Escape

Monoplazas Made in La Paz

Los primeros 12 coches fórmula 4

La Razón / Micaela Villa

00:00 / 20 de octubre de 2013

Abróchense los cinturones! Los primeros 12 coches Fórmula 4 made in La Paz están a punto de salir a pista. Su presentación en sociedad será antes de fin de año. Es la primera vez que se elaboran prototipos de carrera en el país y el creador de esta “fábrica de talentos”, Jesús Alanoca Quino, espera usarlos en la Escuela de Pilotos.

Este paceño de 53 años nació el 4 de julio de 1960. Esa fecha no sólo es especial por su cumpleaños, sino que el mismo día, pero en 1983, hizo la promesa de construir su propio coche de Fórmula 4. Entonces, el joven de 23 años ya contaba con estudios de mecánica automotriz e industrial y sabía que su sueño “no era cosa del otro mundo”.

Enjugándose la grasa de las manos, mientras se acomoda en su oficina, detrás de un escritorio lleno de vehículos a escala, Jesús relata que nació en Coro Coro, provincia Pacajes. Cuenta que luego de terminar la secundaria en el colegio San Francisco y su servicio militar en el Regimiento Blindado Tarapacá (El Alto), no lo pensó dos veces y en 1981 alistó maletas y se fue a Buenos Aires, donde se dedicó a aprender para alcanzar su meta, y a la par convertirse en piloto de Fórmula 4. Los fines de semana en la capital argentina tomaba clases de conducción para ser en un competidor.

En ese periodo participó sólo en tres certámenes de Fórmula Renault (dos en el autódromo de Buenos Aires y una en el de Rafaela), ya que el alquiler del coche para el entrenamiento, la clasificación y la carrera apretaban sus bolsillos. “Para cada carrera había que invertir unos 1.700 dólares. Ese monto impedía aventurarse a otros eventos deportivos”, recuerda.

De regreso al país, en 1984, Jesús no dudó en inscribirse a las competencias locales y nacionales. Durante 28 años participó en más de 250 carreras en el país y en el exterior.

En cinco oportunidades estuvo en la grilla de largada del Rally de Córdoba, válido para el torneo mundial. La aventura comenzó en 1987, cuando alcanzó el séptimo lugar. En 1989 resultó quinto y en 1990, tercero. La de 1992 fue su mejor producción, cuando logró el segundo peldaño del podio y cerró su participación en 1993 con la quinta posición. También visitó Alemania, Inglaterra y España. Tras su desempeño como corredor se dedicó a la formación técnica de jóvenes con la Escuela de Pilotos. Hasta que en 2010 colgó el volante para dar pie a la fase de constructor y creó Fórmula 4 Bolivia.

“Desde que me picó el bichito para construir tuve que esperar 20 años. Estoy cerca de alcanzar la meta. Nos pusimos las pilas, hemos avanzado el 80%”, sonríe.

La Fórmula 4 es una categoría para vehículos monoplazas (automóviles para una persona) que se corre en autódromos. En América del Sur se practica esta modalidad en Brasil, Argentina, Ecuador y Colombia. Es un paso obligado para alcanzar la Fórmula 1, la reina del automovilismo deportivo.

Como toda innovación que exige perfección es necesario tiempo y práctica. Si crear el primer auto le tomó un año, el siguiente fue más rápido, poco más de un mes. Para que estén a punto faltan detalles de la carrocería. Al menos dos veces tuvo que empezar de cero porque la calidad de los coches está determinada por los parámetros de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). “Cada uno cumple a cabalidad lo dispuesto en la norma”, advierte y muestra la que considera su “biblia”, aquella en la que la organización mundial precisa las medidas, peso y cómo debe realizarse la construcción.

Para compartir su sueño, Jesús abre a Escape Anexo “J” Diesel, su taller en Senkata. La falta de tecnología y de recursos la suple con la habilidad y calidez de su “fábrica de talentos”. La mayoría de sus máquinas están hechas artesanalmente. Al apoyo y compromiso de su familia se suma al conocimiento de profesionales formados en la Escuela Industrial Pedro Domingo Murillo y en el Instituto de Formación y Capacitación Laboral (Infocal). En un primer ambiente se ensamblan los chasis —estructuras de acero de dos milímetros—, se trata de un trabajo 100% boliviano, sólo el material de hierro —elaborado con soldadura MIG con gas carbónico, no electrodos— llega de Argentina. Cada una mide 2,80 metros de largo y 80 centímetros de ancho. El motor de 1.600 centímetros cúbicos a inyección electrónica, que alcanza la potencia de 120 caballos, desarrolla una velocidad de 160 kilómetros por hora.

Los amortiguadores (para controlar la estabilidad del vehículo) también fueron hechos por su equipo, a iniciativa de su padre, el también corredor Víctor Alanoca.

La suspensión delantera cuenta con amortiguadores regulables, espiral helicoidal y barra estabilizadora. La distancia entre ejes es de 2.500 milímetros, el kid aerodinámico, también conocido como carrocería, es de fibra de vidrio, y su sistema de frenos es de disco a pastillas. Cada auto concluido pesa 540 kilogramos, como dispone la norma.

“El chasis, los amortiguadores, el sistema de dirección, la carrocería, el tanque de combustible (para 40 litros de gasolina) son hechos por nosotros, los radiadores, las gomas, el sistema de frenos, los neumáticos son de industria japonesa”, explica el emprendedor.

Massimo Alanoca (22) es su hijo mayor. Interesado por esta técnica también fue a capacitarse en Diseño Industrial Automotriz a Argentina y para ampliar sus estudios trabajó en una fábrica de coches de carrera.

Volvió el año pasado para poner el cherry a la torta, dar forma a las carrocerías y revestir los coches. “Los automóviles siempre han sido mi fuerte, en el colegio hacia más dibujos de autos que mis tareas”, recuerda.

Ladrillo, estuco y masilla plástica le bastan para moldearlos. “No podemos hacer un solo molde para todos porque al momento de vaciarlos se quiebran. Cada uno nos llevó cuatro meses”, cuenta. Para el secado, todo ingresa al horno que fue creado con cartón, maples de huevo y una estufa que calienta entre 45 y 70 grados centígrados, durante un tiempo que va de una y dos horas, para la cocción de las piezas en las que se vierte fibra de vidrio. “Las carrocerías son caseras, no industriales”, indica y precisa que se trata de la trompa, el habitáculo o cockpit (lugar dispuesto para el piloto), los pontones, la parte trasera del auto y la capota o caparazón. Cada carro cuesta $us 15.000, la inversión en insumos fue de unos $us 100.000.

Jesús no olvida la seguridad en sus creaciones. Además de los arcos que protegen la cabeza del piloto, por si hay un vuelco. El superior tiene 1,20 metros de alto y el inferior 80 centímetros. Además, en la butaca se halla un extintor en caso de incendios, también lleva un cinturón —tipo arnés— de cinco puntas (dos parten de la parte superior, otros dos de los costados y una es para la cintura) que se aflojan con un solo dispositivo. Este aditamento es construido por los Alanoca y su costo en el mercado internacional supera los $us 500. El piloto también está obligado a usar un buzo y guantes antiflama y un casco homologado por la FIA, que resiste al impacto de golpes.

Si en 2010 los motorizados ya tenían interesados para comprarlos, a principios de este año Jesús decidió cancelar los pedidos. ¿La razón? “Sé que hay dispositivos como los pistones, culatas y otros que mejoran el motor, pueden cambiarlo, entonces habría un piloto que gane siempre, ello puede originar un serio problema en la categoría, nos puede llevar al desastre”, reflexiona para justificar su decisión, pese a la demanda.

De momento reforzó la idea de que sus motorizados tengan fines más educativos. Los primeros cuatro serán de utilidad para los nuevos alumnos inscritos en la Escuela de Pilotos de El Alto, que abrirá nuevamente en diciembre durante las vacaciones de verano. Los restantes ocho prototipos, sumados a los primeros, competirán en enero en la primera carrera oficial de Fórmula 4 en el autódromo de Pucarani, en el altiplano paceño. Así el expiloto espera abrir una nueva categoría en el automovilismo deportivo.

En todo caso, si se le presentan ofertas a futuro elevará su capacidad de fabricación, además de su personal, con la posibilidad, incluso, de exportarlos. Mientras, se enfocará en la escuela y la formación, no sólo de pilotos sino también de mecánicos. Por el momento, aguarda ansioso el día en el que presentará sus 12 autos en sociedad para luego organizar la competencia, entonces dirá: “¡Misión cumplida!

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