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Gustillo español

La Casa de España reabre con la idea de convertirse en espacio de encuentro de todo el que quiera acercarse a la cultura hispánica.

La Razón (Edición Impresa) / Isabel Gracia

00:00 / 14 de septiembre de 2014

La frase ha llegado en repetidas ocasiones a oídos de Daniel García, el actual gerente de la Casa de España: “Llevo un año aquí y todavía no conozco a ningún

español. No queremos que eso siga pasando, sino que los españoles, y no solo ellos, encuentren aquí un lugar de referencia donde encontrarse y compartir tiempo de ocio,  a nivel gastronómico, social y cultural”.

Con esa filosofía y con el objetivo de convertirse en un espacio de fusión entre lo boliviano y lo hispánico, el pasado 15 de agosto, en honor a las fiestas patrias, se ha reabierto la Casa de España en La Paz.

Los dos salones que componen la residencia  árabe y navegantes, fueron testigos de la curiosidad de españoles y bolivianos que abarrotaron los espacios y degustaron tapas, embutidos y la típica sangría.

Los encargados de ponerle sonido español fueron el grupo Manfariel Gitano, una fusión de artistas bolivianos, franceses y argentinos con raíces españolas, que aman el flamenco y lograron instaurar un gusto singular en el país por este arte. “Mi abuelo era español, el cantautor cordobés Cristian del Río. Yo me he nutrido de mi abuelo y de mi papá, siempre he visto el flamenco en casa”, explica Cristian del Río, cantante, guitarrista y compositor de la agrupación. En sus creaciones tienen muy presentes a los grandes del arte ibérico. Paco de Lucía, Vicente Amigo, Tomatito, Camarón de la Isla, José Mercé o El Cigala son influencias directas de Manfariel, sonidos que se dejan sentir en sus composiciones.

La carta de fundación de este recinto preside una de las paredes del salón árabe. Desde su apertura en 1935, la edificación siempre ha albergado a la Casa de España aunque durante un tiempo la ocupó el Banco de Madrid. Las leyendas cuentan que originariamente existió un cementerio o que quizá fue un lugar estratégico de reyertas y revueltas en tiempos de la colonia. El caso es que los famosos fantasmas de la Casa de España conviven a diario con trabajadores y clientes. “Mientras montábamos todo el local, hubieron personas que me han dicho que han visto y oído cosas. Es cierto que ya no hemos sentido nada, parece que nos han aceptado”, comenta Daniel.

Las molduras del salón árabe transportan al visitante a la Mezquita de Córdoba o a la Alhambra de Granada, ambiente sonorizado por la música de sevillanas de fondo. Gladys de Martínez, boliviana de nacimiento, pero española de corazón recuerda con nostalgia las fiestas que se hacían en los años 30 y 40 en aquel lugar. “Mi marido que era español siempre me decía: Me voy a mi casa. Y se venía aquí a estar con los amigos, a jugar a las cartas, veníamos a muchos eventos, cada día era una buena ocasión para organizar algo entre compatriotas. Me encanta la iniciativa de reabrirlo y hacer fiestas como antes”.

El objetivo de la nueva gerencia, recuperada en manos españolas tras muchos años de concesión a gerentes bolivianos, es precisamente recobrar y no perder el espíritu inicial. “Al final siempre llega un punto en que vuelves a necesitar lo de casa, un lugar donde te puedas sentir en familia y que sea punto de referencia para los españoles que llegan a Bolivia”, explica Cristina Casado, relacionista pública del agradable espacio.

Una de las premisas de la Casa de España es ofrecer gastronomía de calidad recién traída de la península. El responsable de que lleguen vinos como La Xarmada, una gama de licores o el aceite de oliva Cambrills, premiado como el mejor de España en 2013, es Joaquín Pascual, un catalán que arribó a La Paz tras su jubilación y que ahora se dedica al negocio de la importación de productos. “Bolivia es un país complicado a nivel administrativo y no es fácil importar algunos alimentos. Por ejemplo, el jamón no se puede traer con hueso, hay que deshuesarlo previamente”.

Entrar a la cocina de la Casa de España es sumergirse en un torbellino de aromas que recuerdan a las típicas casas de los pueblos españoles. María Cristina Moral es gallega y la encargada de ofrecer la que ya califican como “la mejor paella de la ciudad”. Todos los miércoles y viernes, desde primera hora de la mañana, dora con paciencia los pedazos de pollo, chancho y verduras, que junto con el arroz y un sofrito de ajo, cebolla, pimiento verde y vainitas componen la famosa paella campesina. “En La Paz, la cocina se nos hace muy complicada por la altura y los tiempos de cocción, y porque muchas veces no encontramos los productos exactos que utilizamos en España para hacer la paella”. No desvela su secreto, pero lo cierto es que los días que el menú ofrece este plato, las raciones se acaban en la primera hora de almuerzo. Cuando se le pregunta dónde aprendió a cocinar responde lo que hace la mayoría de las grandes cocineras: “la vida”.

A los fogones le acompaña el chef Marcos Guzmán, boliviano formado en México y España y discípulo de Cordon Bleu, la escuela de Gastronomía Francesa más popular del mundo. “Mi tío se formó en esa escuela. De él aprendí el gusto por la cocina española. La paella es mi plato preferido, ver cómo se van fundiendo y conviven todos los elementos y sabores es fabuloso”, expresa el experto. La idea de la nueva gerencia de la casa es ofrecer comida de calidad a un precio asequible. El menú ejecutivo de mediodía permite degustar por 30 bolivianos platos que van desde la paella campesina, hasta una sopa de cebolla francesa, ñoquis a la boloñesa con chorizo español, sopa de maní o trucha con salsa ali oli. “Queremos ofrecer comida internacional con sello español y fusionarla con elementos bolivianos”, añade el chef.

La oferta gastronómica se completa con platos a la carta, donde se pueden encontrar variedad de “tapeos” como tortilla de patata, tabla de embutidos ibéricos, gambas a la gabardina o croquetas de jamón, langostinos o pollo. “También abrimos los domingos y ofrecemos almuerzo familiar con los platos especiales, más elaborados, como el cocido, la fabada o callos a la madrileña”, puntualiza Cristina. “Además de la gastronomía queremos que en el espacio se pueda difundir la cultura española”, expresa Daniel García. Zarzuela, ópera, teatro, flamenco, baile y música componen la agenda cultural de la Casa, que se complementará con veladas de juegos de cartas y la celebración de fiestas nacionales y regionales típicas. “Uno de los retos es atraer a más gente joven, que muchas veces no se siente especialmente identificada con lugares así”, agrega el gerente.

“Antes no se podía viajar a España todos los años como queremos los jóvenes, cuenta Carlos Valladares, madrileño residente en La Paz. Era necesario

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