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Lienzos carnales

La ciudad de La Paz fue ‘tomada’ por tatuadores de varios países, en una muestra de que la sociedad empieza a romper tabúes

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 23 de noviembre de 2014

Rrrrrrrrrrrr” resuena en todo el Club de La Paz. Se asemeja al sonido de las máquinas de los dentistas y se lo escucha en todos los rincones (sí, la piel se eriza al recordarlo). De cerca parece un toque eléctrico permanente (sí, también se eriza la piel, y mucho más). Sin embargo, para los clientes es soportable y hasta agradable, pues se trata de grabarse en la piel algún símbolo, un nombre o una imagen.

Desde las 10.00 hay gente sentada en las gradas del edificio esperando la apertura del encuentro de tatuadores, desde jóvenes hasta mayores, algunos con un papel en la mano, donde está el diseño de lo que quieren grabarse. Otros aguardan a los tatuadores para confirmar la obra de arte.

Desde las 11.00, cuando se abren las puertas del recinto, se escucha ese sonido (“rrrrrrrrr”) que sale de las máquinas, mientras los tatuadores lucen atentos a cada línea y color que graban.

Así fue cada una de las jornadas de Art Tattoo Bolivia Convention 2014, que se realizó del 7 al 9 de noviembre en la ciudad de La Paz. “Lo que yo hago es arte en la piel; a pesar de que mucha gente no lo considera un arte, yo sí. Mi misión es ésa, en este mundo quiero que el tatuaje se vea como un arte”, afirma Agustín Gunnar Quispe Sanjinés, propietario del estudio Gunn-Art y organizador de este encuentro que reunió aproximadamente a 160 artistas nacionales y extranjeros que se dieron cita en la hoyada.

El tatuaje se lleva a cabo penetrando la piel con una aguja e inyectando tinta en la zona, generalmente para crear algún tipo de diseño. La razón por la que estos grabados duran tanto es porque son profundos: la tinta no se inyecta en la epidermis (la capa superior de la piel que se cambia durante toda la vida).

Por el contrario, se introduce en la dermis, que es la segunda capa de piel, más profunda. Las células de la dermis son muy estables, por lo tanto, el tatuaje es prácticamente eterno.

La historia del tatuaje se remonta a la Edad de Piedra. En 1991 se encontró en un glaciar a un cazador de la era Neolítica que tenía la espalda y las rodillas tatuadas. Según la historia, el tatuaje con data más antigua correspondía a la sacerdotisa egipcia Amunet, quien vivió en Tebas cerca de 2000 antes de Cristo.

Los antiguos pobladores de la Polinesia fueron los primeros en grabarse motivos en la piel. Los hombres se tatuaban hasta tal punto que no quedaba un lugar vacío en su cuerpo. En las Islas Marquesas creían que un cuerpo sin tatuar era un cuerpo estúpido. Tenían un profundo significado erótico sexual y también uno religioso, porque para ellos la piel tatuada era una armadura de protección física y espiritual.

Los nazis, en sus campos de exterminio, tatuaban a los prisioneros para identificarlos y humillarlos, pues la ley judía prohibía las marcas en el cuerpo.

Sin prejuicios

En las paredes de cada stand hay imágenes de toda clase, desde mariposas, flores, diferentes tipos de letra, diseños celtas u orientales, hasta calaveras, animales y seres de fantasía. En las mesas de los stands hay carpetas en las que se puede encontrar varios diseños. La variedad es para todos los gustos: geométricos, new skull, neotradicionales, black & gray, tribales, bioorgánicos, realismo…

Entre el público que asiste también hay de todo. Jóvenes, adultos, niños y personas de la tercera edad, de ambos sexos. María Luisa viste una polera negra, tiene los brazos tatuados y lleva el cabello rojo y corto. Es conocida por Gunnar y varios de la convención, pues la saludan con cariño y respeto. Tiene más de 60 años. “Hace tiempo que tengo este tatuaje”, cuenta María Luisa, quien revela que se animó a lucir los grabados porque se los hicieron su hija y su yerno. En el brazo izquierdo cuenta con el símbolo Om, el sonido sagrado de Dios, y la imagen de un ovni. En el brazo derecho está tatuado “el jefe de los ángeles”.

“Lindo es, quisiera que me hagan uno en la espalda”, confiesa mientras se despide de sus amigos del Art Tattoo Bolivia.

En otro ambiente, Juan José Calancha camina entre los tatuadores y las demás personas que miran los diseños y las obras de arte en la piel. Él cuenta que se hizo el primer tatuaje a los 20 años, después de que falleciera su padre. “Ha sido una forma de recordarlo, porque mi papá tenía tatuajes”, recuerda este contador de 38 años.

Juan José tiene esposa y un hijo, y trabaja en Recursos Humanos de una empresa, por lo que cree que se quedará con los 12 grabados que ya tiene en la piel. “Tal vez por la edad, por el trabajo y por los hijos, ya no te dejan”, afirma, aunque no deja de mirar los catálogos de uno y otro puesto.

Stanley Vega se tatuó durante la convención un dragón en forma de S porque sabe que en el encuentro hay artistas especializados. Este abogado considera que “estamos saliendo del esquema del tatuaje solo para los ‘rebeldes’”, por ello, uno de sus brazos refleja su apego por esos seres casi mitológicos a los que rinde culto.

Estigma

Con respecto a los prejuicios, el tatuador cruceño Erwin Aguilera cree que se están rompiendo algunos tabúes. “Él es abogado y se tatúa, los médicos se tatúan, todos los profesionales, ya no se ve como vandalismo, se está viendo como estética y como arte. Eso es lo importante”, dice.

Sin embargo, Franklin Espinoza, del estudio Imagen Mundo Tattoo, considera que aún se mantienen esos prejuicios. “Como en Bolivia, todavía el tatuaje es considerado un tabú, lo siguen relacionando con la delincuencia, entonces, algunas personas que trabajan en los bancos evitan tatuarse las manos o el cuello por el empleo que tienen”, señala y agrega que “un tatuaje nunca se lo debe hacer por moda, no hay moda en los tatuajes porque la moda pasa y el tatuaje se mantiene por toda la vida”

Otro tatuador cruceño, Fernando Áñez, cuenta que en la actualidad los varones de Santa Cruz prefieren tatuarse los diseños del luchador de la WWE La Roca (Dwayne Johnson) y símbolos de la Polinesia.

“A ellos les gusta hacerse tatuajes tipo La Roca. Ahorita está de moda el maori, todo el mundo quiere parecerse a La Roca, por la influencia de la tele”, asegura.

“Rrrrrrrrrrrrrrrrrr”. En una de las esquinas, Gabriela Gutiérrez está con guantes de látex, barbijo y una linterna frontal. Mientras termina de tatuar los nombres Diego Arroyo y unos signos musicales en el brazo de… Diego Arroyo, ella asegura que se trata de la primera mujer tatuadora del país. “Hace siete años que hago tatuajes y hace 12 que hago pintura surrealista. Todo empieza con el dibujo, la pintura, así de a poco uno se va integrando en las culturas, como la oriental, dragón, el koi, la flor de loto. Para mí, todo tiene un significado espiritual, porque cuando uno se tatúa algo, también repercute esa energía en el cuerpo”, explica Gabriela, del estudio de arte corporal Gaba Tattoo. “No recomiendo tatuarse nombres de pareja. Cuando eres chango y te tatúas el nombre de tu chico o chica es jodido porque ese nombre está encima de ti, no te deja ser tú mismo”, añade con respecto a la energía que transmite este arte en la piel.

“Lo más importante de esta convención es que se han realizado los talleres de aprendizaje para los artistas tatuadores de Bolivia con varios representantes del exterior”, expresa Gunnar Quispe, quien resalta que se llevó a cabo el primer tatuaje en el ojo en Bolivia y la cobertura periodística de la revista mundial Tattoo Society.

“Para mí, la piel es un lienzo vivo, es como tener una exposición móvil”, sostiene Gunnar, quien califica el Art Tattoo Bolivia Convention 2014 de todo un éxito, por lo que se está preparando la edición de 2016.

“Rrrrrrrrrrrrrrrrrr” se escucharon durante los tres días de la convención, que fue una demostración de que se están perdiendo los prejuicios en el país, que no hay edad para plasmarse los grabados y que todavía falta mucho por descubrir y muchos mitos por desechar en este mundo de los tatuajes. Ha sido realmente un encuentro que marcó huella en La Paz.

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