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Julio Mariaca Pando. El urbanista paceño olvidado

Fue de los primeros arquitectos que diseñó edificios monumentales de uso público para La Paz y, después, para Oruro, Sucre y Cochabamba. También fue pionero al proponer la unión de dos barrios paceños, Miraflores y Sopocachi, separados por el profundo lecho del río Choqueyapu. Sus obras se mantienen hasta hoy.

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 05 de mayo de 2013

Fue de los primeros arquitectos que diseñó edificios monumentales de uso público para La Paz y, después, para Oruro, Sucre y Cochabamba. También fue pionero al proponer la unión de dos barrios paceños, Miraflores y Sopocachi, separados por el profundo lecho del río Choqueyapu. Sus obras se mantienen en pie hasta hoy, salvo las que fueron demolidas, como su propia vivienda en la plaza Venezuela, sobre la avenida Mariscal Santa Cruz (hoy, edificio Hermann), cuyo diseño se basó, en parte, en un proyecto que él presentó. Sin embargo, su nombre ha quedado opacado por un contemporáneo suyo, Emilio Villanueva, seis años mayor que él, y por los arquitectos modernistas que vinieron después. Hoy, una calle secundaria que sale de la calle Villalobos, en Miraflores, está bautizada con su nombre: Julio Mariaca Pando.

Nació el 31 de enero de 1890 en La Paz, época en que la corriente neoclasicista importada de Europa ya había tomado forma de grandes edificios en Sudamérica, como el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile (1784-1805) o el de Gobierno en Quito, Ecuador (finales del siglo XVIII).

 Mariaca fue alumno del colegio San Calixto, que abrió sus aulas en 1882 en la que fuera la casa del Mariscal Andrés de Santa Cruz, en la calle Genaro Sanjinés. Cuando terminó su época de colegial, se marchó a Chile siguiendo el sueño de convertirse en arquitecto. Esta carrera todavía no existía por aquel entonces en Bolivia. Iba a ser Emilio Villanueva, que también se formó en el país vecino, quien haría que se independizasen los estudios de arquitectura de los de ingeniería, en 1943.  

En la Universidad de Chile, Mariaca obtuvo el título de ingeniero arquitecto. Permaneció en Santiago durante dos años, en los cuales trabajó en el estudio de uno de sus maestros, Palza Soliz. Cuando regresó a Bolivia entró a formar parte del equipo técnico del Ministerio de Fomento en el cargo de Director General de Arquitectura y Obras Públicas.

Era un “urbanista preocupado por resolver problemas de la ciudad de La Paz”, dice el decano de la Universidad Católica, José Costa Benavides, en el libro Arquitectura historicista. Ciudad de La Paz.

“Lo interesante de este hombre es que lo que aprendió y lo que vio, ejecutó. No cambió de tendencias, tenía una concepción lineal (...), algo valioso para un arquitecto porque muchos cambiaban de estilo. Y él, dentro de lo académico, fue lineal”, explica el también arquitecto y profesor de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Juan Carlos Araníbar. En el tiempo de Mariaca, el eclecticismo, corriente que mezcla elementos estructurales de diferente tipo de estilos, imperaba en Bolivia.

Según Araníbar, Mariaca Pando tenía un gran dominio de los tratados de arquitectura clásica, que plasmaba luego en sus obras, de las que destacan la Corte Suprema de Sucre y la Estación Central de trenes de La Paz.

Ese estilo constructivo llevaba ya tiempo practicándose en otros países de la región, en los que se hacían réplicas de monumentos europeos. “En Bolivia no existía esa situación”, indica Araníbar.  Aquí, la mayoría de las edificaciones carecían de monumentalidad (con excepciones, como las de los templos religiosos o el Palacio Presidencial). Durante las tres primeras décadas del siglo XX aparecen una serie de urbanistas: Villanueva, Adán Sánchez

—autor de obras como el Palacio de Justicia en La Paz—, Miguel Camponovo —creador del Palacio Legislativo, en la misma urbe— y Mariaca Pando, entre otros. Pero, “la historia de la arquitectura dio más posibilidades de ver y de valorar la arquitectura de Emilio Villanueva y se olvidaron de estos otros personajes que hicieron obras notables”, señala el docente de la UMSA. Además, el eclecticismo llegó tarde a Bolivia, casi a la par que las nuevas corrientes modernistas que barrieron con aquél.

En La Paz, Mariaca diseñó una de las dependencias del Ministerio de Economía y Finanzas, en la calle Bolívar esquina Indaburo (concebido para ser Contraloría del Estado), la casa Goitia (plaza Isabel la Católica), la Estación Central de trenes (Av. Manco Kápac), la Casa de España (avenida Camacho), el edificio de la Fundación Cultural del Banco Central (Ingavi esquina Yanacocha), las sucursales del Banco Nacional en Oruro y Cochabamba (y la del Central, en esta misma ciudad) y la Corte Suprema de Justicia en Sucre, forman parte del extenso currículum de Julio Mariaca Pando.

No sólo diseñó inmuebles: el primer proyecto del Puente de las Américas (que no se llevó a cabo) es suyo, así como el Estudio del Plan Maestro de Pavimentación para las vías de la ciudad y el Estudio de la Canalización y Alcantarillado del río Choqueyapu. Este último fue encargado por el director de Ingeniería de la municipalidad, Emilio Villanueva, a quien no terminó de convencerle la propuesta porque no seguía el curso natural del río. Finalmente, la aprobó, con variaciones. Las refacciones del Ministerio de Relaciones Exteriores y de los salones Rojo y de Honor del Palacio de Gobierno son de su autoría.

Su último trabajo fue la Casa de España. “Su relación con los españoles se había afirmado a través de la masonería que contaba con una logia ‘hispanoamericana’ en vigencia en la década del 30”, escribe la arquitecta Teresa Gisbert en Bolivia: la nueva sede de gobierno y los constructores catalanes de principios del siglo XX, artículo publicado en 1990 en el Boletín Americanista. La fachada del edificio es una réplica de la catedral de Alcalá de Henares, coinciden los arquitectos Araníbar y Gastón Gallardo. El edificio fue inaugurado en 1937, pero Mariaca había fallecido el año anterior, el día 23 de noviembre, a los 46 años.

Villanueva, Camponovo y Sánchez fueron cambiando sus estilos, influenciados por el modernismo. Mariaca fue fiel a lo clásico, con variantes, pero manteniendo su línea. “Por eso, sus edificios son imponentes”, sostiene Araníbar, quien aventura que, tal vez, si no hubiera muerto joven, el urbanista olvidado también hubiera evolucionado. “Las obras de esta persona pueden quedar como singulares y emblemáticas en el contexto arquitectónico de esta ciudad y este país, en el que no se tiene mucha memoria acerca de los temas arquitectónicos”.

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