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Mao Tse-tung : ‘Los sistemas de gobierno pueden dividirse en dos tipos: el centralismo democrático y el centralismo absoluto’

’El comunismo de Mao otorga un papel especial a la clase campesina como motor de la revolución imprescindible en la lucha de clases.

Ideal. Mao asumió los planteamientos del marxismo-leninismo pero con  matices propios basados en las características de la sociedad china, muy diferente de la europea. Foto: washingtontimes.com

Ideal. Mao asumió los planteamientos del marxismo-leninismo pero con matices propios basados en las características de la sociedad china, muy diferente de la europea. Foto: washingtontimes.com

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 22 de febrero de 2016

James Munro Bertram era un neozelandés errante. Entre 1933 y 1935 se había dedicado a viajar por los lugares más efervescentes del planeta, como podían ser la Italia fascista, la Alemania de Adolf Hitler y la Unión Soviética regida por Iosif Stalin. Por eso parecía lógico que la siguiente escala de su viaje fuera la no menos convul­sionada China. Llegó en enero de 1936 como periodista freelance con encargos para varios periódicos del Reino Unido, como The Times, The Manchester Guardian y New Statesman. Lo primero que hizo fue comenzar sus estudios de chino, lo que además le permitió conocer a jóvenes dirigentes del Partido Comunista de China, así como a periodistas e intelectuales que lo adentraron en la realidad del país.

En el segundo semestre de 1937 (1) logró entrevistar a Mao Tse-tung (1893-1976). Bertram encuentra al líder comunista en un momento clave de su vida política. El ejército de Mao aún se estaba recupe­rando de la llamada Larga Marcha (1934-1935). Así se le llama a la retirada que protagonizaron los comunistas después de una serie de derrotas ante las fuerzas republicanas comandadas por el general Chiang Kai-shek. El Ejército Rojo Chino inició una tortuosa mar­cha por el interior de China que le llevaría más de un año y diezmaría sus tropas. Pese a la calamidad, el protagonismo ejercido por Mao durante la retirada lo convierte en el líder de los comunistas, imponiéndose sobre la línea soviética del partido. Pero aunque su de­bilidad militar era evidente y el asedio de las tropas republicanas era intenso, el destino volvió a obrar en su favor: la invasión de Japón (7 de julio de 1937) determinó que comunistas y republicanos hicieran un alto en las hostilidades para afrontar la amenaza exterior.

(*) Más información en la edición impresa de La Razón.

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