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Luis Carrión

Debutó como cantante en las emisoras de radio. Gracias a eso, Los Payas lo invitaron a formar parte de su grupo en los 60. Hace 48 años que se consolidó como solista de ritmos bolivianos. Folklorista de corazón.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 21 de septiembre de 2014

Aunque estudió Dibujo Técnico en la Escuela Pedro Domingo Murillo, Luis Carrión casi no se dedicó a ejercer esta profesión porque optó por el arte: la composición y la música es lo suyo.

“Desempeñé lo que había estudiado solo cuando trabajé en una empresa de muebles, donde hice diseños para que la fábrica pudiera venderlos”, cuenta.

Explica además que un dibujante técnico puede diseñar muebles, en este caso, o copiar tal como es el modelo original que se le pida, esto para adaptar los materiales que le llegue del exterior a la fábrica.

Desde muy pequeño, Luis era un aficionado a la composición, sin contar que las visitas que iban a su casa no podían irse sin antes haber escuchado su canto.

“Para mí era algo natural porque yo siempre cantaba. Aprendía con facilidad lo que cantaba mi mamá y en un instante ya sabía la letra. Además tampoco me daba vergüenza cantar ante la gente”.

Por esa afición que tenía, sus parientes lo llevaron a la radio, donde ofreció sus primeras presentaciones ante un público que iba más allá de sus familiares o amigos.

“Mis primeras presentaciones fueron en emisoras como la Amauta. En ese tiempo siempre presentaban a los artistas nacionales”.

La radio coadyuvó para que su voz resonara en los oídos de Los Payas, que lo invitaron a formar parte de su grupo en 1966.

“Este grupo, famoso en los 60, me convirtió en uno de sus integrantes. Además de cantar, tocaba el bombo, en una primera instancia, y luego pasé a la quena”.

Luis permaneció en este grupo por cinco años. Luego, decidió dar el salto para ser solista. Empezó en 1972 con una gira que lo llevó por primera vez al Perú y al año siguiente grabó su primer disco.

Con 67 años, Luis asegura que le faltan solo dos para las bodas de oro de su carrera artística, las cuales piensa festejar con una nueva producción para el deleite de su público.

“El nuevo disco va a contener una gran variedad de ritmos bolivianos”, dice orgulloso.

Este incansable promotor de nuestro folklore recuerda que su primera composición fue una kullawada llamada Elizabeth, dedicada a una quinceañera que le gustaba allá por los 70.

“Este tema —que me valió muchos reconocimientos en el interior y exterior— ha hecho que la  danza de la kullawada se baile en la ciudad. Antes de que yo la grabara, solo se la bailaba en las poblaciones”.  

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