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Hombres de negro 3: ¿Será real?

Hombres de negro 3

Hombres de negro 3

La Razón

00:00 / 03 de junio de 2012

E n 1997 se estrenaba una película que lograba la química entre sus personajes para generar una dupla entretenida de agentes especiales. Hombres de negro era un largometraje que lograba combinar elementos siempre atractivos para su consumo masivo, satisfaciendo entonces a un público regular que asistía a las salas de cine, logrando crear además una nueva franquicia, resultado del éxito de taquilla.

A esta primera parte de Hombres de negro, le siguió una segunda entrega de esto que ya es una saga consagrada, y sin embargo el éxito de la segunda parte no se aproximó si quiera a lo que fue la primera. Ahora nos enfrentamos a la tercera entrega, que llega también a las pantallas con el aditivo taquillero del 3D.

Tommy Lee Jones y Will Smith son nuevamente los agentes K y J. Como es habitual, el detonante de estas historias se basa en una amenaza alienígena, que amenaza y pone al mundo en peligro. Hombres de negro 3 demora mucho en comenzar, y tal vez se deba a que el guión no estuvo acabado hasta que se comenzó con el rodaje de la película. Asistimos entonces a un tedioso inicio que se edulcora con gags y chistes que distraen pero no convencen.

Pocas veces se ha visto en el cine un salto en el tiempo como el que se da en este film dirigido por Barry Sonnenfeld. Aquí, Smith en el papel de J tendrá que lanzarse desde el Empire State en Nueva York para lograr cambiar el pasado y así resolver cuestiones del futuro, cambiar el curso de la vida retornando al origen. Hombres de negro 3 tiene como intención darle una respuesta a preguntas originales de la relación entre J y K. Esto podría merecer un análisis mayor en tanto desde aquí se puede partir a entender lo que Hollywood y el cine norteamericano representan en la cultura popular. En la última centuria la humanidad no ha producido dioses ni templos, sino que ha creado actores y actrices, estudios de cine y, por supuesto, personajes que exigen un origen. En esta película, Andy Warhol aparece como una forma de legitimar lo que se nos cuenta, más cultura pop americana para convencernos de que quizás todo esto es real. Carlos Sánchez (en salas comerciales)

Películas en pocas palabras

Los colores de la montaña (Cinemateca)

Muchas películas colombianas se caracterizan mayormente por enfocarse en su contexto y, por ende, en los problemas sociales que éste conlleva. En este sentido, Los colores de la montaña no es una excepción. Sin embargo, el punto de vista es distinto, ya que la mirada se da desde los ojos de tres niños: Manuel, Julián y Poca Luz. El desarraigo por el conflicto armado como consecuencia de los asesinatos a los guerrilleros es uno de los temas principales que se toca en la película. No obstante, los niños no se percatan en su totalidad de lo que está sucediendo y se la pasan metidos en sus juegos infantiles. La intuición de los niños está presente a través del miedo. Este miedo se presenta a causa de las desapariciones de seres queridos y apariciones de ruidos fuertes, tales como el sonido de los helicópteros sobrevolando alrededor de las casas del pueblo. Pero más allá de toda esta violencia, la pintura de Manuel no encuentra cabida para el negro. Los colores de su paisaje están pintados sobre la realidad gris de una Colombia represiva. Mitsuko Shimose

El resplandor (Cinemateca Sur)

Basada en una novela de Stephen King, el tema de la célebre película de Stanley Kubrick puede localizarse en una tradición literaria cuyo antecedente más conocido es el cuento La caída de la casa Usher de Edgar Allan Poe, tradición a la que pertenecen relatos como Los sueños en la casa de la bruja de Lovecraft o El cuarto en la torre de E.F Benson. Entre los grandes méritos de Kubrick resalta el haber aprovechado un tema, mera fórmula narrativa, para  producir un film de gran originalidad. Parte de esa originalidad se debe a la creación de imágenes impactantes: un pasillo inundado de sangre, Jack Nicholson congelado o persiguiendo a su familia con un hacha, etc. Pero fuera de la genialidad  indiscutible de su obra, la película explica las nuevas formas de relacionamiento entre la gente: los relatos, las narraciones, así sea desde su reducción a meras fórmulas, se sustituyen en gran medida por imágenes precisas que son fetiches del consumo masivo, emblemas de ciertas mercancías con las que un sinnúmero de personas establecen sus relaciones. Pedro Brusiloff

La mirada de Ulises (clásico)

Los colores de la montaña (Cinemateca)La obra maestra de Theo Angelopoulos —uno de los grandes directores del siglo pasado, fallecido en enero de este año— es una especie de homenaje a todo lo que el cine es. Con una extrema sensibilidad, el realizador griego se pregunta en su film sobre el tiempo, la memoria, la mirada y la capacidad de representación del cine. Todo esto a partir de la historia de un cineasta que, como Ulises, comienza su propia Odisea por los países balcánicos, para encontrar la primera imagen cinematográfica producida en Grecia. Su travesía es un viaje a través de la historia, a través de la terrible historia del siglo XX, que tiene como destino final lo que hasta ese entonces había sido el último evento trágico de la humanidad: Ulises termina su viaje en Sarajevo. Con una enorme capacidad de síntesis, el cineasta se pregunta sobre la condición humana, a partir del cine y de todas sus potencialidades, reinterpretando la bellísima tradición griega, haciendo un homenaje a Homero. Sebastián Morales

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