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Sutuwallo: La especie endémica de la hoyada

El hábitat natural de esta lagartija propia del valle paceño se ha visto afectado por el constante crecimiento urbano.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro ­Miranda

00:00 / 18 de enero de 2016

Cuando hablamos de animales típicos de Bolivia, las imágenes de la llama, el quirquincho, el flamenco, la parabá azul o el jukumari son recurrentes. Esto porque son especies ciertamente reconocidas, muchas de las cuales aparecen en  fotografías generadas y difundidas a partir de concursos sobre nuestra fauna. También llegamos a recordar aquellas especies que están extintas en la vida silvestre, como la chinchilla (Chinchilla chinchilla) o la boga (Orestias pentlandii). Pero cuando se habla de animales endémicos (aquellas especies que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo) son muchos los que se desconocen.

Sutuwallo es el nombre en aymara que los pobladores del altiplano y de los valles utilizan para denominar a las lagartijas pequeñas y escurridizas. Un grupo de herpetólogos (biólogos que estudian anfibios y reptiles) paceños, que también suman a un mexicano, se encuentra estudiando en la actualidad una de estas especies, con el interés de conocer más de su biología y monitorear sus poblaciones debido al rápido crecimiento y desarrollo urbano en los municipios de Achocalla, La Paz, Mecapaca y Palca, hábitat natural de este tipo de fauna.

A pesar de que se conocía sobre su existencia por los alrededores de la ciudad, la especie de sutuwallo endémico fue descrita formalmente por el biólogo Mauricio Ocampo y un grupo de colaboradores como una nueva variedad para la ciencia en 2012, bautizando al animal con el nombre de Liolaemus aparicioi (Ocampo et. al. 2012. Herpetológica 68(3): 410-417).

Esta especie se encuentra distribuida entre los 3.000 y 3.900 metros de altitud, en sectores predominantemente de tipo valle seco, es decir en zonas secas en las que se hallan cactus y arbustos espinosos nativos. La vista de la pequeña lagartija resulta familiar a los ojos citadinos que se alejan de la urbe. De color marrón y con líneas de color entre amarillas y negras a lo largo de su morfología, el sutuwallo mide entre cinco y seis centímetros de longitud del cuerpo, y hasta 17 centímetros si se considera además el largo de su cola.

El investigador James Aparicio, curador en jefe del área de Herpetología de la Colección Boliviana de Fauna (CBF), quien lleva más de 20 años estudiando anfibios y reptiles, y a quien se dedicó el nombre de la lagartija (Liolaemus aparicioi), indica que “muchas están aún por descubrirse, por lo que no se conoce casi nada de la biología de las especies. Los esfuerzos que se están haciendo en el área de Herpetología de la CBF permitirán proponer las bases para estrategias de conservación y encontrar financiamiento en el estudio del sutuwallo”.

Entre los hallazgos más importantes realizados por el equipo de investigadores están el análisis de su reproducción y comportamiento, y del uso de su hábitat, además de los requerimientos mínimos en el caso de su preservación de acuerdo con el tipo de ecosistema donde vive. Asimismo, el estudio de su biología térmica resulta importante para conocer cuán capaz es la especie para sobrellevar los impactos del cambio climático, así como también el monitoreo de sus poblaciones. El experimento realizado en Taypichullo, Jupapina, Llojeta y Taucachi, zonas donde por el momento aún se mantiene la especie, ha brindado información sobre su dinámica demográfica en ambientes naturales. “Estas experiencias nos han permitido adentrarnos y ampliar la información de la biología de la especie”. Además se investiga el impacto que causa el uso de tierra y la rápida urbanización del valle de La Paz. La experiencia estima que si no se establecen los recaudos necesarios, esta especie podría desaparecer debido a la presión que el hombre ejerce sobre su hábitat. De acuerdo con el estudio realizado, el cambio de la cobertura de uso de suelos en la primera década del presente siglo (2000-2010) constata un incremento de la estructura urbana (ciudad y pueblos) y cultivos que causaron una pérdida en el nicho ecológico del sutuwallo, entre un 36 y 4% respectivamente. Esto significa que del total de la superficie de distribución potencial de esta lagartija, quedaría a la fecha en un 52% o menos de área remanente con las condiciones apropiadas de hábitat para mantener sus poblaciones.

“Lo preocupante es la presión ambiental que tienen sus poblaciones, en primer lugar debido a que la urbanización que está avanzando hacia las laderas y desde el norte hacia el sur, y en segundo lugar, el posible efecto del calentamiento global, que está afectando poblaciones de lagartijas en el ámbito mundial, que de seguro también afectará a esta especie. Esto se debe al aumento de temperaturas en sitios de menor altitud como Mecapaca, uno de los últimos sitios donde habita la lagartija, lo que ocasionaría el desplazamiento de la misma hacia sectores donde hace más frío, es decir a sitios de mayor altitud. Entonces es muy posible que por estos dos factores sumados a largo plazo tengamos el riesgo de perderla”, indica Ocampo. “Hace 20 años se la podía encontrar por zonas como Miraflores, es decir dentro de la ciudad, pero a la fecha parece que gran parte de su hábitat natural ha sido afectado”, dice el investigador Luis Pacheco, haciendo referencia a la información provista en el libro Historia natural del valle de La Paz, cuya primera edición es de 1992.

“Para nuestra sorpresa se encontró una población de lagartijas en lo que es actualmente parte de la ciudad, al lado de la zona de Llojeta.Lamentablemente, la urbanización está afectando un sector donde todavía se conserva las características de flora y fauna propias de un valle seco, además del tipo de paisaje y formación “badlands” (similar al valle de la Luna) en que se encuentra el sitio. Por otro lado, no es el único lugar donde se halla amenazada la especie, también se observa que camino a Mallasa se están habilitando zonas para la construcción de viviendas, en áreas naturales con características de hábitat propicias para el sutuwallo”, explica el también biólogo Álvaro Aguilar.

El rápido crecimiento y desarrollo urbano podría considerarse como indicador de progreso de las sociedades. Pero hay algo que se pierde. Y esa avería es irreparable.

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