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Meu Caetano

Ch’enko total. El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

Caetano Velloso

Caetano Velloso

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 13 de marzo de 2019

Hoy lo veo y lo admiro más. Mi Caetano, mi Veloso, eu te amo. Eres lo más lúcido, suave, sensible, valiente que conocí. Te estoy viendo dar un show con tus tres hijos, es hermoso verlos en unísono a los Veloso: el mayor, Moreno (46), es una dulzura, hace tu gesto al cantar; Zeca (26) compone, provoca, es contratenor mesmo; Tom (22) es un lorito libre con tu garganta latiendo. Fue hace solo seis meses este show emotivo, ya cumpliste 76, pareces el más joven de tus hijos. Y pensar que todo empezó en 1967, cuando llegaste con los bahianos a revolucionar la música —más bien— el pensamiento brasileño, mediante una cosmovisión posmoderna: el tropicalismo (aunque a estas alturas los tropicalistas Caetano Veloso y Gilberto Gil ya pertenecen a la complejidad).

Cada disco (tiene más de 50) trae algo nuevo que provoca, seduce. El primero fue Domingo: Gal y Caetano Velloso (así se escribía), con Coração vagabundo, conquistó los corazones sensibles de la brasileridad. Cuando Caetano canta ese track se percibe la luminosidad que sintió al conocer en 1959 a Joao Gilberto, Caetano tenía 19 años. “Fue una iluminación, relata, una visión reveladora, es hasta hoy el artista que más me deslumbra”, dice sereno en el recuerdo. Ese 1967 realiza su primera presentación pública en Río, gana con Alegria Alegria el Festival de la Canción Records acompañado de una banda de rock. Unos meses después, en 1968, se cruza la política en la vida del cantautor/cantante/pensador. Los milicos de la derecha brasileña apresan a Caetano y Gil por hacer un espectáculo pop, al costado del escenario una bandera decía: “Sea marginal, sea héroe” y mostraba el rostro de un joven mártir de la Policía. Resultado: tres años de exilio en Londres en compañía de su primer amor, Dede, y de su parceiro Gil Gil. En el exilio londinense Caetano graba dos discos, retornando a su Brasil en 1971, y aguantar la dictadura con una postura lúcida, superior. Graba Araçá Azul  en 1973, disco experimental que nadie entendió. En 1975 sale Qualquer Coisa, joya de disco y canción que O rei Roberto Carlos le envidiaba.

Ahora te veo, es octubre de 2018, estás indignado porque asesinaron en Bahía a tu amigo, el compositor bahiano y maestro de capoeira Moa do Katendê, ultimado por un ultraderechista de Bolsonaro que le dio 18 puñaladas. “Esto es terrible, la barbarie ha retornado al pensamiento brasileño, es terrible”, reclamas, siempre progresista, siempre igualitario, meu Caetano, nacido en 1942 en Santo Amaro da Purificação, estado de Bahía. Pero voltemos. En 1976 sacas Bicho, con músicas bellas como Leozinho y Terra, que ahora versionas con los Veloso. Luego Odara, con A outra banda da Terra y el disco Muito que la crítica aplastó en aquel 1977 y que contenía nada menos que Sampa, un clásico contemporáneo sobre la migración interna que eterniza la intersección paulista de Ipiranga y Avenida São João. En la década de 1980 cae la dictadura. Recuerdo latiendo en mi corazón a Gema y Outras Palavras, joyas de la canción.

En 1988 sale un disco que me marcó el alma, Estrangeiro, es de esos trabajos en que cada track contiene un hit poderoso, grabado en New York con productor y músicos gringos, muestra a un Caetano saboreando la libertad, admirando a su Brasil intercultural. La década de 1990 se inicia con otro discazo, Circuladô. Recuerdo que el tema Fora da Ordem me hacía saltar por las orillas del mar de Japón. Los 90, década bendita, incluye Tropicália 2, un tremendo CD en conmemoración a los 25 años de Tropicalismo, el track Haiti aún me hace lagrimear. Pobres são como podres, rapea Gil, ese Gil primer ministro negro de Cultura de Lula que logró grandes gestiones, puentes  igualitarios. Entonces nace Zeca (el segundo hijo, 20 años después de Moreno) y llega Livro, un tremendo trabajo que equilibra la percusión bahiana afrobrasilera con las orquestaciones antropofágicas de Jaques Morelembaum. Fina estampa es un esfuerzo por ser más latinoamericano, Almodóvar se enamora de la voz de Caetano y lo mundializa en su película con ese Cucurrucucu erizante. Qué emociones, Caetano, qué visiones dignas de nuestra penuria, sin complejos, más bien en complejidad, fuiste tú el que me enseñó sobre el antropofagismo cultural, tener los pies bien puestos en la raíz y las antenas abiertas al mundo, fuiste tú el que sigue dando luz en estas épocas tribales.

Ahora te veo como entrevistador, conversas con el genial Boaventura de Sousa, un analista portugués de habla rápida y sintética que declara los principios de las nuevas sociedades: el ecosocialismo, el feminismo y el comunitarismo. Llegando el siglo nuevo te aferras a un sonido duro, más roquero, con Noites do Norte, Cê, Zii e Zie y Abraçaço, cuatro discos de la mano  del joven arreglista Pedro Sa y su banda de veinteañeros, hay que escuchar Perdeu, te hace sentir que Caetano Veloso no transa, sigue desafiando y “desafinando” en el sentido Jobim, invocando a Oloxum y a Borges en simultáneo, demandando el retorno del Brasil a la modernidad luego de este traspié doloroso fascista que nuevamente lo amenaza poniéndolo en la lista negra bolsonarista, como hace 55 años. Te quejas a Gil, dices que ya no compones, mientras Gil te muestra su última canción Ok, ok, ok. Es que ya no hace falta, lo hiciste todo Caetano, gracias a ti hay un Brasil que aún amo, cantan por ti tus hijos hermosos y todas las favelas componen en secreto un samba triste para Arthur, el nieto de Lula de siete años que murió de una manera extraña: el odio muerde las calles, meu Caetano, mejor escuchemos  Itapuã, que ya vendrán tiempos mejores. Este homenaje de pie al genio valiente con su po-ética de fuego, con su música de raíz ampliada siempre actual, siempre desafiante, siempre joven. Así dan ganas de envejecer. Pa ques decir.

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