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Machu Picchu: Retratos de alturas milenarias con la app de iPhone

Estos fragmentos del poema ‘Canto General’ de Pablo Neruda inspiraron al fotógrafo Patricio Crooker.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 27 de julio de 2014

VI

Entonces en la escala de la tierra he subidoentre la atroz maraña de las selvas perdidashasta ti, Machu Picchu.

Alta ciudad de piedras escalares,por fin morada del que lo terrestreno escondió en las dormidas vestiduras.

En ti, como dos líneas paralelas,la cuna del relámpago y del hombrese mecían en un viento de espinas.

Madre de piedra, espuma de los cóndores.

Alto arrecife de la aurora humana.

Pala perdida en la primera arena.

Ésta fue la morada, éste es el sitio: aquí los anchos granos del maíz ascendierony bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuñaa vestir los amores, los túmulos, las madres,el rey, las oraciones, los guerreros.

Aquí los pies del hombre descansaron de nochejunto a los pies del águila, en las altas guaridascarniceras, y en la aurorapisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida,y tocaron las tierras y las piedrashasta reconocerlas en la noche o la muerte.

Miro las vestiduras y las manos,el vestigio del agua en la oquedad sonora,la pared suavizada por el tacto de un rostroque miró con mis ojos las lámparas terrestres,que aceitó con mis manos las desaparecidasmaderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas,palabras, vino, panes,se fue, cayó a la tierra. (...)

VII

Muertos de un solo abismo, sombras de una hondonada,la profunda, es así como al tamañode vuestra magnitudvino la verdadera, la más abrasadoramuerte y desde las rocas taladradas,desde los capiteles escarlata,desde los acueductos escalaresos desplomasteis como en un otoñoen una sola muerte.

Hoy el aire vacío ya no llora,ya no conoce vuestros pies de arcilla,ya olvidó vuestros cántaros que filtraban el cielocuando lo derramaban los cuchillos del rayo,y el árbol poderoso fue comidopor la niebla, y cortado por la racha.

Él sostuvo una mano que cayó de repentedesde la altura hasta el final del tiempo. (...)

Cuando la mano de color de arcilla

se convirtió en arcilla, y cuando los pequeños párpados se cerraronllenos de ásperos muros, poblados de castillos,y cuando todo el hombre se enredó en su agujero,quedó la exactitud enarbolada:el alto sitio de la aurora humana:la más alta vasija que contuvo el silencio:una vida de piedra después de tantas vidas.

VIII

Sube conmigo, amor americano.

Besa conmigo las piedras secretas.

La plata torrencial del Urubambahace volar el polen a su copa amarilla.

Vuela el vacío de la enredadera,la planta pétrea, la guirnalda durasobre el silencio del cajón serrano.

Ven, minúscula vida, entre las alasde la tierra, mientras —cristal y frío, aire golpeado— apartando esmeraldas combatidas,oh agua salvaje, bajas de la nieve.

Amor, amor, hasta la noche abrupta,desde el sonoro pedernal andino,hacia la aurora de rodillas rojas,contempla el hijo ciego de la nieve.

Oh, Wilkamayu de sonoros hilos,cuando rompes tus truenos linealesen blanca espuma, como herida nieve,cuando tu vendaval acantiladocanta y castiga despertando al cielo,qué idioma traes a la oreja apenasdesarraigada de tu espuma andina?

Quién apresó el relámpago del fríoy lo dejó en la altura encadenado,repartido en sus lágrimas glaciales,sacudido en sus rápidas espadas,golpeando sus estambres aguerridos,conducido en su cama de guerrero,sobresaltado en su final de roca?

Qué dicen tus destellos acosados?

Tu secreto relámpago rebeldeantes viajó poblado de palabras?

Quién va rompiendo sílabas heladas,idiomas negros, estandartes de oro,bocas profundas, gritos sometidos,en tus delgadas aguas arteriales?

Quién va cortando párpados floralesque vienen a mirar desde la tierra?

Quién precipita los racimos muertosque bajan en tus manos de cascadaa desgranar su noche desgranadaen el carbón de la geología?

Quién despeña la rama de los vínculos?

Quién otra vez sepulta los adioses?

Amor, amor, no toques la frontera,ni adores la cabeza sumergida:deja que el tiempo cumpla su estaturaen su salón de manantiales rotos,y, entre el agua veloz y las murallas,recoge el aire del desfiladero,las paralelas láminas del viento,el canal ciego de las cordilleras,el áspero saludo del rocío,y sube, flor a flor, por la espesura,pisando la serpiente despeñada.

En la escarpada zona, piedra y bosque,polvo de estrellas verdes, selva clara,Mantur estalla como un lago vivoo como un nuevo piso del silencio.

Ven a mi propio ser, al alba mía,hasta las soledades coronadas.

El reino muerto vive todavía.

Y en el Reloj la sombra sanguinariadel cóndor cruza como una nave negra.

IX

Águila sideral, viña de bruma.

Bastión perdido, cimitarra ciega.

Cinturón estrellado, pan solemne.

Escala torrencial, párpado inmenso.

Túnica triangular, polen de piedra.

Lámpara de granito, pan de piedra.

Serpiente mineral, rosa de piedra.

Nave enterrada, manantial de piedra.

Caballo de la luna, luz de piedra.

Escuadra equinoccial, vapor de piedra.

Geometría final, libro de piedra.

Témpano entre las ráfagas labrado.

Madrépora del tiempo sumergido.

Muralla por los dedos suavizada.

Techumbre por las plumas combatida.

Ramos de espejo, bases de tormenta.

Tronos volcados por la enredadera.

Régimen de la garra encarnizada.

Vendaval sostenido en la vertiente.

Inmóvil catarata de turquesa.

Campana patriarcal de los dormidos.

Argolla de las nieves dominadas. (...)

X

Piedra en la piedra, el hombre, dónde estuvo?

Aire en el aire, el hombre, dónde estuvo?

Tiempo en el tiempo, el hombre, dónde estuvo?

Fuiste también el pedacito rotode hombre inconcluso, de águila vacíaque por las calles de hoy, que por las huellas,que por las hojas del otoño muertova machacando el alma hasta la tumba?

La pobre mano, el pie, la pobre vida...

Los días de la luz deshilachada

en ti, como la lluviasobre las banderillas de la fiesta,dieron pétalo a pétalo de su alimento oscuroen la boca vacía?

Hambre, coral del hombre,hambre, planta secreta, raíz de los leñadores,hambre, subió tu raya de arrecifehasta estas altas torres desprendidas?

Yo te interrogo, sal de los caminos,muéstrame la cuchara, déjame, arquitectura,roer con un palito los estambres de piedra,subir todos los escalones del aire hasta el vacío,rascar la entraña hasta tocar el hombre.

Machu Picchu, pusistepiedra en la piedra, y en la base, harapos?

Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima?

Fuego en el oro, y en él, temblando el rojogoterón de la sangre?

Devuélveme el esclavo que enterraste!

Sacude de las tierras el pan durodel miserable, muéstrame los vestidosdel siervo y su ventana.

Dime cómo durmió cuando vivía.

Dime si fue su sueñoronco, entreabierto, como un hoyo negrohecho por la fatiga sobre el muro.

El muro, el muro! Si sobre su sueñogravitó cada piso de piedra, y si cayó bajo ellacomo bajo una luna, con el sueño!

Antigua América, novia sumergida,también tus dedos,al salir de la selva hacia el alto vacío de los dioses,bajo los estandartes nupciales de la luz y el decoro,mezclándose al trueno de los tambores y de las lanzas,también, también tus dedos,los que la rosa abstracta y la línea del frío, losque el pecho sangriento del nuevo cereal trasladaronhasta la tela de materia radiante, hasta las duras cavidades,también, también, América enterrada, guardaste en lo más bajoen el amargo intestino, como un águila, el hambre?

Texto: Fragmento del poema Alturas de Machu Picchu del Canto general de Pablo Neruda

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