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Jallalla La Paz

Ch’enko total. El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

Después de terminar la grabación.

Después de terminar la grabación.

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Monroy Chazarreta

13:00 / 18 de julio de 2018

He compuesto una canción para La Paz, mi ciudad, está bien nomás, hay mejores, nacidas en esa década maravillosa del ’90, como La cabeza de Zepita o Chenk’o total, sin embargo, ella solita insistió en salir. Desde enero empezó a sonar en mi cabeza el estribillo, con mi guitarrita emprendí a ponerle los acordes, a buscar una melodía, mientras desde mi ventanal veía al Tata Illimani cambiar sus estados de ánimo: que carácter que tiene el Tata, a él sí le debo una canción.

El estribillo es algo obvio, medio cojudín, pero me conmovía che, terminaba llorando solito frente al atardecer de mis laderas: Yo te amo mi La Paz, por tu luna, por tu sol, por tu cielo, por tu esencia de verdad, por mi gente y su bondad, yo te quiero… y sonaba y sonaba el porfiado estribillo. Luego incorporé en el medio un texto intenso que le hice a mi ciudad hace 20 años; seguidamente y comenzando por el final, emprendí con el inicio, salió lleno de lugares comunes, pero estrenamos nomás la canción, La Paz, mi ciudad, en el Teatro Municipal, en el concierto de mayo por mis 39 años de canciones. Otra vez en plena escena me atacó la emoción al cantar el estribillo, grave es cantar y llorar a la vez, bordeas el papelón, pero ya ves, va más allá de mí.

Para colmo se me ocurre grabarla como regalo para las fiestas julianas 2018. Mi joven amigo, el Ing. Martino Alvéstegui, con gran generosidad ofrece su estudio, el Submarine Production, ubicado en una bella casona de Obrajes: “Grabemos la canción, Papirri, después vemos cómo me cancelas”, me dice en esta época de centavos contados. “Yaps”, le digo. Entonces consulto con mis músicos y todos están de acuerdo. Un jueves de junio, hace unos días, de 14.00 a 20.00, grabamos la canción de un solo jaukaso, primero pongo la guitarra y voz de referencia, luego llega el Vico Guzmán con su batería y buena onda y pone la bata, después aparece Raúl Flores, uno de los mejores bajistas de la actualidad, y coloca el bajo en un santiamén, posteriormente, Heber Peredo, recién llegado de un festival internacional de jazz en Francia, coloca el teclado casi en tiempo real, se va armando la canción con el charango de Ariel Choque que aparece resuelto y de sorpresa sumado a la bella voz de Tere Morales.

Unos días antes, los chicos de la Escuela de Cine me habían hecho una entrevista sobre La Paz Capital Iberoamericana, estuvieron en mi depto el Miskicho Velarde y el Iván Molina, dos reconocidos cineastas nacionales. Hicimos la nota y les invité a poner imágenes a la canción, les dije “poray se animan a hacer un clip”. Los dos dijeron que sí. Aquel jueves llegaron con sus equipos y sus jóvenes alumnos a filmar nuestra grabación. En cuanto al texto incorporado, apareció mi amigo Carlos Fiengo que además de ser un gran fotógrafo es rapero y le puso su aporte de rap. Me emocionó entrar a un estudio luego de nueve años y ver que esta guagua, mimada por todos, nacía recia, alaraca, llena de vida, colores, timbres, regalos y abrazos. Entonces fui a comprar una veintena de sándwichs de chola para todos con su Huari de combo y brindamos, challamos, sobre todo por nuestra amistad, nuestra buena onda, nuestra paceñidad.

Unos días después, Martino hizo una premezcla, sentí que mi voz estaba demasiado kaima, entonces convoqué a dos jóvenes cantautores paceños para que me hagan el aguante, dos lindas y talentosas voces: las del Gabo Poma y ZegaleS, quienes grabaron encima de mi voz socorriendo a este cantautor casi sesentón a sacar un corte mas digno. Ayer, Martino me pasó el master final, aquella cancioncita de ventanal se había vuelto un asunto… como decir… más o menos de pop paceño, rap de laderas parecía; y ahí estaba, con toda la grandeza de esta gente buena aportando a su nacimiento. Del clip no sé nada todavía, solo sé que lo pasaremos cuando cantemos la canción, hoy a las 20.00, en la verbena paceña ante unas 50.000 personas y en medio de grupos de cumbia, rock y reguetón. Para mí es como cantar en Viña del Mar, así de importante, aunque algunos amargados facebukeros digan que la verbena es un meadero. Que vayan a quejarse a los baños públicos de la Alcaldía.

Estoy seguro de que será emocionante metafisiquear ante tanta gente, además estará el Papirri’s Kínder cantando Que tal Metal y el Ballet Folklórico de La Paz bailando mis huayños, kullawadas y morenadas, todo gracias a la invitación de la Secretaria de Culturas del municipio paceño. Aún tienes tiempo de ir, aunque no sé cómo te sacarán de la cama, y eso que tienes casi mi edad nomás, te habías vuelto de la ciudad sur, “ya no subo”, dices hecho a los capos, el Mundial pues te ha hecho dar flojera, ni modo cuasimodo, las laderas estarán presentes. Nosotros —todos los nombrados— festejaremos a La Paz Ciudad Maravilla como se merece, con un sucumbé bien fragante rociado de canela, brindaremos por este 209 aniversario del Primer Grito Libertario de las Américas y de paso por los 470 años de fundación de nuestra amada ciudad, porque las julianas se estiran hasta octubre. Así que bien le cascaremos: ¡¡Jallalla La Paz!!

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