Escape

Keila Pedrino

Dejó un buen trabajo en Brasil para dedicarse a los animales. Por amor vino a La Paz, donde ha creado una asociación que sensibiliza contra el maltrato a las mascotas. Samaritana de los animales

La Razón / GEMMA CANDELA

00:00 / 23 de septiembre de 2012

Con poco más de 25 años, había llegado a ser gerente general de una agencia de publicidad en Sao Paulo, tenía auto propio, casa... A punto de cumplir los 30, le vino una crisis: no tenía pareja ni hijos, su vida era tan sólo su carrera. Keila Pedrino (33 años) renunció y se fue dos meses de vacaciones al Reino Unido, a un pequeño pueblo cerca de Londres, donde vive su hermana. Necesitaba pensar.

Cuenta su vida sentada en el salón de su casa en La Paz, acariciando a su perro, Jack, mientras Noa, su gata, dormita sobre una silla. Dice que le encanta la creatividad del mundo de la publicidad, pero que su verdadera inclinación siempre fue otra. “Mi pasión, desde niña, ha sido la veterinaria”.

Recuerda que, junto a su madre, se pasaba la vida rescatando animales de la calle para buscarles dueño y, si era necesario, llevarles antes al veterinario.

Perros, gatos, canarios y hasta un mono vivieron en el patio de su casa.

Durante su estancia en el pueblo inglés, Keila veía las vacas, chanchos y otros animales de las granjas, y se dijo: “Es esto lo que quiero hacer”. Así que regresó a Brasil convencida de que pronto estudiaría veterinaria, sea en Inglaterra o en Estados Unidos.

Ya tenía la maleta casi lista cuando, por internet, conoció a un boliviano. Tras un mes de chatear, decidieron conocerse en la ciudad natal de Keila, Salvador de Bahía. “Nos enamoramos perdidamente”. Tanto que, pocas semanas después, ella vino a vivir a La Paz. Y eso que en aquel entonces sólo hablaba “portuñol”.

Hoy, dos años después, está en segundo curso de veterinaria y ha creado, junto a una amiga, Eureka, una organización civil que busca hogar a animales y trata de convencer a la gente de evitar el maltrato a las mascotas. A veces, tiene que alojar perros en un hotel para animales que hay en Bajo Següencoma, y eso implica gastar dinero. Es por eso que Keila ha combinado sus estudios con trabajos de modelo, para costear el hospedaje. En su casa de La Paz no tiene patio, como en Sao Paulo, en el que albergar a las criaturas que rescata.

Sus dos mascotas, que parecen no haber perdido detalle de esta charla, son adoptadas. Ambas eran maltratadas por sus dueños (a Jack le falta el ojo derecho por una paliza). Como le dice un amigo, Keila es la “samaritana de los animales”.

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