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Juan Pablo Muñoz

Su pasión por la fotografía no le deja dudas, él hizo de este arte una forma de vida, no solo porque le da el sustento sino porque le permite desarrollar su creatividad. Nutrido por la fotografía.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Chávez

00:00 / 06 de julio de 2014

Aún no había concluido el bachillerato y Juan Pablo Muñoz ya tenía sensibilidad especial por la fotografía. Poco antes de salir de colegio, en 1995, se acercó a la imagen de manera artesanal, claro en esa época las cámaras usaban rollos de película. Desde su época de universitario ensayó con el fotoperiodismo, la publicidad y las gráficas institucionales, todo, todo aquello que tenga su punto de partida en el click y arranque una sonrisa, una sorpresa o la simple aceptación a la hora de ver el resultado, ya sea después del largo proceso de revelado y copiado en papel o luego de que la toma atraviese cables, aplicaciones, photoshop y otros puentes del sistema digital.

Para dar un respaldo teórico y académico a esta pasión Juan Pablo estudió Comunicación Social y seguro de que seguiría el camino de la imagen publicitaria hizo un posgrado en Marketing. Y, como un mimo de la vida, tuvo la oportunidad se hacer cursos en el New York Institute of Photography, en EEUU.

“Lo que me marcó para no claudicar con la fotografía es la oportunidad que tuve de compartir por unos momentos con los músicos de Café Tacvba. Me pasaron el dato de que estarían por la Sagárnaga y me fui volando a su hotel y salí con ellos. El vocalista tiene una amiga en esa calle, a la que siempre visita cuando está en La Paz. En el trayecto tuve la oportunidad de conversar con él y me dijo algo que asumí como filosofía de vida”.

“No importa lo que tú hagas, si lustras zapatos o vendes banderas o eres doctor, lo que importa es que hagas lo que hagas lo hagas con pasión, sin preocuparte de si ganas o no. Lo que importa es que si lo haces con pasión en algún momento llegará alguien que te pagará por eso”, le había dicho el visitante mexicano al fotógrafo.

Y esa enseñanza le permitió conjugar la pasión con el trabajo, lograr un equilibrio como cuando saca una foto y tiene que balancear la luz para resaltar los claros y los oscuros de la imagen que quiere retratar.

“Los fotógrafos pasamos mucho tiempo en la lucha entre al luz y la oscuridad, como en la vida sabemos lo que está bien y lo que está mal. Convivimos con esa dualidad en el afán de buscar la belleza de la imagen, sin importar el sujeto que se retrata, no es necesario que sea una modelo profesional”, reflexiona.

Sin dar descanso al disparador Juan Pablo da clases y talleres, especialmente a niños y jóvenes, además de retratar eventos sociales.

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