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Grandes obras de autos pequeños

Miembros del Diecast Club La Paz —un grupo de coleccionistas de autos a escala— muestran sus obras de arte y cuentan anécdotas sobre su pasión.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 09 de enero de 2019

A l tener en sus manos un vehículo a escala similar del que estaba conduciendo en la competencia, el piloto de rally Nasser Al-Attiyah se sintió sorprendido. El catarí se encontraba en el  campamento que la organización del Dakar había instalado el año pasado en Irpavi (en la zona Sur paceña), cuando, de repente, Rodrigo Zenteno, miembro del Diecast Club La Paz, se le acercó con el coche pequeño, que ahora está autografiado y forma parte de sus tesoros.

En Facebook, miembros de Diecast Club La Paz se afanan en mostrar sus mejores modelos de vehículos. Los presentan con dioramas que tienen de fondo imágenes de la sede de gobierno, a través de videos que emulan el coche original o con historias de cómo iniciaron su colección.

“El coleccionismo es como un vicio, comienzas con uno, continúas con otro y nunca acabas”, explica Rodrigo, un diseñador gráfico aficionado a reunir vehículos en miniatura. En el último piso de su casa en Bajo Auquisamaña apenas se percibe la pared blanca de la habitación de cuatro por cuatro, pues miles de coches pequeños guardados en su empaque lo cubren casi todo.

Lo mismo ocurre con el médico José Antonio Barrientos, quien también tiene una amplia colección de autitos. Su afición se inició en la Alasita de 2014, cuando le llamó la atención un Ford Mustang negro de industria estadounidense. “En ese tiempo no tenía ni idea de las marcas, lo único que sabía es que era un auto deportivo”. A pesar del precio relativamente alto, lo adquirió para que adornara su sala, pero también le gustaban otros, así es que dos días después retornó y los compró. Ahora, desconoce la cantidad que tiene. Calcula que son más de 3.000, varios en sus vitrinas y otros más guardados en cajas.

“Es mi cable a tierra, es algo a lo que no solo le dedico tiempo, sino también pasión”. Ese entusiasmo lo llevó a hacer modificaciones a sus autos, como un Toyota Land Cruiser FJ-45, que armó a partir de dos coches para transformarlo en una camioneta antigua y embarrada que lleva carga a un mercado. Los detalles son importantes para él, por ello consiguió los elementos que dan realismo a la escena, como turriles, un puesto de venta de verduras y una imagen de la urbe, con el Illimani de fondo.

Su objetivo es armar los coches lo más reales posibles, así es que aprendió a usar las pinturas para dar el tono de metal desgastado, llantas embarradas o ventanas empolvadas, como camiones soviéticos o el micro que compró de una colección que lanzó La Razón y que lo modificó para que sea uno de la línea X, con anuncios de Max Paredes y el Cementerio General y una imagen de Rambo en la parte trasera, todo ello en un Ford de la década de los 60 que entra en la palma de la mano. Su más reciente obra es una camioneta Toyota con cabina simple, a la que aumentó la motocicleta en miniatura del corredor boliviano Daniel Nosiglia, que tiene todos los detalles del original, desde las marcas de sus auspiciadores, hasta la bandera boliviana en la parte delantera. “No he tenido la oportunidad de mostrárselo, pero ojalá algún día nos encontremos”.

Quien tuvo la alegría de conocer a sus ídolos del Dakar es Rodrigo, quien consiguió ocho coches en miniatura de la competencia internacional para hacerlos autografiar. Lo atribuye a la suerte, aunque la perseverancia influyó para que lograra su objetivo. Guardó en una mochila sus vehículos y, sin saber lo que le esperaba, fue hasta el vivac de Irpavi, donde descansaban los pilotos. La seguridad era intensa, así es que, en un principio, no le dejaron ingresar. “No estaban visibles, porque seguramente se encontraban en sus campamentos”. Cuando estaba a punto de darse por vencido, encontró a Nasser Al-Attiyah. “Cuando vi al príncipe catarí salté la barda y no me importó nada”. Le fue muy bien, porque le dejaron acercarse, se sacó una fotografía y le pidió que autografiara el Toyota Hilux V8 de escala 1:43. Al ver que tenía en las manos un coche similar al que estaba corriendo, el corredor se mostró sorprendido.

La fortuna estaba del lado de Rodrigo, ya que, minutos después, el vehículo de Cyrill Després quedó varado en el barro, así es que corrió para lograr su rúbrica. Lo mismo pasó con Stephen Peterhanssel y su héroe de siempre, Carlos Sainz. “He tenido la suerte de que he podido conocerlos, de que firmaran mis autos y de que me sacara fotos con ellos”.

“Para mí es una distracción, un desestrés total. Como los pintores o escultores, quedo satisfecho cuando termino las obras”. Puede ser el micro verde de la línea X, un bus PumaKatari, un minibús que hace su servicio a la zona Sur, un Papamóvil o autos que representan a los principales clubes del fútbol boliviano. Todo ello forma parte de estos amantes de autos en miniatura.

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