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Judíos de Yungas

En Charobamba, Sud Yungas, se encuentra viva la presencia de la migración que llegó con la Alemania de Hitler y la Bolivia de Busch.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo Z.

00:00 / 12 de octubre de 2014

Bajo el gobierno de Hitler a partir de 1933, Alemania se transformó en un estado fascista que controlaba casi todos los aspectos de la vida. La persecución a la población judía empezó a ser una política del denominado Tercer Reich, y muchos judíos, temerosos por lo que les fuera a pasar, empezaron a buscar en el mapa países donde migrar.

A más de 10.000 kilómetros de allí, cruzando el océano Atlántico y en el llamado corazón de Sudamérica, el gobierno del presidente militar Germán Busch promulgó en 1938, una serie de disposiciones legales orientadas a permitir el ingreso de extranjeros. De este modo, cerca de 8.000  judíos llegaron a Bolivia para salvar sus vidas, muchos de ellos a establecerse en una de las laderas de los Sud Yungas paceños, exactamente en el pueblo de Charobamba, donde intentaron una nueva vida en un placentero paisaje.

León E. Bieber, en su libro Presencia judía en Bolivia, afirma que la mayoría de los judíos que ingresaron al país lo hizo a partir del decreto del 9 de junio de 1938. Según el autor, tres razones pudieron motivar la promulgación del decreto: la intención de Paraguay de recibir a 15.000 judíos en el Chaco todavía en disputa; la posibilidad de obtener capital humano y económico requerido para impulsar la modernización del país y la viabilidad de contar con colonos agrícolas que podrían ocupar diferentes regiones de un país de baja densidad demográfica.

Otro factor fundamental en esta iniciativa fue Mauricio Hochschild, el magnate minero judío-alemán que controlaba un tercio de la producción mineral del país y que tenía lazos políticos con el presidente Busch. Hochschild aprovechó esa condición para facilitar un movimiento regular de inmigrantes judíos alemanes y austríacos. Los refugiados arribaban por barco a Arica, Chile, de donde eran llevados por tren hasta La Paz, en lo que vino a ser llamado el “Expreso boliviano”. Y de allí a las regiones que el Estado necesitaba poblar.

Uno de esos terruños fue Charobamba. Parte de la antigua colonia agrícola Buena tierra, este paraje de una altitud de 1.901 metros sobre el nivel del mar, es un rico centro agrícola productor de frutas tropicales (plátanos, naranjas, toronjas, piñas, mangos, etc.), plantas de coca y café. Allí se instalaron los inmigrantes con la idea de trabajar la tierra.

Con la ayuda del Comité Judío Americano para la Distribución Conjunta, con sede en los Estados Unidos, Hochschild creó instalaciones para los recién llegados. “Hacia 1940, llegaron los primeros judíos a Charobamba, en muchos casos solteros y aquellos que no lo eran dejaban a sus esposas e hijos en las ciudades, a la espera de establecer la infraestructura necesaria para vivir”, expresa Javier Linares, lugareño y exsecretario general del pueblo.  

Una de las principales barreras que enfrentaron los recién llegados fue el poco apoyo de parte del Estado boliviano, que como consecuencia de la Guerra del Chaco con Paraguay atravesaba por una gran recesión económica. Pero aún así decidieron quedarse. La geografía y el clima tampoco les fueron cordiales. Así lo relata Alfred Leibssohn, que vino con esposa e hijo para cultivar tierras en Charobamba, pero le fue tan mal que tuvo que alimentarse por un tiempo solo de plátanos.

Es lo que menciona en uno de los cuadros que cuelga en una de las paredes del Museo Judío del pueblo, que fue inaugurado en febrero. “Este museo está dividido en dos partes: una con las fotos de la época de los primeros inmigrantes judíos, a los cuales se les otorgó una visa de agricultores y cuyo deseo era hacer el primer kibutz en Bolivia, y otra con fotos donde se muestran breves historias de seis familias que vivieron en Charobamba, así como sus condiciones de vida en aquellos años”, cuenta Linares.  Según evoca la exautoridad, los judíos contrataban a campesinos del altiplano para trabajar en la cosecha de cítricos, choclos, maíz y también en la producción de café, un producto al que consideraban estrella. “Ellos comercializaban con el café en la ciudad de La Paz, pero también tenemos entendido que lo mandaban al exterior como una mercancía deliciosa de los Andes bolivianos”, señala.

Estos migrantes, para su autoconsumo, también cultivaban diversos tipos de tubérculos además de criar aves de corral. Hacia 1942, el proyecto de colonización entró en su auge. En las haciendas vivían cerca de 200 personas entre judíos, campesinos agricultores y sus familias.

Sin embargo, la impracticabilidad de una producción agrícola tecnificada, el patrón de vida al que estaban acostumbrados los migrantes europeos y la imposibilidad de obtener suficientes ganancias determinaron el fracaso del proyecto, según el colono Hans Homburger. “No fue por falta de voluntad”, dice en otro de los carteles del museo. Los migrantes judíos se quedaron de tres a cuatro años en Charobamba. Según Bieber, para muchos de ellos, Bolivia significó un país de tránsito, pues la mayoría se fue a Israel, Argentina, Brasil o Estados Unidos. Pero en Charobamba quedó viva su memoria.

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