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Javier Selva. Fotos & aventura

La pasión por la fotografía y el alpinismo hicieron de este español un hombre que explora y convive con la naturaleza, y con el riesgo.

La Razón / Ana María Ramírez

00:00 / 11 de agosto de 2013

Su carrera terminó siendo su pasatiempo y su pasatiempo se convirtió en su profesión. El fotógrafo de aventura y sociólogo español Javier Selva Serrano, de 50 años, llegó a La Paz la semana anterior para dar una conferencia sobre la fotografía en los lugares más remotos del mundo, algo de lo que sabe bien: lleva tres décadas dedicándose a retratar los nevados a los que ha escalado en los cinco continentes.

Dos horas antes del evento, que se realizó en el Centro Cultural de España, compartió un poco de su trayectoria que no sólo se concentra en esta su pasión, pues él es también productor audiovisual y escritor.

“En España tengo una escuela para fotógrafos de viaje y aventuras, además de otras actividades relacionadas con el mundo de la publicidad y la imagen, y esta temporada decidí hacer una ruta un poco más ambiciosa, por un país más lejano, y he decidido que sea Bolivia”.

Javier es responsable de la Expedición Fotográfica Bolivia 2013 y confiesa que el territorio nacional es un lugar “en el que se dan prácticamente todos los países, porque tiene una gran variedad de escenarios fotográficos”.

Oriundo de Albacete (en Castilla-La Mancha) y amante del alpinismo, creció en su pueblo lleno de naturaleza y, al entrar en la juventud, se mudó a un barrio humilde de Madrid en el que estudió en un colegio franciscano y vivió rodeado de hijos de emigrantes de otros puntos del país hasta llegar a la universidad, a la cual ingresó para comprender a la sociedad y al mundo. “Cuando estudiaba Sociología en los 80 empecé a hacer fotos y, al terminar la carrera, me interesaba más la fotografía y era más conocido como fotógrafo”, explica.

Pero el español no se quedó sólo con una de sus pasiones, sino que decidió juntar la fotografía con el alpinismo y se convirtió en fotógrafo de aventura. “Es una profesión muy extrema, por el clima y la actividad física. La gran diferencia entre la fotografía de aventura con otro tipo de fotografía es que el fotógrafo forma parte de la actividad y corre los mismos riesgos que el resto del grupo. A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con los reporteros de guerra, que pueden estar fuera de la acción”.

Comenta que el tipo de vida que lleva no es fácil, en especial para la gente de su alrededor a la que le gusta quedarse en casa. “Para uno es divertido pero para los demás, no. Mi familia, al principio, no entendía lo que hacía, pero siempre me respetó”, afirma. Precisamente, la última parte de esta frase se encuentra impresa en uno de sus libros como una dedicatoria a sus padres, quienes lo dejaron cultivar su pasión en un tiempo en el que pocos se ganaban la vida capturando imágenes.

Sin jefes ni horarios y con una libertad mayor para realizar tu trabajo, además de estar en contacto constante con la naturaleza. Así describe Javier su profesión de fotógrafo. “Para mí, estar en el medio natural haciendo lo que más me gusta es uno de los grandes placeres que existe. Es lo que yo elegí y es donde quiero estar, ha sido así desde el inicio y 30 años después lo sigue siendo”.

Atraído por todo paisaje montañoso, el español ha recorrido los cinco continentes, aunque cuenta que todavía le falta explorar un lugar anhelado: Nueva Zelanda. “Es difícil llegar ahí, porque está muy lejos, pero es un sitio que tiene montañas importantes al cual me gustaría ir”.

De todos los sitios que ha conocido hasta ahora, uno bien frío es el que lo marcó desde su juventud. “Me quedaría con las zonas árticas, porque me recuerdan paisajes monótonos, con los horizontes abiertos y muy prolongados que no tienen fin”.

En 1991, Javier llegó a Bolivia para escalar el Condoriri, el Huayna Potosí y el Illimani, y realizó algunas tomas fotográficas que no se han publicado hasta ahora porque vino principalmente a practicar andinismo, más que a trabajar. Su atracción por las enormes estructuras de tierra y hielo lo trajo de vuelta al país después de 22 años con la intención de quedarse más tiempo, conocer más lugares y hacerlo de manera más profesional.

En su página oficial ,www.javierselva.es, el fotógrafo aventurero actualiza y comparte sus vivencias dentro y fuera de su natal España. Considera que una de las mejores es la que vivió la semana anterior en el país. “Cada día que despierto en un saco de dormir a la intemperie y veo salir el sol es un momento placentero. Hace unos días vi el cielo estrellado de Bolivia con la vía láctea… Fue un espectáculo absolutamente conmovedor para los que estamos acostumbrados a vivir en la ciudad, fue un momento de alegría”, expresa.

Hacer fotografía durante 30 años significa haber hecho unos 150.000 disparos. Para Javier, elegir la mejor imagen de esa cifra no es fácil: “Lo justo es que lo elijan otros”, arguye entre risas.

Puntualiza dos virtudes que todos aquellos que quieran dedicarse a esta profesión deben tener: paciencia y tesón. “La fotografía no es un mundo fácil, es muy agradecido, porque las fotos se capturan y son bonitas, pero es un campo muy difícil de recorrer, porque cuesta mucho trabajo publicar los trabajos.

Pero, si están en la labor de permanecer e insistir, entonces lo conseguirán”, señala. En cuanto a aspectos técnicos, Javier sostiene que sus recomendaciones no pueden ser de gran interés para la juventud de hoy debido a que los productos audiovisuales son algo omnipresente en el día a día.

“Yo vengo de un tiempo en el que se trabajaba con carretes y cámaras con pilas, y quizás los consejos que le dé a la gente joven no sean de tanta utilidad, porque el mundo ha cambiado tanto... Pero sí les puedo decir que tengan mucha ilusión”.

Para el experto, una buena cámara, un ojo bien entrenado y disfrutar de la aventura son tres requisitos para obtener buena cosecha en esta especialidad y, recalca, si bien es necesario contar con equipos profesionales y costosos, al  final “el precio no siempre garantizará el resultado”.

El Don Quijote de Cervantes se movía por su vasta tierra manchega; Javier va más allá, alejado de los molinos de viento y atraído por los nevados, con los que la pelea es otra: contra sí mismo para superar el reto de la montaña y, como buen fotógrafo, inmortalizar las imágenes del ascenso.

Antes de decir adiós para continuar su incansable transitar por el mundo, Javier, que hace cinco meses fue padre por vez primera, se despide con una expresión típica de su tierra: “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”, refiriéndose a la situación económica que vive España desde hace cinco años. “Esta crisis está afectando a mi país, especialmente al gremio de la publicidad, así que espero seguir como estoy. Deseo seguir viajando y poder estar en países como el vuestro y con gente como ustedes”, afirma.

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