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NIÑO MILENARIO DE HISTORIAS Y FORMAS DE VIDA

El niño Jesús, también llamado popularmente Manuelito, es el personaje principal del nacimiento o belén navideño. Tanto que, en Ecuador, por ejemplo, su figura es considerablemente más grande que el resto de personajes que componen el pesebre, incluyendo sus padres.

Niño milenario de historias y formas de vida

Niño milenario de historias y formas de vida La Razón

La Razón / Gemma Candela

20:36 / 24 de diciembre de 2011

En Bolivia, la tradición manda que el Niño no se coloca en el belén hasta la noche del 24 de diciembre y que, el 6 de enero, se le lleva a misa y se le hacen regalos.Los cuzqueños son de los más preciados. Mary Isabel Santander, continuadora de la tradición restauradora de su familia, afirma que hasta su taller ubicado en el barrio de San Antonio Bajo llegan personas que le aseguran tener un niño de la región peruana. “No es cuzqueño, les digo, aunque el sello diga que tiene ese origen”. Son los antiguos, datados en el siglo XVIII, los verdaderos Manuelitos del Cuzco.

Hay gente que va hasta Perú para adquirir uno, pero normalmente un cuzqueño siempre se hereda, asegura su hijo, Salvador Quispe, restaurador también. Ahora se hacen, pero no son de la misma calidad y belleza. Al preguntar por qué son tan valorados, el artista responde: “Es una suerte tener un niño cuzqueño porque no hay muchos”. El trabajo cuidadoso y fino de esta escuela artística dio como resultado figuras realistas, efecto al que contribuyen los ojos de cristal y el cabello, rizado y natural, de difunto. La melena se hacía con cuero de oveja, a través del cual se engarzaba el cabello. Gracias a su elasticidad, primero se armaba y luego se pegaba a la cabeza.

De aquella época conserva la familia Santander varias figuras que han ido pasando de una generación a otra. Algunos fueron dejados para restaurar; sin embargo, nunca fueron reclamados por sus dueños.

La restauradora Mery Tapia también tiene un Manuelito antiguo, en este caso de la escuela paceña, asevera. “Mi mami lo ha tenido toda la vida aquí”. No sabe quién fue el primer familiar que lo adquirió. Su memoria llega hasta una tía abuela, que lo había heredado. Al quedar sin descendencia, lo legó a su hermano, “un famoso hipnotizador” y abuelo de Tapia, cuenta ella. Alguno de los dueños, aunque no sabe quién, le cortó el cabello, y con él los bucles.

Esta figura está tallada en maguey con masilla y “todas sus intimidades tiene”. Por ello, su madre le puso el calzoncito que ahora luce. No es su única vestimenta: al sacarlo de su caja le han colocado varios vestidos para resguardarlo del frío paceño. Buenos y traviesos

El niño luce “chapitas”, pero suele estar más pálido. Es que, cuenta la restauradora, se pone colorado cuando está feliz. Lo mismo le pasó la Navidad anterior, cuando formó parte de una exposición de niños en el Museo Nacional de Arte. “Nunca lo había visto tan rosado y sonriente”. Y, aunque es “buenito”, como dicen en la casa, hace sus corredurías. “Él se siente feliz y es travieso porque no sé de dónde camina tanto y ensucia sus zapatitos…”, comenta la artista mientras arregla el calzado de su Manuelito. No encuentra una explicación a sus andanzas entre una Navidad y otra, mientras está guardado en su caja.

En cambio, los niños de los Santander están siempre tranquilos porque “están entre hermanitos”, bromea Salvador. No obstante, hay otros que son más que traviesos. El restaurador relata la historia de dos hermanos que pelearon por el cuzqueño de la madre. El chico quería que naciera en su nuevo departamento, pero la hermana lo tenía en su casa desde hacía años. Tanto insistió él, que ella cedió. Ya en la nueva vivienda colocaron al Niño y le prendieron velas. Al cabo de un rato se incendió todo el departamento. Sólo quedó el Jesusito.

A pesar de los mitos que circulan sobre estas figuras, los hermanos Santander no pueden evitar seguir albergando más niños en su casa-taller , repleta de antigüedades. “A veces tratamos de adquirir incluso comprando, porque da pena cómo la gente los bota o los deja así abandonados”, manifiesta Salvador. Al menos ellos, aseguran, los cuidan. Y, de entre todos, hay uno que es el principal, el que llevan a bendecir: el pequeño que colocan en el pesebre del belén.

“La cuestión no es adquirir un Niño, es que llegue la Navidad y no importa el que tengas, es bienvenido en la casa”, dice Mery Isabel. Da igual que sea lindo o antiguo, lo importante es “lo que representa”.

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