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El Mecánico que vive entre robots

Ramiro creía ser el “único loco” que reunía estos juguetes, hasta que encontró amigos que comparten su afición. 

Fanático. Ramiro posa detrás de sus juguetes preferidos, entre los que sobresale Optimus Prime, el líder de los autobots, que se diferencia porque su transformación es similar a la de la serie de televisión. Wara Vargas

Fanático. Ramiro posa detrás de sus juguetes preferidos, entre los que sobresale Optimus Prime, el líder de los autobots, que se diferencia porque su transformación es similar a la de la serie de televisión. Wara Vargas

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R. / La Paz

00:00 / 27 de agosto de 2017

En cuanto entraron a la tienda de juguetes, a Ramiro Camacho Silva le llamó la atención Metroplex, un robot blanco de un metro de altura que se transformaba en una ciudad. “¿Quieres que te lo compre?”, le preguntó Ángela, su esposa. “Sí”, respondió de inmediato con los ojos brillando; tanto como cuando habla de los Transformers, la serie que le apasiona y lo convirtió en coleccionista.

Ramiro y Ángela conviven hace 15 años como familia, aunque hace tres que decidieron casarse. Del presupuesto para la fiesta había sobrado un dinero que la flamante esposa destinó para comprar un singular recuerdo de matrimonio: una figura que forma parte de la compilación de robots que pueden cambiar su estructura hasta convertirse en algún vehículo.

La sala del último piso de la casa en Villa Nuevo Potosí es la preferida de Ramiro, pues ahí tiene una pared cubierta por las figuras de la serie de televisión. En ese ambiente es que él cambia: no es el mismo que trabaja en el taller de mecánica automotriz; sino que asume una posición reflexiva y se pierde explicando los inicios de los dibujos animados que son su pasión. “Los Trans-formers existieron mucho antes que las películas. Incluso antes de ser Transformers”, apunta. En 1982, la empresa japonesa Takara Toys puso en el mercado los Car Robots —considerados los primeros juguetes que podían modificar su estructura para convertirse en otra figura—, aunque no consiguió las ventas programadas, como confirma el portal de internet Ñoño de Chile.

Universo. Es incontable la cantidad de muñecos que llenan una pared de la sala del coleccionista.

La empresa de juguetes Hasbro cambió la suerte de estos muñecos cuando adquirió los derechos de distribución en gran parte del mundo, creó una historia y los bautizó como Transformers, explica El Comercio de Perú.

Mimetizado por momentos entre la maraña de muñecos, el hombre de 33 años levanta uno al azar y empieza a dictar cátedra: expone su nombre, su historia y sus características principales. ¿De qué bando es? ¿Autobot o decepticon?

La trama de la serie gira en torno a esos dos grupos de alienígenas sobrevivientes de una guerra que los enfrentó entre ellos y que llevó a la destrucción de su planeta: Cibertrón. Para seguir funcionando necesitan energón, elemento que buscaron por todo el universo hasta que sus naves se estrellaron en la Tierra, donde despertaron miles de años después. Para pasar desapercibidos se convierten en vehículos, sistemas de comunicación o armas. En torno a esta idea, la serie televisiva fue estrenada en 1984, el mismo año en que nació Ramiro.

A fines de los años 1980 e inicios de la década de 1990, un canal privado paceño inició la emisión de la serie Los Transformers, que casi de inmediato obtuvo niveles altos de audiencia. Entre los fanáticos estaba Ramiro, quien hacía sus tareas lo antes posible para ver un capítulo de su serie.

La versión original de Bumblebee con una moneda recordatoria.

Durante esa etapa de su vida su madre solo le compró dos Transformers, tiempo del que recuerda las veces que iba al mostrador de la tienda Ismar para contemplar los mejores muñecos de la serie. En aquel entonces, cada uno costaba más de Bs 1.000, un monto muy alto para un niño que recibía cinco centavos de recreo.

Su afición pareció desvanecerse hasta 2006, cuando se reencontró con estos personajes, pero de una manera diferente. Ocurrió a través de la serie en 3D Beast Wars o La guerra de bestias, que seguía el legado de los Transformers, con la diferencia de que los robots se convertían en animales. El programa relataba la historia de estos robots que llegaron al planeta mucho antes de la aparición del ser humano y su tecnología. Esos detalles reavivaron su afinidad por los personajes de Hasbro.

Losjuguetes mecanizados y movibles  también ayudaron a decidir el oficio de Ramiro, quien estudió mecánica automotriz, especializándose en camiones grandes, tan imponentes como el líder de los autobots, Optimus Prime.

Las figuras de los líderes de los autobots y decepticons, Optimus Prime y Megatron, respectivamente (foto inferior centro). En medio de la habitación, la familia Camacho juega con los Transformers.

Después de casarse y obtener un empleo estable, Ramiro se fue transformando en un coleccionista de las figuras de Transformers. En sintonía con el armado y desarmado de piezas, el mecánico asegura que estos juguetes se parecen mucho a los cubos de Rubik, pues cada Transformer tiene una manera distinta de convertirse en otra figura. “Cuando has transformado varios tienes un patrón, pero encuentras algunos que de verdad son complicados”, explica y para demostrarlo enseña un robot que se convierte en insecto.

Como casi todos los días, su jornada ha sido agotadora —pues la ha dedicado a cambiar tuercas, afinar motores y revisar los frenos de los camiones—, por lo que el mecánico llega presuroso a su casa en Villa Nuevo Potosí para jugar un momento con los juguetes que le llevaron a arreglar máquinas en la vida real.

“Me gusta disfrutar de las figuras, porque si las he comprado es para agarrarlas, no para revenderlas o guardarlas”. Ninguno de sus juguetes se encuentran en cajas ni ordenados por serie o fábrica, sino por el tamaño, los que le permite jugar con sus hijos Taki y Logan, así como con su esposa Ángela, quien le compró el Metroplex.

Ramiro muestra el robot que recibió como regalo de matrimonio por parte de su esposa.

Él calcula que ha obtenido en este tiempo más de 400 juguetes, pero son muchos más, tomando en cuenta que ya ha perdido la cuenta y porque tiene personajes que se forman con varios muñecos, como Devastator, Aerialbots y Computron.

De colores y formas múltiples, las figuras están organizadas en diez filas. A falta de espacio para acomodar más, dos mesas complementan esta recopilación, con varias cajas y las figuras más preciadas, como Power Master, combinación de Optimus Prime y Godbomber, que costó Bs 1.700, aunque el coleccionista afirma que en la actualidad vale más dinero.

El aparente desorden en su exposición tiene una disposición coherente. Cada grupo de autobots tiene en la parte superior a su líder Optimus Prime; mientras que decepticons están liderados por Megatron.

Ramiro creía ser el “único loco” que reunía estos juguetes, hasta que encontró amigos que comparten su afición. La otra motivación —tal vez la principal— es que por más dura que haya sido la jornada, siempre puede llegar a la sala del último piso de su casa con el objetivo de jugar con sus hijos Taki y Logan, y Ángela, la mujer que le dio el mejor regalo de bodas.

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