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Hortencia Cano

Hace 45 años expende confites potosinos que ella misma elabora. Gracias a ello, sus tres hijos son profesionales. Es una de las vendedoras más antiguas de la Pérez Velasco. Soberana de los confites.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 26 de abril de 2015

Detrás de un pequeño cartel que dice “El palacio de los confites potosinos”, se encuentra, con mirada cetrina y cabello gris que combina perfectamente con sus blancos dulces, Hortencia Cano, de 76 años, quien sale todos los días a venderlos de 09.00 a 21.00, 12 horas seguidas que permanece en su pequeño puesto de la Pérez Velasco desde hace ya 45 años.

Gracias a este trabajo consiguió sacar a sus hijos profesionales, ya que se quedó viuda cuando tenía 40 años. “Mi hijo mayor es escultor, el del medio arquitecto, y la menor administradora de empresas. Los tres ya están casados”, dice orgullosa.

Doña Hortencia cuenta que ella misma produce los confites y que aprendió a hacerlos gracias a sus abuelos. “Mis nietos ahora no quieren elaborarlos, ni mis hijos tampoco porque ya son profesionales, aunque a diferencia de sus hijos, ellos conocen el modo de preparación porque me ayudaban cuando eran todavía muy jovencitos”.

Los confites se elaboran en peroles de bronce, donde se ponen las semillas ya sea de almendra, nuez, orejón, maní o pasas, según la variedad y el sabor que se le quiera dar. Luego se prepara almíbar a base de azúcar y una vez que está cocido se lo junta con las semillas y se pone al fuego hasta que hierva.

Cuando la mezcla está en ebullición, se bate hasta formar bolitas, poseedoras de una  suave textura que se derrite en la boca. Pero Hortencia no solo tiene dulces blancos, color que surge gracias al azúcar con que los elabora, sino también tiene unos fucsias por la combinación que hace con el airampo, una semilla de cactus de ese color, que es excelente además para la fiebre y para la presión sanguínea.

Los confites cuestan 22 bolivianos la libra, vienen en bolsitas según el peso que contengan y son comprados por nacionales y extranjeros que pasan por el lugar. Pero además de estos dulces vende cartuchos de coquitos a 15 bolivianos la docena.

“Los coquitos se preparan igual que cualquier masa, solo que a base de puro coco. Una vez realizado esto entran al horno para que los ingredientes se integren mejor y para obtener ese color doradito”, señala.

Ella vende por día entre 30 y 40 bolivianos, cantidad que de seguro endulza la vida de quienes los prueban.

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