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Harvey Firestone: ‘Ningún hombre es importante en sí mismo, salvo en la medida en que sea capaz de influir en los demás’

Firestone nació en una granja familiar, en un pueblo de Columbia  (EEUU). Comenzó vendiendo llantas hasta fundar su propia fábrica.

Harvey Samuel Firestone fue el fundador de la Firestone Tire and Rubber Company. Foto: www.propublica.org

Harvey Samuel Firestone fue el fundador de la Firestone Tire and Rubber Company. Foto: www.propublica.org

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 08 de febrero de 2016

Harvey Firestone (1868-1938) fue un verdadero visionario del mundo de los negocios y de las relaciones humanas en las organiza­ciones. Nacido en una pequeña granja familiar, en Ohio, logró inspi­rar la sociedad y revolucionar por completo el sistema de transporte.

Empezó su carrera en la empresa de carruajes de su tío, en De­troit; luego, en Chicago, creó un negocio de venta al por menor de neumáticos, porque consideraba que las ruedas de madera eran de­masiado incómodas. Finalmente, en Akron, la meca del neumático en Estados Unidos, fundó la Firestone Tire & Rubber Company, en 1900. Al inicio, su negocio tenía por base la venta de neumáticos de otras marcas, pero en apenas dos años empezó a producir su pro­pia patente, compró una pequeña fábrica y comenzó la producción. Harvey Firestone, el hombre obsesionado por el perfeccionismo y la construcción, asoció el uso de neumáticos a vehículos motorizados y preparó los neumáticos para el famoso modelo T de Ford. Nació entonces una importante alianza: Firestone-Ford.

El éxito de su labor era tan grande que en apenas 10 años fabricó 2,4 millones de neumáticos desmontables. La clave estaba en que no paró de innovar y mejorar sus productos: inventó los neumáticos antiderrapantes, equipó las máquinas agrícolas y deportivas, creó las ruedas de gran tamaño para máquinas mineras y de obras públicas. En 1926, cuando fue realizada esta entrevista, publicada origi­nalmente en la revista Forbes, Firestone estaba en pleno proceso de expansión y alquiló más de 400.000 hectáreas de tierra en Liberia para producir caucho.

El señor Firestone observó el avance de la industria del automóvil con el mayor interés y con esa rara visión que ha caracterizado sus dife­rentes emprendimientos. Probablemente fue el primero en ver que el delicado mecanismo del coche exigiría un neumático que reduciría los golpes y sacudidas al mínimo, y concibió la idea de diseñar algún tipo o forma de neumático que satisficiera esa necesidad. Mientras algunos de sus amigos se rieron de sus experimentos, él no desistió.

(*) Más información en la edición impresa de La Razón.

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