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Mariana Nogales

Aunque está todo el día entre libros sobre derecho internacional, se siente realizada porque se le va cumpliendo un sueño. Se llevó el traje de flamenco para no dejar de danzar. Pasante en Serbia y bailaora.

La Razón / GEMMA CANDELA

00:00 / 05 de mayo de 2013

Al comenzar la entrevista de videoconferencia a través de Skype, Mariana Nogales Páez, de 30 años, se excusa: “Voy a despedirme de mi mamá”, mientras se la ve teclear en la imagen, algo ralentizada. Esta paceña del barrio de Sopocachi no ha vuelto a encontrarse  con su familia desde octubre de 2011, cuando tomó un vuelo para irse a Belgrado (Serbia), con la finalidad de estudiar.

“Estamos en primavera y está caliente”, informa sonriente. El invierno fue duro, con varios centímetros de nieve amontonada en las calles de la capital serbia.

Dos años atrás, Mariana andaba en busca y captura de una beca para ir a Rusia, y con esa idea pasó por la Escuela de Gestión Pública Plurinacional. Pero se encontró con el programa “El mundo en Serbia”, financiado por esa nación, que ofrece pasantías a jóvenes de países no alineados (aquellos que fueron neutrales durante la Guerra Fría) interesados en seguir estudios universitario.

Cuando la joven pisó suelo serbio por primera vez, quedó maravillada por los más de 3.000 km2 de extensión de Belgrado. “Soy la primera y, hasta ahora, única boliviana en obtener esta beca”.

Inglés, francés y portugués son lenguas que Mariana domina. Sin embargo, no estaba lista para la gramática serbia. “Se escribe con caracteres latinos pero también cirílicos” (estos últimos están basados en el alfabeto griego con caracteres que siguen sonidos exclusivamente eslavos). Junto con los otros 120 pasantes estuvo nueve meses en un hotel en las montañas aprendiendo serbio. Aprobó el examen de idiomas para entrar a la universidad. Desde entonces, vive por y para su maestría en Derecho de la Unión Europea. A las 07.00 ya está de pie para estudiar textos en inglés y serbio y, por las tardes, cruza uno de los puentes sobre el Danubio, que separa la ciudad vieja de la nueva, para ir a la facultad, en el casco antiguo. Y aún le queda tiempo para ponerse los tacos y bailar flamenco, su afición. En La Paz, era parte de la Academia Andalucía y del ballet Adaf.

Extraña el chuño pero ha encontrado un nuevo plato de su agrado: el pasulj, a base de frijoles, que extrañará cuando vuelva a Bolivia , en 2014, con su título en la maleta.

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