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Maldición de isla: Al sur de Italia, un extraño conjuro vive entre las olas

A principios del siglo XIX, el islote fue habitado por un ermitaño que vivía gracias a la limosna de los pescadores.

La Razón Digital / Agencias

00:00 / 07 de septiembre de 2014

Debe ser uno de los lugares más maravillosos del planeta y, a la vez, es uno de los más siniestros. Infortunio y felicidad. Cielo e infierno. Todo en un área marina protegida de cerca de 42 hectáreas en el Golfo de Nápoles, Italia, en cuyas aguas una pequeña isla llamada Gaiola es terreno firme para un rosario de historias de lo más tenebrosas y que, a pesar de su belleza, hace que permanezca actualmente deshabitada.

Esta pequeña porción de tierra debe su nombre a las cavidades que salpican la costa de Posillipo (del latín cavea “pequeña cueva”, y luego a través del dialecto “Caviola”). Originalmente, la pequeña isla era conocida como Euplea, dios protector de la seguridad de la navegación, y en el lugar se levantaba un pequeño templo dedicado a Venus. Hay también varias otras ruinas de la época de los romanos. De hecho, por debajo de los islotes en el agua varias estructuras romanas son en la actualidad el hogar de criaturas marinas. Algunos creen que el poeta Virgilio enseñó en esta pequeña roca. La isla consta de dos impresionantes y serenos islotes. Uno de los islotes tiene una gran villa residencial y el segundo, que se encuentra a pocos metros, está deshabitado y se conecta con el primero a través de un enigmático puente de roca en arco. Situada en la frontera sur de Posillipo y muy cerca de la costa napolitana —a unos 30 metros de distancia—, Gaiola es de fácil acceso.

A principios del siglo XIX, la isla estaba habitada por un ermitaño apodado El Mago, que vivía gracias a la limosna de los pescadores. Poco después se construyó la villa que la ocupa hoy en día y que en un tiempo fue propiedad de Norman Douglas, autor del libro Tierra de la sirena.

La población de Nápoles empezó a considerar a Gaiola una “isla maldita”, debido a que detrás de su belleza se empezó a tejer un oscuro pasado. Esta fama le viene debido a la prematura muerte de sus propietarios y otros incidentes ocurridos. Por ejemplo, el 12 de agosto de 1911, el crucero San Giorgio, de la marina italiana, recién salido de los astilleros de Castellammare di Stabia, se estrelló “a toda velocidad” contra la isla Gaiola.

Las desgracias en serie empezaron por la década de 1920, cuando el entonces propietario, un suizo llamado Hans Braun, fue encontrado muerto y envuelto en una manta. El profesor había construido un teleférico para conectar la isla con la playa. Una noche, sin embargo, el teleférico fue alcanzado por un rayo mientras llevaba a su esposa, Elena von Parish, quien cayó al agua y se ahogó. El marido fue encontrado al día siguiente en una alfombra, con la cabeza perforada por una bala.

Un amigo, Otto Grumbach, que estaba de invitado en la casa, se vio tan afectado por el incidente que también se suicidó poco tiempo después de regresar a Alemania. Pronto la isla fue reconocida popularmente como una isla maldita; y los acontecimientos que siguieron alimentaron aún más esta leyenda.

El siguiente propietario, Maurice Sandoz, propietario de una famosa compañía farmacéutica, vivió en la isla hasta 1950, pero terminó en una clínica psiquiátrica donde se suicidó convencido de que acabaría en bancarrota. El siguiente propietario, el barón alemán Karl Paul Langheim, un industrial del acero, quiso renovar el enclave a principio de los 60 organizando numerosas fiestas y reuniones sociales; un periodo tan brillante que le enviaría rápidamente a la ruina, después de su gusto por las fiestas con jovencitos napolitanos.

La isla también ha pertenecido a Gianni Agnelli, el dueño de Fiat, cuyo único hijo se suicidó. Después de la prematura muerte de su hijo, Gianni había comenzado a preparar a su sobrino Umberto Agnelli para dirigir Fiat, pero Umberto también murió de un cáncer poco frecuente a la prematura edad de 33 años. Y el último dueño de la isla, Gianpasquale Grappone, fue encarcelado cuando su compañía de seguros quebró. Ese pasado y esas oscuras circunstancias han hecho que sea considerada una isla maldita.

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