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Manos que moldean ekekos: Víctor Rodríguez, un maestro del yeso

Se definen como los yeseros, son artesanos que mantienen la tradición no solo de Alasita, sino de las ferias  en todo el país.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Chávez

00:00 / 26 de enero de 2014

El taller de la calle Los Andes en Villa Tunari de El Alto quedó chico y fueron habilitadas habitaciones de ladrillo visto en la casa de tres pisos para cobijar a vírgenes,  nacimientos,  elefantes,  caballos,  perros,  búhos ,  minions,   angry birds,  Sullivan,  Mario Bros. y  sus amigos —y enemigos—, Naruto y, por supuesto, al Ekeko y las alcancías tradicionales de la feria de Alasita. De las manos de Víctor Rodríguez surgen uno a uno estos personajes que alimentan las fantasías de los niños o adornan casas familiares.

Hace algo más de 30 años, el amor hizo que Víctor cambie las tijeras y el traqueteo de la máquina de coser por el estuco, los moldes y los pinceles.

Cautivado por Gladys dejó el rubro de la costura para ser yesero, el oficio que le dio un futuro. “Más allá de los problemas que siempre aparecen en todos los trabajos, creo que yesero voy a morir”, dice inflando el pecho y acariciando uno de los ekekos que están listos para ser embalados con papel periódico.

Pero para alcanzar esas certezas el artesano cuenta que tuvo que pasar por el difícil camino de la autoformación porque cuando empezó no tenía idea de lo que era hacer una figura en yeso ni que el proceso comenzaba bastante antes de mezclar el estuco con el agua. Primero hay que elaborar un molde de goma.

 “Soy empírico, no sabía nada de este negocio. La afición empezó al ver a los yeseros. Con la familia de mi esposa somos de los viajeros, los que llevan las figuras a las otras ciudades y hasta fuera del país, ahí me acerqué a este arte hasta alcanzar todo el conocimiento”, cuenta.

Más allá del cambio de oficio hay algo en Víctor y su esposa que los lleva al lado de la artesanía, ambos son de la zona del lago, muy cerca de Copacabana, donde las manufacturas de figuras y tejidos son muy requeridas por los peregrinos y los turistas. Con esa habilidad innata su trabajo se le hace más simple, tanto para moldear como para pintar cada una de las piezas.

El hecho de pertenecer a la Federación de Yeseros Viajeros al Interior y al Exterior del País le permite a Víctor, como al resto de sus colegas afiliados, trabajar todo el año para abastecer con sus figuras a todas las ferias que se realizan en otras ciudades, hasta llegan a Puno y otras ciudades del sur de Perú y norte de Chile.

“Damos vueltas como gitanos. Después del 24 (día en que se inauguró la Alasita), nos preparamos para Carnaval en Oruro, luego Tarija, Quillacollo,  Cochabamba, Santa Cruz y Navidad. Todo el año estamos activos para mantener el oficio y sostener a la familia”, detalla.

Aunque tiene un puesto en la Alasita, su negocio consiste en la venta al por mayor, por eso su producción es casi industrial “sin afectar el cariño que se debe poner en cada figura para que salga bien”.

Como un niño en el vientre de una madre, cada figura tiene un proceso de gestación. Y aunque a primera vista el estuco es la materia prima —el Huancapampa es considerado el ideal para alcanzar la solidez necesaria, “es el que tiene más aguante”—, el primer paso es la elaboración de los moldes de látex. Víctor dice que hay quienes prefieren usar la cola que se usa en la carpintería, pero él desarrolló la habilidad de moldear el látex a su gusto, incluso las texturas de la piel del animal o la figura que va a moldear.

Con la moldura lista comienza el proceso del yeso, la mezcla de estuco y agua. La consistencia debe ser casi líquida para que pueda deslizarse sin dificultad sobre la superficie de látex engrasada. La habilidad consiste en que la sustancia pastosa ingrese a todos los rincones del recipiente para lo que se hace necesario mecer la pieza de manera rítmica y sostenida, hasta que se alcance un grosor uniforme en toda la figura y que el interior quede hueco, sea para alcancía o adorno. Si es todo yeso, compacto, queda pesado y dificulta el traslado. Luego se deja secar hasta que alcance cierta consistencia.

Posteriormente, se  saca la pieza del molde y se la deja que seque con el aire del ambiente.

En esta época, ese trabajo se complica por la humedad, es por eso que la mayoría de las figuras que se comercializan en Alasita fueron gestadas entre abril y agosto del año pasado. La pintura y los detalles son los que se que hacen uno o dos meses antes. Seca rápido porque es al aceite y se puede mezclar con gasolina o thinner.

Cada año hay una innovación que facilita el trabajo o mejora la calidad de las piezas, a eso y a las imágenes de moda están atentos Víctor y sus tres ayudantes.

Para la Alasita hay dos figuras que son consideradas estrellas: el Ekeko y las alcancías. Si bien Víctor vive de comercializar al dios de la abundancia, él reconoce que no sigue la tradición. No tiene uno, por tanto, no le hace fumar para pedir que se cumplan sus deseos. A diferencia de algunos de sus colegas él prefiere no recargarlo de modernidad, opta por dotarlo de alimentos y materiales de construcción para que no falte el sustento diario ni el bienestar que da una vivienda, mejor si es propia.

Los chanchitos son un clásico de las alcancías, el yesero cree que nunca desaparecerán, por eso no teme en incluir figuras de moda, especialmente de las series y películas infantiles. Para este año, la novedad son los minions, las pequeñas criaturas amarillas que aparecen en los filmes Mi villano favorito y que algunos los identifican como píldoras o garrafas. Las otras imágenes que seguramente serán requeridas son las de los Angry birds, los pájaros y los cerdos del famoso juego que nació para los teléfonos inteligentes y que se extiende por internet y todos los dispositivos móviles. A éstos se suman Sullivan o Sully de Monsters University y Naruto, el héroe de la serie de animé japonés.

Pese a esas novedades que serán demandadas por el público, especialmente los niños, están los clásicos perritos, caballos y búhos que son más ornamento.

Decenas de estas pequeñas estatuas son pintadas cuidadosamente por Víctor y sus tres ayudantes. Es al explicar este proceso que se pone un tanto nostálgico y no duda en sumergirse en medio de piezas de yeso para buscar, hasta encontrar, el primer molde que hizo para la figura de Ekeko. Hace lo mismo, aún a riesgo de mandar al suelo a varias imágenes, hasta dar con su primera compresora. Un pequeño artefacto de no más de 15 centímetros de diámetro que funciona a corriente 110. “En todo El Alto la corriente ya es 220 porque si hubiera 110 seguiría soplando”, dice sin dudar mientras muestra orgulloso el dispositivo.

Si bien este negocio comenzó junto a una familia, Víctor cuenta con el apoyo incondicional de su esposa, su hija mayor ya se tituló y dejó la yesería y su hija menor le ayuda cuando los afanes de la universidad le dejan un poco de tiempo.

Es así que para impulsar el negocio Víctor cuenta con tres ayudantes, Álex, Álvaro y Juan. Ellos desarrollan sus habilidades para moldear el estuco o pintar las figuras.

Él espera dejar en ellos algo de la pasión por el yeso porque en la actualidad se le hace difícil conseguir personal con esa habilidad y paciencia. Lamenta que la albañilería le deje sin mano de obra.

“No se trata de trabajar por trabajar, a uno le tiene que gustar este arte y darle su toque. La gente tiene diferentes gustos y en cada viaje veo que los compradores saben apreciar lo que se hace con cuidado, con cariño”, reflexiona.

Después de todo el proceso de elaboración de las figuras, éstas son envueltas con papel periódico y son empacadas en cajas de cartón para llevarlas a vender al por mayor, las que se queden las comercializarán pieza por pieza en el puesto que la esposa de Víctor tiene en la Alasita.

Como si tuvieran vida propia, las imágenes parecen aguardar en silencio a que las pinten y las que ya están coloridas, a que las empaquen. Enfiladas unas tras otras, asemejan a ejércitos listos para librar una batalla. No deja de llamar la atención que son Víctor, Álvaro, Álex y Juan  quienes arman este cuadro que, prácticamente domina la estructura de tres pisos, donde todo hace referencia al estuco, a sus formas que son dominadas con maestría y a una tradición que, lejos de dar paso a otros objetos, mantiene el espíritu de la Alasita, de su dios de la abundancia y de las imágenes que dan vida a esta feria.

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