómo saliste de Cuba? “En balsa, no”. ¿Qué va a pasar cuando caiga Fidel? No tengo la menor idea, no sé. ¿Sabes bailar salsa? No.

Ésas son las tres preguntas que una y otra vez escucha Frank Arbelo, cubano radicado en La Paz desde 1997, y que responde de forma negativa. Su “ no” a la salsa es lo único que despierta cierto recelo, dice bromeando, pues por lo demás se ha sentido siempre muy bien acogido por los bolivianos que le han hecho uno más entre los ilustradores, diseñadores e historietistas del país.

Nacido en la parte oriental de Cuba, se crió desde muy pequeño en La Habana. A sus 18 años, “no quería saber nada de universidades, salí a la calle a ganarme la vida” y así se vio trabajando como dibujante técnico en un departamento de Diseño Gráfico. Al ver su talento, los compañeros le animaron a que estudiase, así que lo hizo en talleres nocturnos. “Me encantó todo aquello” y lo próximo fue estudiar Pintura y Dibujo en la Academia de San Alejandro.

El trabajo le llevó a conocer a su paisano Alejandro Azcuy, quien luego de un tiempo migró a Bolivia. Este contacto trajo a Arbelo al país a sus 32 años. “Vine con la idea de quedarme un año o dos, pero he hecho una vida aquí”. Una vida que incluye el desarrollo de su profesión y su matrimonio con la paceña Laura Salazar, con quien tiene dos hijos: Santiago, de cuatro años, y Manuela de dos.

El lugar de creación de Frank Arbelo está en el piso alto de la casa que la familia tiene en Bolognia (zona Sur de La Paz). Que es padre de dos pequeños se nota desde la entrada: los juguetes son parte del paisaje y llegan hasta el propio taller del ilustrador. Por la mañana, los chicos están en la guardería, pero por la tarde llenan la casa. Para crear con relativa tranquilidad, Arbelo y su esposa —que tiene un empleo en el centro de la ciudad— han habilitado un espacio infantil frente a donde se hallan las mesas de dibujo y la computadora del artista; inclusive hay una enorme pizarra que ocupa todo un muro, pero “igualmente rayan las paredes”, comenta el padre entre resignado y orgulloso de la vivacidad de sus retoños.

Arbelo ha trabajado en empresas de diseño y de publicidad. La historieta era apenas una afición de lector. “Alguna vez, en Cuba intenté hacer algo, pero no funcionó; ha sido en La Paz que me metí por curiosidad y me encantó. Soy, se puede decir, un historietista totalmente boliviano”.

¿Qué tuvo que pasar para ese descubrimiento, en un medio que, por lo demás, hace unos diez años no era precisamente un gran consumidor y menos creador de historietas?  

“Se juntaron varias cosas”, enumera Frank Arbelo. Primero, la aparición del suplemento Bang! (2000-2001) en el periódico Presencia, dirigido por Susana Villegas, “que fue la primera ventana donde se vio a gente que estaba haciendo historieta; fue el punto fundacional y en eso creo que coincidimos muchos”.

Luego, Francisco Leñero abrió el Cómic Shop, una tienda especializada en cómic. Al poco tiempo llegó de Francia la pareja de Rafael y Marina Barban, que impulsaron la creación del Festival Internacional de Historieta —que este año cumple dos lustros— y el Centro Simón I. Patiño decidió abrir el lugar de lectura y biblioteca especializada en cómic, el C+C Espacio. En medio, en la empresa Eureka, de Molina y Asociados, donde el diseñador trabajaba, surgió la posibilidad de editar una revista de historietas y Arbelo asumió la dirección. Así nació Crash!, que permitió a bolivianos —Arbelo entre ellos— publicar obras y difundir las de autores de dimensión internacional. “La coincidencia de tantas cosas fue como el caldo de cultivo para los historietistas en Bolivia. Cada año aparece nueva gente que, con más       o menos suerte, cultiva el género y no deja que la actividad decaiga”.

El alma de migrante

Arbelo es un apellido de las Islas Canarias, reflexiona el ilustrador. “Mi bisabuelo era hijo de un canario y mi abuelo, del que llevo el apellido Figueredo, era gallego. El primero se casó con una mulata cubana; soy fruto de la mezcla”.

A esos antecedentes deberán sumar los hijos de Frank Arbelo el hecho de tener un padre cubano y una madre paceña. Y no cualquier paceña, pues Laura es hija de Carlos Salazar Mostajo. El suegro ya fallecido del artista fue el pintor autodidacta, escritor y profesor que vino al mundo en Italaque, provincia Camacho de La Paz, y que es considerado el ideólogo de la Escuela-Ayllu de Warisata. “Lo conocí y tuve la suerte de aprender de él, de las charlas que solíamos sostener”, recuerda quien afirma que, si bien tiene más años de vida en Cuba, “mi experiencia más fuerte está en Bolivia”.

De todas maneras, él asume su realidad de migrante. “Así es y nunca, por más que quieras, vas a olvidar que hay una vida que quedó atrás, una familia…”. Lo que no significa “que yo sea como otros que he visto y que viven añorando, que cada día que pasan en el otro país es una tortura; cuando decidí venir me dije que tenía que adaptarme y eso hice. Trato de vivir la vida actual; pero sin sepultar los recuerdos que, de hecho, busco en mi trabajo; los guardo para ver si cobran vida en la historieta o la ilustración. No me desligo, pero no vivo en la nostalgia constante”.  Además, “si hoy me fuera a vivir a otro lado, extrañaría La Paz, tan parte mía se ha vuelto”.

“Vivo del diseño” gráfico, explica Arbelo, que hace algún tiempo optó por ser un profesional independiente. “La dificultad de no estar en una empresa es que la situación es un poco inestable, pero a cambio tienes la libertad y la posibilidad de hacer un montón de cosas que una oficina te dificulta”. Aquí —en el altillo lleno de sol, rodeado de libros y revistas de arte y diseño y decenas de discos compacto musicales— , el artista da rienda suelta a su creatividad.

La historieta ha comenzado asimismo a generarle ingresos. Hace dos años que sus trabajos aparecen en la revista argentina Fierro; “no puedo vivir de esto, pero ya es una entrada”.

¿Qué tipo de historietista es Arbelo? Pues de los que se siente bien tanto si adapta un texto literario —”hago mi propia versión”—, si él mismo escribe un guion o si ilustra el de alguien más.  “Me parecen interesantes todas las formas”. Prefiere, eso sí, hacer historias breves, autoconclusivas en lo posible, pues “si son demasiado largas, veo que se me diluyen”.

No ha creado un personaje. Dibuja muchos, según la historia, y luego los deja. La excepción es Yenifer, la prostituta que nació de la mano de Cachi Kieffer (guion) y Arbelo (dibujo), y cuyas aventuras salieron en Crash! “Publicamos dos, pero creo que lo hicimos cuando no estábamos lo suficientemente maduros para ello; ahora veo el resultado y hay cosas que no me gustan. Tengo ganas de volver a trabajar incluso esas páginas”. Yenifer, en todo caso, “no está muerta, está dormida solamente”.

Si de despertar se trata, también existe la idea de revivir Crash! (que llegó a publicarse en 14 números) o hacer algo parecido, “a ver cuándo se puede”.

Como editor, ha ayudado a impulsar la publicación de Fiesta pagana, un libro de historietas que ha merecido muy buena acogida, incluido un premio internacional en Brasil y que nació como una exposición colectiva curada por Avril Filomeno. En esta obra, Arbelo pintó la historia de migrantes bolivianos en Suecia, que hallan en la fiesta, en la morenada, el añorado sentirse como en casa.

En la misma línea de ese libro, está casi lista una segunda entrega dedicada toda ella a la migración. Como en el primer trabajo, participan Susana Villegas, Alejandro Archondo, Alejandro Salazar, Joaquín Cuevas, entre otros ya destacados historietistas, además del propio Arbelo.

En el festival y en Escape

El Festival Internacional de Historieta se va a realizar en dos etapas este año de aniversario: mayo y posiblemente septiembre. Arbelo, “como siempre”, participará del encuentro, que halla muy importante. Y tiene que serlo, pues es en ese espacio donde muchos bolivianos han hecho contactos con gente de fuera, que luego les ha ido abriendo puertas. Es el caso de Frank en la revista Fierro.

“Lo maravilloso del festival ha sido, entre otros aspectos, la posibilidad de contar con invitados de lujo. Carlos Giménez, José Muñoz, Javier Olivares, Carlos Nine, Lorenzo Mattotti… Increíble. Hubo extranjeros que pasaron por aquí y que me preguntaban cómo hacíamos para tener a gente de tal nivel, que no se ve en otros eventos del género, salvo, claro, en Anguleme, Francia”, comparte Arbelo su admiración y satisfacción.

Y en este punto hay que preguntarle por lo que es la historieta para quien dice que aún está en proceso de aprender. “Un medio de comunicación y de expresión artística que toma elementos del teatro, el cine, la literatura, las artes plásticas”. Pero por sobre todo, “es un fin en sí mismo, no tiene un carácter utilitario; leer una obra gráfica es como asistir a un concierto de música clásica o de rock o ver una obra de arte: si te conmueve y te transmite emoción, es buena y nada más importa”.

Frank Arbelo publicará en Escape, desde el 25 de marzo y en ocho entregas, la historieta El ganador, que salió originalmente en la revista  Fierro. Se trata de un trabajo basado en un cuento brevísimo del argentino Enrique Anderson Imbert (1910-2000). Está trabajado en dos colores únicamente y promete mantener en suspenso a los lectores.

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