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`Hola, soy el número 4`: citas rápidas

Cinco personas. Siete minutos para conocer a cada una de ellas. ¿Qué resultados habrá de estos encuentros?

Citas rápidas.

Citas rápidas.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

02:44 / 12 de septiembre de 2018

Sobrepuesto al nerviosismo y a la ansiedad de asistir por primera vez a una “cita rápida”, lo primero que se me ocurre para presentarme es: “Hola, soy el número 4”, tomando en cuenta que es el distintivo que está pegado en mi pecho. Así comienza mi experiencia en Before, un encuentro exclusivo para conocer a personas de otro sexo a través de reuniones que duran siete minutos.

Esta clase de encuentros surgió con el rabino Yaacov Deyo —en Los Ángeles (Estados Unidos) a finales de 1998—, porque quería facilitar que los judíos encontraran pareja de su misma religión, con el objetivo de disminuir los matrimonios mixtos. Después de aquella primera reunión —que se llevó a cabo en Pete’s Coffee de Beverly Hills—, este sistema de emparejamiento se hizo popular por la difusión en programas de televisión, así es que en poco tiempo se expandió más allá de la comunidad judía y ahora está en las principales ciudades del mundo, como La Paz.

Isela Barradas, creadora de Before, cuenta que la idea de replicar estas citas surgió cuando se dio cuenta de que en estos tiempos acelerados es difícil conocer nueva gente. “Este evento ha sido creado específicamente para gente que no tiene tiempo para hacer vida social. Algunos de los que asisten se la pasan viajando o trabajando, entonces, teníamos razón en desarrollar esta iniciativa”, afirma.

A través de una recomendación he decidido probar suerte en encuentros de esta clase, por lo que ingreso en el muro de Before en la red social Facebook, que lleva a una página en la que primero explican de qué trata esta actividad: “El concepto es simple: te sientas en una mesa y conversas con una persona durante unos siete minutos del tema que surja, sin intercambiar datos personales”, señala la página.

Al aceptar los términos y condiciones, Before solicita los principales datos personales para ofrecer más seguridad a los miembros participantes y verificar que el postulante sea soltero, divorciado o viudo. Después de haberme inscrito y hacer el depósito de Bs 120, un día antes del encuentro recibo un mensaje en WhatsApp que me indica que la cita se llevará a cabo en un café de la zona Sur.

A las 18.30 de un sábado, en postrimerías del invierno, la luz natural está a punto de desaparecer en las afueras del lugar designado, mientras que, adentro, Isela o uno de sus asistentes acomoda a las mujeres en un ambiente, mientras que los varones somos llevados a otro lado, con el objetivo de que no haya interrelación previa entre los sexos opuestos.

Como aún no han llegado todos los participantes, pido un café, al igual que los demás varones, quienes para pasar el rato —siempre de espaldas a las mujeres— observan los videos que aparecen en el monitor de la pared o revisan sus teléfonos. Entretanto, ellas —distantes a más de cinco metros— están sentadas en un sillón y conversan acompañadas por un jugo o también con una taza de café.

A pesar de que se escucha música tranquila, siento nerviosismo e inquietud  por saber a quiénes voy a conocer, hasta que Isela visita cada una de las mesas para entregar el número con que ha sido designado cada participante.

“Usted tiene el número 4H”, me dice la responsable de las citas rápidas. Al mismo tiempo, me entrega una hoja en la que debo poner mi nombre completo y mi número de teléfono celular, mientras que en el reverso hay varias filas con emojis que representan a qué se quiere llegar con la ocasional pareja de mesa: “no me interesa”, “amistad”, “negocio” o “relación sentimental”. El varón que tiene en el pecho el número uno —sentado al lado de la ventana que da a la calle— dice, con una sonrisa que mezcla picardía y sabiduría, que no necesita explicaciones porque ha asistido a varios encuentros de Before.

De acuerdo con la Encuesta de Hogares en 2017 —elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE)—, del total de la población boliviana (11.216.000 habitantes), el 37,4% es soltero, 5,6 es viudo y 1,1 es divorciado. Es a ese segmento al que desea llegar Before, por lo que para conseguir ese objetivo planea expandir sus servicios a las principales urbes del país.

Cuarenta minutos después de la hora fijada han llegado todos los asistentes a la cita,  los encargados recalcan que está prohibido dar datos personales y que las charlas durarán siete minutos. Las mujeres son las primeras en ingresar al jardín donde están cinco mesas de madera, cada una de ellas con dos sillas a los costados.

Las mesas están numeradas, así es que tengo que sentarme en la mesa 4, donde está una dama que tiene el mismo número pegado en el pecho. “¿Cómo estás? hace frío, ¿no ve?”. Las parejas vecinas recuerdan que no se debe hablar antes de que lo ordenen. Entonces, suena la campanilla que indica que es momento de charlar. A pesar de la noche, nuestras miradas connotan curiosidad y, al no poder decir mi nombre, lo primero que se me ocurre para romper el hielo es: “Hola, soy el número 4”. Con su risa sincera sé que he traspasado la primera barrera. Ella cuenta que asiste a Before porque su amiga no podía asistir. “¿A qué te dedicas?”, replica. Respondo que trabajo en un periódico y que me gusta viajar. Ella revela que tiene negocios y que prefiere la comodidad citadina a las caminatas o incursiones al área rural. Como no existen coincidencias, sé qué círculo voy a marcar (No me interesa). En ese instante, los siete minutos parecen eternos y ambos no sabemos sobre qué vamos a conversar, hasta que se oye el esperado tintineo.

Las chicas se quedan en sus mesas, en tanto que los varones nos trasladamos. Me toca visitar a la muchacha de la mesa 5, quien dice que se divorció a inicios de año y que se encuentra en una etapa en la que quiere conocer amigos. Muy probablemente la estufa sea insuficiente para calentar a los clientes, al igual que nuestra conversación, que gira en torno a la falta de tiempo por las actividades laborales y la imposibilidad de coordinar una nueva cita.

“Hola, soy el número 4”, empiezo en la mesa 1 para romper el hielo. Ella comenta que asiste a la cita porque está acompañando a su amiga, aunque afirma que se está dando cuenta de que es “una linda experiencia”. Después de que pasó el nerviosismo de los primeros encuentros, en esta ocasión siento que la charla se desarrolla con fluidez y que nos faltó tiempo para hablar.

En la penúltima parada (mesa 2) me dedico a escuchar. Ella es médica general que sufre de estrés porque trabaja en un hospital y sufre desazón por no tener los recursos suficientes para atender a la gente de escasos recursos. Los siete minutos de conversación apenas alcanzan para decirle que soy periodista.

“Hola, soy el número 4”. Mi última mesa es la 3, donde espera una mujer que se dedica al rubro hotelero, es madre y acaba de divorciarse. Con la tranquilidad de haber pasado cuatro citas rápidas, la última charla se me hace mucho más distendida, pues coincidimos en que las redes sociales son un perjuicio y que es necesario compartir más tiempo en un café como éste o en alguna excursión.

Me da la sensación de que el último tintineo ha llegado antes de lo previsto, pues me falta mucho por conversar. Todavía sentados a la mesa, cada uno califica a su pareja con un círculo, que en mi caso han sido dos “No me interesa” y tres “Amistad”.

Para saber las coincidencias tuve que esperar dos días, tiempo en que los responsables de Before cruzan los datos para ver si existe alguna afinidad entre los participantes. Cerca del mediodía del lunes recibí un mensaje a través de WhatsApp: he obtenido tres coincidencias de amistad. La oportunidad de crear nuevos lazos está abierta. Pienso llamarles en cuanto tenga tiempo para salir otra vez, dejaré de lado mi número en el pecho y me presentaré con mi nombre completo.

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