Escape

Miguel Calle

Aunque sus ojos quedaron completamente sin luz hace más de dos décadas, sus oídos se afinaron tanto que es capaz de tocar cualquier instrumento, además de enseñar a jóvenes cómo interpretarlos. Faro musicalizado.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 07 de diciembre de 2015

Frente a un auditorio de adolescentes, en una de las aulas de la unidad educativa Luis Alberto Pabón, Miguel Calle, de 46 años, toca la guitarra. Después de interpretar un ritmo nacional, les enseña cómo hacerlo, empezando por lo más básico. “Ritmo, melodía y compás son tres conceptos básicos que mis estudiantes tienen que conocer si quieren aprender a tocar un instrumento. Ellos saben que la música es el arte de combinar los sonidos”.

Según la ciencia especializada, cuando una persona carece de uno de los cinco sentidos agudiza otro. Éste es el caso de Miguel, quien perdió la vista hace 25 años en medio de una pelea de unos amigos, trifulca en la que le llegó un golpe justo en el nervio óptico que lo dejó en completa oscuridad para siempre. Después de ese infortunio fue trasladado a un centro de rehabilitación para no videntes, donde tuvo que aprender desde el sistema de lectoescritura braille, hasta cómo usar la vara para caminar sin tropezar por las abarrotadas calles paceñas. Y es en la adolescencia que decide dedicarse a la música. Después de salir bachiller, ingresó a la Normal y se especializó para ser profesor y así trabajar con niños y jóvenes.

Desde su primera experiencia como educador en música han pasado ya 17 años, de los cuales está tres en la unidad educativa Luis Alberto Pabón, donde da clases al nivel secundario con la asistencia de Rocío Quía, quien controla la disciplina de los jóvenes en el curso. “Toco piano, acordeón, trompeta, guitarra, casi todos los instrumentos porque en la Normal nos exigen que ejecutemos la mayor cantidad de ellos, tanto de percusión como de cuerda, teclado y de viento que serían zampoñas, quenas, tarcas y flautas, entre otros.

Pero su amor por la enseñanza de la música no se quedó solo en las aulas, sino que fue más allá. Recientemente grabó un disco con sus alumnos en la disquera Luna Azul, con ritmos como el tinku, caporal, sicureada y un huayño que crearon de manera conjunta llamado El proyecto, haciendo referencia a su producción para cumplir con el nuevo modelo educativo. Este disco ya fue presentado con éxito.

Miguel tiene además una banda, MikSan, denominada así por su nombre y el de su amigo Santiago, también no vidente. En este grupo, Miguel toca la trompeta y cuenta además que cada fin de semana tiene contratos para animar fiestas, prestes, 15 años, etc.

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