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Memorias de cinti: Un repositorio alberga el alma del valle de Cinti

A 15 minutos de la  ciudad, Benjamín y Hortencia guardan objetos que cuentan parte de la historia del sur de Chuquisaca.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 25 de enero de 2016

Rodeado por los visitantes y delante de un mapa de Bolivia del siglo XIX, Benjamín Aramayo está de pie en la parte alta del salón principal, donde señala una k’onchana (del quechua qunchana, que significa fogón), un horno de barro que encima tiene una tinaja con un tubo por donde pasa la ebullición del líquido, vital para la elaboración del singani, la bebida patrimonio cultural de Bolivia.

Ubicado a dos kilómetros del centro de Camargo, en la carretera que comunica con la ciudad de Tarija, Benjamín y su esposa Hortencia Rivera administran el Museo Etno Antropológico de Cinti, un espacio donde hay cientos de objetos que forman parte de la historia de esta región del departamento de Chuquisaca, que se constituyó gracias al amor de la pareja por sus costumbres y el arraigo por su tierra. Los municipios de Camargo, Villa Abecia y Carreras integran el Valle de Cinti, una zona protegida por un extenso cañón colorado, con una altura promedio de 2.350 metros sobre el nivel del mar (msnm), que convierten a estas tierras en las más altas para la producción vitivinícola, otorgándole un sabor diferente a la bebida. En cuanto a las culturas que se asentaron en este sitio, aún se conserva la influencia de los pueblos qaraqara, chichas y quechua, con vestigios que se aprecian en petroglifos y otros objetos hallados en el territorio.

Fue así que intrigado por estas características, Benjamín investigó durante varios años para finalmente publicar el libro Singanis, Vinos, Coplas e Historia, a fines de los  90. Durante la presentación de su obra y animado por las sugerencias de amigos, se le ocurrió armar un espacio que fuese un pedazo de la memoria de Cinti; para ello recorrió toda la región, adquiriendo objetos antiguos para ponerlos en exposición, como se aprecia actualmente en este repositorio donde se huele el paso del tiempo.

Caminando por el patio principal es inevitable detenerse un momento en una de las terrazas de la vivienda, desde donde se observan el río Chico, los cerros que protegen el valle y los viñedos que muy pronto serán empleados para convertirse en vino, singani y ratafia, esta última una mezcla entre de los dos primeros.

Un tonel antiguo de más de dos metros y una carreta que eran utilizados para la producción vitivinícola, y vasijas de barro representan la antesala para iniciar la visita. Al atravesar el portón de metal que custodia el repositorio, el visitante se encuentra con una infinidad de objetos vetustos, aunque lo que más llama la atención es la k’onchana. Según el anfitrión, fue con este artefacto rudimentario que aproximadamente en 1830 se preparó por primera vez el singani, que debe su nombre a la hacienda Siwingani, que proviene de una planta fijadora llamada siwinqa, la cual bordea los viñedos del lugar, además de protegerlos de las crecidas de los ríos.

En esta sección también se expone la aguardientera, hecha de ladrillos y con el estaño extraído del Cerro Rico de Potosí, que tenía el objetivo de procesar las uvas. “La última tecnología en materia de destilación”, dice Benjamín, es el alambique, un instrumento metálico que todavía sirve para elaborar la bebida.

Como conclusión de este sector, al lado de un mapa de Bolivia del siglo XIX, Benjamín señala un cuadro grande donde existe una colección de etiquetas de bebidas que tienen origen desde 1890.

Teléfonos a magneto (que generan su propia energía eléctrica mediante el giro de una manivela ubicada en un costado); sogas gruesas, canastas, recipientes de barro, cántaros de estaño, sillas para montar caballo y barriles de madera preceden a la exposición de libros sobre el arte en la elaboración de los elixires derivados de la uva, además de novelas y estudios sobre Camargo y el sur del país.

Mientras el anfitrión recorre el ambiente seguido por los turistas y continúa su charla sobre su “naturalización” como camargueño —pues él es de Suipacha (Potosí)—, al haberse casado con Hortencia, como fondo musical se escucha un tango, proveniente de uno de los gramófonos que a esta altura son verdaderas reliquias.

Dos sables y un fusil provenientes de la Guerra del Pacífico, vestimenta de una dama cinteña de 1890 y de una mujer indígena, recortes de periódicos de finales del siglo XIX e inicios del XX, billetes antiguos, un retablo pequeño de la Virgen de Copacabana y cerámica precolombina adornan las columnas y paredes del repositorio.

El muro en el centro del salón también está dedicado al singani, con una copia de la ley departamental del 25 de febrero de 2011 que declara a la bebida como heredad de la región, flanqueada por la diversidad de productos que aquí se producen.

Desde la terraza superior del museo se observa el cañón que rodea todo este valle, mientras que en la parte inferior están los viñedos, como el que sirve para elaborar Oveja Negra, el vino que prepara la familia Aramayo Rivera, quienes guardan objetos invalorables como la k’onchana y que despide a los visitantes con la sonrisa amable y sincera, que caracterizan y que son parte de los recuerdos de Cinti.

Singani, la bebida patrimonial boliviana

El singani es una bebida exclusivamente boliviana. El Estado boliviano —en sus instancias nacional, departamental y municipal— ha publicado normas con el objetivo de proteger la propiedad de este licor.

Por ejemplo, el 13 de mayo de 1988, el entonces presidente Víctor Paz Estenssoro promulgó el Decreto Supremo 21948, mediante el que se declara al singani como “producto autóctono exclusivamente originario de Bolivia”, con áreas de producción que se limitan a los departamentos de Chuquisaca, Tarija, Potosí y La Paz. El 4 de mayo de 1992, Luis Ossio Sanjinés, mandatario interino de la República, firmó la Ley 1334, sobre denominación de origen (DO) del singani, es decir que “define el nombre geográfico de la región, cantón, comarca y/o localidad para designar un producto procedente de la vid”.

El 31 de julio de 1997, el entonces mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada puso en vigencia el Decreto Supremo 24777, que “regula y promueve la apertura de mercados al desarrollo del sector vitivinícola”, y faculta al Centro Nacional Vitivinícola (Cenavit) para controlar la denominación de origen y prácticas prohibidas.

En la región, la Asamblea Legislativa Departamental de Chuquisaca aprobó el 25 de febrero de 2011 la Ley 011, con la “declaratoria del nombre de singani como patrimonio cultural de los Cintis y del departamento de Chuquisaca”.

El 15 de abril de 2014, la Cámara de Senadores de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) aprobó el proyecto de ley que nombra patrimonio cultural del Estado Plurinacional al singani, como producto originario, legítimo y exclusivo de la producción de los valles de los departamentos de Tarija, Chuquisaca, La Paz, Potosí y Cochabamba. Por ello es indudable que el singani es 100% boliviano.

Importante

• El Museo Etno Antropológico de Cinti fue inaugurado el 3 de abril de 1999.

• Sus administradores son Benjamín Aramayo y Hortencia Rivera.

• Se encuentra en San Francisquito, a 15 kilómetros del centro de Camargo.

• Abre todos los días, de 09.00 a 12.00 y de 14.00 a 17.00.

• Contactos: 046292092 y 73357622.

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