Escape

Marco Aruquipa Zenteno, el arquitecto con alas

Le fascina el diseño de edificaciones, pero también el parapentismo, deporte extremo que le ha permitido hacer miles de vuelos.

Marco Aruquipa Zenteno. Ilustración: Frank Arbelo

Marco Aruquipa Zenteno. Ilustración: Frank Arbelo

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R. / La Paz

00:00 / 10 de septiembre de 2017

Qué fue primero?, ¿la arquitectura o el parapente? Marco Antonio Aruquipa Zenteno (49) lleva 17 años volando con planeadores ligeros flexibles y como 20 dedicado al diseño de casas y otras construcciones.

“Sin la arquitectura no hubiera hecho parapente”, afirma desde la oficina donde ofrece el servicio a los interesados en realizar un descenso en un planeador  similar a un paracaídas, mediante el que él todos los días emula el vuelo de las aves.

“La arquitectura te permite hacer realidad tus proyectos. Cuando diseñas en el papel te imaginas cómo puede ser la construcción y al mirar la maqueta ves materializados tus sueños”. Esto le ha permitido ser parte de proyectos importantes, como la edificación de puentes.

Otra de sus pasiones es salir de la ciudad para hacer caminatas o manejar bicicleta. En una de esas incursiones fue que conoció el arte de volar.

“Fui a Copacabana de peregrinación, porque soy creyente católico. Ahí aproveché de subir al calvario. En eso vi a un francés que estaba volando como ave y que daba vueltas en el cielo”. La atracción fue inmediata, por lo que buscó practicar este deporte extremo en el país.

Preguntó en las agencias de viaje de la calle Sagárnaga, pero ninguna contaba con ese servicio. “Me decían que no se podía volar, que las condiciones climáticas y de terreno hacían imposible hacer parapente”. Ante este panorama, Marco no se dio por vencido, así es que viajó a Arica para practicar y aprender este deporte.

“En el parapente, al igual que en la arquitectura, debes saber las distancias, los espacios, las escalas, el comportamiento del viento. Es todo un arte”. A contramano con las agencias que no creían que se podía volar, Marco comenzó a imitar a las aves en El Palomar (al sur de la sede gobierno), luego se trasladó a La Muela del Diablo y también llegó a Copacabana, donde vio un parapentista por primera vez. “Estar ahí (en el Lago Sagrado) es lo mejor, porque cuando estás volando te encuentras entre el lago, de un azul intenso, y el cielo, del mismo color”.

Marco continúa ejerciendo la arquitectura, pero también es el único paceño que tiene el privilegio de hacer parapente casi todos los días, solo o con pasajeros, quienes disfrutan de estar en el cielo. Y a él siempre le gusta explicar qué fue primero: ¿la arquitectura o el parapentismo?

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