Escape

Nancy Paredes Jáuregui

Es una activista por el VIH, infección que contrajo cuando vivía en el exterior. Más que dejarse morir, esta mujer ha hecho de su enfermedad una bandera de lucha. Combatiente de la vida.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo

00:00 / 26 de octubre de 2014

Tiene 72 años. Nació en Pucarani, La Paz, y ya lleva 16 viviendo con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Su niñez en el área rural no se dio en abundancia, pero sí lo suficiente como para criarla con grandes principios y valores. Se mudó a La Paz a estudiar en la universidad en la rama de la docencia, que la condujo a dar clases en los Yungas paceños. Posteriormente se postuló a una beca en México. Allí conoció a su amor de la vida. “Era un muchacho mexicano que había vivido en los Estados Unidos”. Ambos estudiaron y tuvieron una relación que terminó por el retorno de Nancy.

En La Paz trabajó y tuvo una vida normal, hasta que unos exámenes médicos requeridos por un malestar estomacal, en febrero de 1999, le dieron la peor noticia de su vida: su sangre estaba infectada por el VIH. “Por aquellos años era considerada la epidemia de fin de siglo, un castigo de Dios. En Bolivia peor aún, estábamos en la era de piedra con respecto al virus. Y los pocos que lo teníamos vivíamos en una gran incertidumbre de no saber hasta cuándo íbamos a existir”.

A los meses, le llegó la respuesta que tanto anhelaba. Saber cómo fue. Desde México recibió la noticia de la voz de su expareja. “Tengo sida, no me queda mucho tiempo de vida, y lo más probable es que tú también”. Para Nancy fueron sentimientos encontrados. Era la persona que había amado, pero también el culpable de su mal. “Lo odié por mucho tiempo, me duele decirlo, pero así fue. Él no se había cuidado y yo también la tenía que pagar”.

Al pánico inicial le siguió la resignada aceptación. Del aflictivo distanciamiento inicial del que se sentían víctimas aquellos primeros infectados, la situación ha ido cambiando “al punto que ahora nos dan la mano y hasta el beso”.

Nancywa, como se hace llamar, asiente que fue víctima de sus propios miedos pero también de la ignorancia del entorno. “Hace algunos años se lo he contado a mis familiares y vivo más tranquila. No podía seguir con el secreto y a esta altura de mi vida, que he visto morir a mucha gente por causas muy alejadas al sida, puedo decir que el VIH no mata. Lo que mata es la discriminación de la gente”.

Hace diez años que trabaja como activista en la prevención de la infección. Ha ayudado a formar grupos de autoapoyo que trabajan principalmente en la concientización y desmitificación del VIH. Esta valiente mujer dice que trabajará hasta sus últimos días.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia