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Luis Muñoz Cabrera

La inquietud por aportar algo dentro del sistema en el que vivimos hizo que este vallegrandino preparara las maletas para irse con una ONG a Guatemala. Ingeniero ambiental y voluntario.

La Razón (Edición Impresa) / Gemma Candela

00:00 / 02 de marzo de 2014

Tras cinco años trabajando en gestión ambiental dentro del sector petrolero, el vallegrandino Luis Eduardo Muñoz Cabrera, de 28 años, decidió dejar a un lado la Ingeniería Ambiental para dedicarse al trabajo social y a la agroecología. “Nada de lo que hacía callaba esa incomodidad mental que me indicaba que algo estaba haciendo mal”, cuenta por correo electrónico. Ese “ruido” en su cabeza se transformó en pensamientos altruistas y  decidió postular como voluntario profesional para participar en un proyecto de la ONG América Solidaria.

Desde hace 11 meses vive en Macalajau, una comunidad a media hora del municipio de San Miguel de Uspantá, en el departamento guatemalteco de El Quiché. Allí trabaja en el proyecto  Huertos Familiares y Comunitarios para el Autoconsumo junto con otra voluntaria chilena, con la que comparte una casa-oficina.

Tras una etapa de evaluación de las carencias económicas y, sobre todo, nutricionales de los casi 400 beneficiarios del proyecto, comenzaron capacitaciones de los lugareños. Actualmente, cada una de las 62 familias de Macalajau tienen un huerto. Pero eso no es suficiente, señala Luis: siempre aparecen nuevas necesidades. Por ejemplo, ahora está buscando fondos para construir un parque infantil, algo inexistente en la comunidad, y para comprar una máquina de coser de segunda mano que posibilite que las mujeres trabajen para pagarse sus estudios y evitar la deserción escolar. Además, hace falta un generador de luz, pues el 99% de la comunidad no tiene electricidad.  “Esto es algo muy personal fuera de los objetivos de nuestro proyecto, que se limita a la alimentación”, cuenta Luis, quien ha enviado mensajes masivos a través de internet para lograr reunir los recursos (Bs 18.300)  que hagan realidad esos planes para la comunidad.

En su anecdotario está aquel día en que halló cerámicas mayas cavando un huerto; también esa vez que, haciendo rapel, se quedó colgado a 50 metros de altura durante 15 minutos y cuando le picó una avispa en el ojo mientras hacía una fumigación. “Al retornar a Bolivia me gustaría poner en práctica todos los conocimientos aprendidos en Guatemala”. Como construir una casa lo más ecológica posible y ser autosustentable. El “ruido mental” se ha convertido en una certeza: “El voluntariado crea un cambio en el entorno y otro muy importante en el ámbito personal”.

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