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Jóvenes talentos

Poseen talento y premios, pero emigran para estudiar

La Razón / Gemma Candela / Mabel Franco

00:00 / 20 de mayo de 2012

Paceños, jóvenes, comparten una afición: la música clásica. Son Sergio Gallardo y Misael Mejía. El primero tiene 17 años y toca la guitarra. Este año se gradúa en la Escuela Contemporánea de Músicas de La Paz y sabe que, a finales de año, se marchará a estudiar al extranjero, aunque aún no tiene definido a qué país. Todo depende de la beca que pueda conseguir.

Misael es pianista formado en el Conservatorio Nacional de Música y tiene 20 años. Él lleva casi un año en Bélgica, donde está estudiando su licenciatura junto con otros músicos de diferentes países del mundo. Lo que no sabe es si podrá cumplir su meta: terminar allí la carrera, pues los costos son elevados para su familia.

Los primeros acordes que escuchó Sergio en su vida salían de la guitarra que estaba aprendiendo a tocar su hermano mayor. Cuando él comenzó tercero de primaria, en el colegio Montessori, tuvo que elegir entre varias asignaturas extras. Recuerda que había teatro y coro, entre otras y, también, guitarra. Como en su casa ya tenían el instrumento, sus padres escogieron por él y lo inscribieron. “Y yo no quería”, reconoce, “pero entré y volví feliz a mi casa después de la clase. Y desde entonces ya… me agarró”. El amor por las cuerdas sobre una caja de resonancia en forma de ocho surgió ante la facilidad con la que sus dedos aprendían a sacarle notas. Entonces, Sergio tenía ocho años.

Tras un tiempo de lecciones en el colegio, al que está muy agradecido porque allí descubrió su virtud, pasó clases con el profesor Carlos Vargas y, ya en 2006, entró a la Escuela Contemporánea de Músicas, en la zona Sur, a la que sigue asistiendo. Desde hace casi cuatro años, la matrícula corre a cargo de la Fundación Herrmann, de la que es becario. Aparte, acude a lecciones prácticas con el maestro Marcos Puña y, a lo largo de su formación, ha participado en clases magistrales de más de 15 virtuosos de la guitarra, bolivianos (como Piraí Vaca) e internacionales (Rafael Aguirre o Bertha Rojas, entre otros nombres). Ya tiene el título de técnico medio de la escuela y este año saldrá con el superior.

A los 17 años tiene las cosas muy claras. “Lamentablemente aquí el estudio de la guitarra no tiene el nivel que hay en otros países”. Por ello, tanto su intención como la de su familia es que continúe su formación en el extranjero. Tienen  tres países en mente: España, Alemania o Estados Unidos. Todo depende de la financiación que consigan, pues ir a cualquier lado supone un gran esfuerzo económico. “Estamos tratando de buscar alguna beca”, explica el joven músico. Por ejemplo, la colegiatura más barata en Estados Unidos cuesta 45 mil dólares anuales, explica su padre, Donald Gallardo, quien está tan implicado como su hijo en la formación de éste. Y, aunque sabe que su propósito conllevará que Sergio viva lejos de la familia, tiene muy claro que es el precio que han de pagar: “El crecimiento personal implica siempre sacrificios, en todos los sentidos: económicos, de tiempo y sentimentales también”. El objetivo es que se profesionalice afuera y regrese al país “para impulsar y estimular el desarrollo de la música clásica y, especialmente, el de la guitarra clásica”, explica el joven músico.

Como cualquier adolescente, va al colegio, tiene que realizar tareas cuando llega a casa y, de vez en cuando, sale con sus amigos. Pero, además, dedica dos horas diarias “a practicar”. Y, si está preparando algún concierto, seis o siete horas (discontinuas, si no, le puede dar tendinitis). Reconoce que su rutina “es fuerte, pero hay que sacarse tiempo para todo”. El secreto está en organizarse. “Manejo bien mis tiempos”, revela. Así puede sacar adelante sus estudios de colegio y de la escuela de música, donde tiene clases de armonía y contrapunto, y rítmica, los viernes por la tarde. Otros años llegó a tener tres días de lecciones en la escuela, comenta Gallardo padre. “Si te ordenas, hay tiempo para todo”. Debe ser cierto porque, además, tiene una banda con sus amigos en el colegio, con la que interpretan clásicos del rock, y un grupo “formal” de jazz llamado Jazz Duit, con el que acaba de grabar disco. “El jazz para guitarra clásica me parece increíble”, confiesa, aunque la rama clásica es en la que él quiere especializarse, para llegar a ser profesional y marcar la diferencia, no ser uno más. “No creo sólo en ser intérprete, yo quiero componer y aportar”. Es decir, quiere crear una nueva técnica o un estilo de concierto novedoso.

Mientras espera el momento de marcharse, Sergio está aprendiendo alemán, por si acaso, y ya domina el inglés. El 29 de este mes estará en el Concurso Internacional de Guitarra Parkening, en Malibú (EEUU), para el cual ha sido seleccionado entre los 10 guitarristas de la categoría juvenil, de los cuales él es el único latinoamericano. Como siempre, su padre le acompañará en este viaje. Sólo los costos de los billetes de avión de Sergio están cubiertos por el patrocinio de una compañía de telefonía boliviana.

El pianista en Europa

La escasez de ayudas al arte boliviano es algo en lo que también hace hincapié Misael Mejía, pianista que vive en Bélgica desde septiembre. Allí está estudiando su licenciatura en el Koninklijk Conservatorium van Antwerpen (Real Conservatorio de Amberes). Toca el piano desde los cinco años, gracias al amor de sus padres por la música clásica. Incluso, su padre tenía un piano al que él se sentó a practicar muchas horas. A los seis años, entró al Conservatorio Nacional de Música, donde estudió hasta el 2011 con la maestra Irina Efanova.

Como Misael, jóvenes músicos de diferentes partes del mundo estudian en el Conservatorio de Amberes, por lo que el chico, del barrio de Sopocachi, se pasa el día hablando en inglés desde que se levanta hasta que se acuesta, ya que vive y estudia con gente de Japón, Estados Unidos, Korea...

Tras el desayuno, aprovecha para revisar sus materias antes de ir a clase. Pasa gran parte del día en el Conservatorio, donde también suele almorzar y, tras las clases teóricas, todavía se queda allí a practicar hasta que el centro cierra, a las 23.00. “En general, el ambiente de estudio es bastante motivador y también hay muchos conciertos, presentaciones, masterclass, que hacen que todo sea aún mas interesante”. Los fines de semana aprovecha para realizar las tareas domésticas y, también, para quedar con sus amigos.

“El piano es para mí una carrera que, como cualquier otra, requiere mucho tiempo y dedicación”, explica. “Estoy poniendo mi máximo esfuerzo para superarme a mí mismo en esta carrera y   alcanzar metas más elevadas”.

Antes de ir a Bélgica, Misael ya había estado en otros países como participante en certámenes, como el de Hamamatsuen, en Japón, en 2009, o en Costa Rica, donde resultó ganador de un concurso en 2010. Ya en Bélgica obtuvo el segundo puesto en el 11º Concurso Internacional de Piano “Les Rencontres Internationales des Jeunes Pianistes 2012”, que se celebró en Grez-Doiceau, cerca de Brusselas, a principios de año. “Fue muy decisivo en mi inicio como estudiante en Bélgica, ya que hizo que muchos profesores, y también el público, se fijaran en mí y, sobre todo, en los músicos bolivianos”.

“Por otro lado, aunque lo haya hecho (ir a concursos) en representación de Bolivia, no recibí ningún apoyo. Esto me desalienta un poco ya que el apoyo económico de mis papás es limitado”, declara. “Se presentaron ocasiones en que instituciones extranjeras cubrían algunos gastos de viaje, lo cual me permitió seguir, ya que ya no tenía posibilidades económicas para continuar viajando”.

Si mira hacia el futuro, se ve a sí mismo ofreciendo grandes conciertos y yendo de gira, dando a conocer la (música académica) boliviana. Aunque también sueña con regresar al país para compartir sus conocimientos e impulsar la música clásica entre las próximas generaciones. De este modo, también quisiera lograr que crezca el número de interesados por este arte que, opina, no tiene numerosos fans en América Latina.

“Quisiera permanecer en Bélgica hasta el final de mis estudios de licenciatura, aunque todo depende del factor económico”. Para ello está trabajando mucho, como hiciera ya para combinar la educación secundaria en La Salle con sus lecciones en el Conservatorio. “Una vez que terminé el colegio, dediqué toda mi vida al piano”.

Los dos compositores que reflejan la imagen futura que tiene de sí mismo son Johann Sebastian Bach, del que destaca el carácter profundo, complejo y simple de su música, y Serguei Rachmaninov, por su carácter “guerrero”.

“Espero que pronto los artistas, especialmente los músicos clásicos, reciban más apoyo, especialmente si van en representación de Bolivia a eventos en Europa, América o Asia. Esto beneficia al país y hace que las personas importantes de esta área musical se interesen por Bolivia”.

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