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Migración

Ch’enko total. El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

La nostalgia del migrante

La nostalgia del migrante

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Monroy Chazarreta

00:00 / 19 de junio de 2019

La señora Sofía llegó a la vida en Quillacollo, Cochabamba. Posee la energía del maíz, alta de altura, sonrisa sólida, inteligencia de comercio, tonelaje de riesgo en la frente.

Ahora, con su dígito cinco, la gordura tapó sus dotes, pero en el fondo de sus ojazos negros aún vive la bella mujer valluna. El año pasado, mientras paseábamos en un bote por el puerto de Hamburgo, la nostalgia la venció y de súbito empezó a retroceder décadas de años, llegando a principios de los ochenta. Se veía pariendo furibunda un enorme bebé y al día siguiente leía en el periódico que el que creía su marido se casaba con otra. Aguantó la bigamia como cajera de banco hasta que el changuito tuvo cuatro años. Entonces le preguntó dónde quería irse, el niño dijo: “al país donde hacen mis kits Adidas”. Así llegó a Hamburgo y en dos décadas fue progresando, de enfermera limpiatraseros a cuidadora de perros, ancianos, bebés, discapacitados.

Se animó con una discoteca que en los 90’s se abarrotó de compatriotas con sus alemanas arrechas bailando en vivo a los stars folclóricos bolivianos de moda.

Luego pasó a la salsa y eso reventaba más. Pagaba 10.000 euros de alquiler, la plata que rebalsaba la ponía en un edificio de diez pisitos nomás, cerca de la avenida Antezana, en el centro cochabambino. Para hacer el inmueble mandó a comprar a su hermana una casona de esquina céntrica que derrumbaron en una semana: saltaban los vitrales, las columnas áureas se hacían añicos, árboles centenarios eran degollados por obreros bien pagados, ni qué hablar de esas gradas magníficas de mármol vueltas polvo, ni de las paredes de adobe patrimonial. Entonces empezaron a formarse los pisos, lentamente; mientras crecían uno a uno, los obreros se iban a Europa de dos en dos.

En el ínterin Sofía se enamoró tres veces: de un arpista paraguayo, de un boliviano detenido por la FELC en uno de sus viajes, de otrito que no se quiere acordar. No pudo cristalizar pareja mientras paradójicamente crecía en su poderío económico. Mario, el hijo, se casó con una colombiana y así nació un hermoso nieto de pestañas enrolladas.

En enero de este año sintió que el edificio no avanzaba más, eran diez pisos de medias aguas. Decidió visitar Cochabamba para ver la obra. Volvía de aaaños, compró pasaje en primera clase, trajo 100 kilos de regalos para los sobrinos, vestidos para la mamá anciana, vajilla alemana para la hermana. Llegó para Reyes, hubo tres días de fiesta con mariachis, trío de boleros, hasta Los Kjarkas estaban. Se degollaron cerdos, las pailas de chicharrón ardían frenéticamente, llegaban enormes vasijas de chicha de quinua de Punata, los conejos degollados eran la fiesta de sus exnovios viudos que la galanteaban en sus cuecas de acordeón y mixtura. Ella bailaba como siempre, con dignidad, mostrando en sus encajes los brillosos t’usus.

Dicen que el martes de ch’aqui decidió ir a inspeccionar el edificio con el nuevo jefe de albañiles. Subió piso por piso, viendo el esqueleto de cemento de los cuartos. En el piso siete se encendió de luces su flamante iPhone. “Ay, carajo, no sé atender esto”, dijo. Era Mario, que le anunciaba a los gritos en alemán su divorcio.

Mareada por la noticia quiso apoyarse en la baranda que todavía no había. Entonces observó el segundo del vacío, la caída en torbellino, hasta tuvo la voluntad de que le salgan alas. Pero esta vez no pudo. Su cabeza hizo tronar la vereda. El entierro fue de tres días, con mariachis, trío de boleros, hasta Los Kjarkas estaban. Se degollaron cerdos, las pailas de chicharrón ardían frenéticamente, llegaban enormes vasijas de chicha de quinua de Punata, los conejos degollados eran la fiesta de sus exnovios viudos que tarareaban tristemente la cueca de acordeón y mixtura y que ahora bailaba Mario en su terno negro Valentino impecable. Mientras, la abuelita decía entre lágrimas y quechua: “tanto lío para esto, Virgencitay”.

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