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Historia en pedazos: La iglesia de Salinas de Yocalla

Una joya del barroco mestizo y vestigio de que Potosí es la cuna del charango se está cayendo poco a poco.

La Razón Digital / Gemma Candela

00:00 / 17 de agosto de 2014

Sobre los restos de las cúpulas caídas y en los nichos, en los que antes había figuras religiosas, hay evidencias suficientes para asegurar que los únicos que usan el edificio son los pájaros. En algunos arcos y paredes todavía se ven pinturas al fresco, que en algunos puntos han sido cubiertas, parece que con cal o estuco.

Incluso, alguien ha querido aportar su arte al templo y ha dibujado, junto a la entrada de lo que parece el antiguo baptisterio, una silueta humana con cabeza del E.T. creado por Spielberg y brazos enormes en actitud de predicador.

La iglesia de San Salvador de Salinas de Yocalla está en el municipio potosino de Yocalla. Forma parte de la antigua hacienda colonial que se erigió en el lugar para explotar una mina de sal. Como cualquier casona de campo que se preciara, debía tener su propio oratorio pero, en vez de una sencilla capilla, los agustinos levantaron, entre 1743 y 1747, este gran templo.

Es “uno de los ejemplos más importantes de la cúspide del barroco mestizo de la región altiplánica, debido principalmente a la portada de piedra tallada, gemela a la portada de San Lorenzo” de Potosí, dice el Estudio de consultoría elaboración plan de manejo Salinas de Yocalla, elaborado por el Programa de Patrimonio Cultural de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

De entre todos los elementos que componen la fachada principal, la Sociedad Boliviana del Charango (SBC) resalta dos figuras: un par de sirenas ambidiestras que están tocando el instrumento de cuerda característico de Potosí. “Esta joya arquitectónica”, dice por correo electrónico una de las fundadoras de la SBC, María Antonieta Arauco, “nos  permitió declarar a Potosí como cuna del charango”. San Lorenzo, el templo de la Merced así como otras iglesias de Perú tienen estas figuras talladas en sus portadas. Pero la de Salinas está en “riesgo de colapso”, afirma la responsable del Programa de Patrimonio de la AECID, Consuelo Tomé: de las cuatro cúpulas que tiene la nave principal, dos ya se han caído. Las otras dos están rajadas y, una vez adentro, da miedo toser por si el sonido provoca el derrumbe.

La comunidad está a 68 kilómetros de Potosí, en dirección a Oruro. El camino que lleva al templo está más allá de la capital municipal, junto a dos casas en el margen izquierdo de la carretera. Un cartel que no se ve si uno va en auto porque no está encarado ni hacia el sentido de ida ni hacia el de vuelta de los autos, sino hacia el otro arcén, “indica” por dónde seguir para llegar al pueblo, o lo que queda de él. La vía de tierra, abierta a través de un terreno seco con arbustos, va en constante bajada hacia el fondo de un barranco. Después de unas cuantas curvas aparece allá abajo, entre cerros rojizos y restos de casas, una mole junto al río Pilcomayo. Impresiona ver, en medio de una aparente nada, una iglesia tan grande. También la población fue de tamaño considerable: detrás del templo se extiende lo que fue la hacienda, hecha de adobes, del mismo material de las casas ruinosas que se mantienen en pie sobre una loma roja, en la otra orilla, enfrente de la iglesia.

Aquí se fabricó una parte de los ladrillos que se usaron para hacer la nueva Casa de la Moneda de Potosí, edificada durante los primeros años de la segunda mitad del siglo XVIII. De la mina se extraía sal de cocina y sal colorada, además de cal hidráulica, empleada como cemento. De la existencia de la mina da fe un documento de 1626 citado en el tercer volumen de los Libros de acuerdos del cabildo secular de Potosí.  1615-1675, publicado por el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia en 2012. En este mismo documento se habla de la visita del corregidor para ver las refacciones que necesitaba el puente sobre el río Pilcomayo, que llevaba al asentamiento. De la extracción de sal se da cuenta en la Historia de la minería andina boliviana (siglos XVI-XX), de Carlos Serrano Bravo, 2004, y el primer tomo de Crónicas potosinas. Notas históricas, estadísticas, biográficas y políticas, de Modesto Omiste, de la editorial El Tiempo (1893), nombra la fabricación de ladrillos para la Casa de la Moneda. Y del estado ruinoso dan fe, además de una visita al lugar, notas de prensa y las llamadas de atención que la SBC está haciendo desde 1999 a fin de que se tomen medidas para la preservación de este edificio, declarado Monumento Nacional por Decreto Supremo N° 8171 de diciembre de 1967.

Fue más o menos en aquella fecha cuando el lugar se despobló porque hubo un terremoto, según los testimonios que el músico Ernesto Cavour recoge en su libro El charango. Su vida, costumbres y desventuras. Y lo corrobora una señora vestida con pollera y con el pelo recogido en dos trenzas que sale de una casa cercana a la iglesia. “Pasó hace 38 o 40 años”, dice. Al hablar se ve el brillo de los dientes de oro en su boca. Su acento indica que no nació en este lugar. “Soy de San Julián”, dice la cruceña. Ella está aquí porque es donde viven sus padres. Sin embargo, buena parte de los oriundos hicieron el camino inverso al de esta familia y se fueron al oriente del país. Apenas quedan cinco núcleos familiares en el pueblo.

Sin embargo, hay escasos datos de este fenómeno, y tampoco queda claro por qué se levantó en el lugar una iglesia de semejante tamaño y belleza. “Se sabe bien poco de Salinas”, afirma la responsable de Patrimonio y Cultura de la AECID. Tal vez allí hubiese una huaca o lugar sagrado y por eso se construyó un templo católico de tal envergadura.

Todavía está en pie el muro que separa el santuario de la cancha de fútbol del pueblo, que en la parte interior tiene dos capillas posas en cada esquina.

Lo que llama la atención, desde que se baja en auto por el camino, es la portada, llena de figuras talladas haciendo honor al nombre del estilo arquitectónico en el que se enmarca. Y ahí están sus dos sirenas.

La hoja derecha del portón de madera está abierta. Desde adentro se ve el cielo, a través de dos grandes agujeros que han quedado en el techo tras la caída de dos de las cúpulas. Entre 2010 y 2011, AECID acordó con la gobernación potosina llevar a cabo un proyecto para recuperar el patrimonio rural del departamento, entre el que está el templo de Salinas, junto con la Gobernación Departamental. “Hasta la fecha no se ha hecho nada”, indica Tomé.

“Los retablos, púlpito y obras de arte, hoy en día, se encuentran en los templos de San Martín, San Pedro y San Francisco de Potosí desde el año 1976 (...). Es uno de los pocos templos que conservan las técnicas y tecnologías de construcción del siglo XVIII”, señala el documento de AECID.

El abandono no es la única causa del deterioro que sufre el edificio: el terreno es altamente salino y eso afecta a la piedra.

A pesar del estado en el que se encuentra el templo, cada 3 de mayo acuden comunarios de los alrededores a celebrar la fiesta de la cruz. Durante la visita de Escape, llegan vecinos para participar en un campeonato de fútbol en otra cancha que hay en Salinas, detrás de las ruinas de lo que fue la hacienda.

Si dentro de la iglesia viven los pájaros, afueran están los muertos de Salinas: el suelo terroso del patio, entre la iglesia y el muro, e incluso, sus muros externos, son usados para enterrar. Hay lápidas con fechas recientes. “PAPA TE QUEREMOS TU PUEBLO SE OLVIDO DE TI” (sic), se lee sobre el cemento raspado de una tumba. Y el edificio al completo ha sido olvidado por las autoridades.

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