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Meryl Streep: ‘Dormí, comí y respiré como Thatcher’

La vida de la llamada Dama de Hierro de la política de la segunda mitad del siglo XX, la premier británica Margaret Thatcher, llega al cine interpretada por una de las actrices más queridas de Hollywood, y una de las más laureadas, Meryl Streep. En esta entrevista habla de su carrera a los 62 años de edad y de los retos de su personificación, por la cual fue nominada a los Globos de Oro y que, según los expertos, huele a Oscar’

La Razón / El País / España

00:00 / 15 de enero de 2012

La mujer más criticada del mundo, Margaret Thatcher, en el cuerpo de la actriz más adorada, Meryl Streep. Ésa es la combinación que presenta La dama de hierro, una pequeña producción cinematográfica de algo más de 14 millones de dólares, donde el rostro más conocido de la política británica queda en manos de la actriz estadounidense. Dirige alguien nada comprometido ni controvertido como Phyllida Lloyd, quien debutó detrás de las cámaras con Mamma Mia!

Streep ya es candidata a los Globos de Oro (que se entregan esta noche) y la favorita al Oscar a la mejor actriz, en la que sería su tercera estatuilla, una posibilidad que no parece perturbar la serenidad divertida que a los 62 años disfruta una mujer con la mente puesta en sus hijos, sus nietos —por ahora, soñados— y en una vida que, dice, "vuela demasiado rápida cuando llegas a cierta edad". La película se estrenó a comienzos de enero en Estados Unidos y Europa y llegará en el transcurso del mes a otras partes del mundo. — ¿Cómo explica que alguien tan liberal como Meryl Streep se meta con tal realismo en la piel de la líder ultraconservadora británica Margaret Thatcher?

— En teatro, cuando aprendes a improvisar te enseñan a decir siempre que sí. Y sabía que no íbamos a hacer una simple biografía, sino que era una oportunidad inigualable de interpretar a una de las figuras políticas más importantes del siglo XX. Probablemente, la mujer más importante de la historia de Inglaterra desde la reina Isabel. Quise resaltar su carácter, tan amado como odiado. — ¿Y usted? ¿La ama o la odia?

— Yo juego en el equipo contrario. Pero recuerdo que cuando salió elegida en el fondo de mi corazón sentí una gran alegría. Un país como Reino Unido, clasista y machista, fue capaz de superarlo todo y elegir a una mujer como primer ministro. Pensé que en Estados Unidos algo así estaba a la vuelta de la esquina. Y aquí sigo, esperando. La elección de Thatcher fue un gran paso en la historia, incluso si no estoy de acuerdo con ella. — ¿Cómo abordó la esencia de su personaje?

— Me encerré una semana con mucha fruta y todos sus libros hasta que la ingerí, hasta que fui capaz de dormir, comer y respirar como la propia Margaret Thatcher. Lo sorprendente a partir de ese momento era no verla en el espejo. Jim (Broadbent, que encarna al esposo desaparecido de la protagonista, Dennis Thatcher) también tuvo mucho que ver porque me dio su amor y me creyó como Margaret.

— Una estadounidense al frente de un reparto gobernado por los británicos...  

— La idea me ponía nerviosa, y se lo dije a Phyllida (Lloyd, la directora). Como siempre, supo qué decirme cuando me explicó que yo, como Thatcher, me sentiría fuera de lugar. Justo lo que buscaba. Thatcher fue una mujer en un mundo gobernado por hombres, tanto en su partido como en su gobierno. Una outsider. Me querían... pero nunca me sentí más de Nueva Jersey que cuando me presenté al primer ensayo con 45 de los mejores actores británicos. Una vez más, en sus ojos vi a Thatcher. Y eso fue todo lo que necesité.

— ¿Qué  le sorprendió de ella?

— Que no contaba con un cocinero. Desde La decisión de Sophie (1982) yo no he vuelto a pisar una cocina. Sé que no soy la primera en decirlo, pero el precio de la fama es ser malinterpretado. Cuanto más conocida es una figura pública, cuanto mayor es su influencia en la cultura, más misteriosa es su persona. Y mi responsabilidad con Margaret Thatcher, como lo fue con Julia Child en Julie & Julia, Lindy en Un grito en la oscuridad, Karen en Silkwood o con cualquiera de mis personajes basados en una persona real, es ser tan honesta con ellos como me sea posible. Hacerlos sentir reales. — ¿Quién le gustaría que interpretara la vida de Meryl Streep en la pantalla?

— Mammie o Grace Gummer. Mis hijas (risas). Las dos son actrices.

— ¿Cómo le hacen sentir? ¿Qué consejo le da a una actriz que empieza?

— Para qué contestar cuando ninguna de las dos me escucha. Además, este negocio ha cambiado tanto que no sé ni por dónde empezar. Supongo que insistirles en que sigan a su corazón porque los actores no somos más que un vehículo que saca a pasear a la audiencia, pero el viaje es la visión del director. Les aconsejaría que no pasen mucho tiempo pensando en qué ponerse. — ¿Le asusta la edad?

— ¡A quién no! Me veo envejecer todos los días. Todas las mujeres nos damos perfecta cuenta de la aparición de cada arruga. Afortunadamente, tengo tres hijas y me puedo ver joven todo el tiempo. Lo mismo que a mi marido en Henry, mi hijo.— ¿Cuáles son los momentos claves de su carrera? ¿Sus Oscar? ¿Cómo se siente una vez más en esta temporada de premios?

— Los nacimientos de mis hijos. Ahí abandonas el pasado y ves en ellos tu futuro. Mi primer hijo nació el año en que recibí mi primera candidatura (por El cazador, en 1978, en la categoría Mejor Actriz de Reparto por su interpretación de Linda). Me gusta el Oscar, por supuesto, pero me siento extraña en estas campañas. Si tomo parte es porque estoy orgullosa del trabajo que hemos hecho. — ¿Y de su carrera?

— Me enorgullece el tiempo que me he mantenido arriba, en el que he podido hacer personajes complicados, incluso detestables, accesibles al público. De haber disfrutado de más oportunidades que muchos otros actores para interpretar personajes interesantes. Obtener un papel es el 90% de mi trabajo. Tampoco me puedo llevar todo el crédito, porque debo mucho a los que me han brindado estas oportunidades. — ¿Se hace más fácil con los años?

— En absoluto. Una vive los mismos temores y las mismas alegrías. Sabes todo lo que puede ir mal y, sin embargo, tampoco te importa. La edad no hace nada más fácil. En concreto entre las mujeres, porque siempre nos juzgamos con más dureza. Puedes ver en nuestras ancianas toda la panoplia de emociones de la raza humana y en cambio una mujer mayor es el personaje menos interesante de esta cultura nuestra, obsesionada con la juventud.

La baronesa que implantó un estilo, el ‘thatcherismo’

Margaret Hilda Roberts Thatcher nació en Grantham, Lincolnshire (Inglaterra), el 13 de octubre de 1925. Es la única primera ministra de la historia británica, cargo que ocupó entre 1979 y 1990. Tuvo dos reelecciones de por medio, hasta que renunció por perder el liderazgo del Partido Conservador, que manejó desde 1975 hasta 1990. Es también la primera mujer que tomó las riendas de un frente político en Gran Bretaña. Su estilo de gobernar implantó el término  “thatcherismo”, definidocomo “una combinación de libertad económica, valores cristianos y  conservadores tradicionales, patriotismo británico y una firme adhesión a Estados Unidos y a otros países de la misma cuerda ideológica dentro del mundo anglohablante”. Tiene el título de Baronesa Thatcher de Kesteven, que le otorga el derecho vitalicio a una membresía exclusiva en la Cámara de los Lores .

La actriz tiene dos premios Oscar y siete Globos de Oro

Mary Louise Streep nació en la ciudad estadounidense de Summit, el 22 de junio de 1949. Ha re-cibido 16 nominaciones a los premios Oscar, que ganó en dos ocasiones por las películas Kramer contra Kramer (1980) y La decisión de Sophie (1983). A la par, tiene 25 postulaciones a los Globos de Oro, y se hizo acreedora de siete. Su palmarés también incluye un Oso de Plata del certamen de Berlín  (Alemania) por su interpretación en Las horas (2003), ex aequo con sus dos compañeras de reparto; dos premios Emmy, por Angels in American (2003) y Holocausto (1978); un César de Honor (2003), una Concha de Honor de San Sebastián (2008) y un galardón de honor del American Film Institute (2004). En 2010 fue homenajeada como miembro honorario de la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos, la primera vez que dicha entidad concede esta distinción a un actor sólo como mérito por su trabajo.

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