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Navidad: Recuerdos del mejor regalo

Las fiestas navideñas han marcado tristes y bellos momentos de la niñez, pero al final uno valora los pequeños detalles para ser feliz

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 21 de diciembre de 2014

Esta ciudad es extraña. Un día antes hizo calor y al día siguiente amanece con lluvia intensa. Las calles ya están llenas de comerciantes, de posibles clientes, y también de inmigrantes desposeídos, que llegan a las principales urbes para pedir por una “buena” Navidad.

En una de las esquinas de la zona Sur paceña, madre e hija nortepotosinas se encuentran sentadas en el suelo debajo de un árbol para protegerse de la lluvia, con cartones y unas bolsas como único amparo. Como la lluvia es intensa, ni las ramas ni las hojas impiden que las gotas caigan sobre ellas. “Pero llevá a tu mamá a otro lado, se está mojando”, dice una transeúnte a la pequeña. La madre parece desentenderse del aguacero. Pareciera que no siente el frío, ni que su ropa esté empapada. Entre sus canas y arrugas hay una mueca de alegría. Está comiendo una llaucha, “regalo de Navidad” de un ciudadano conmovido por su situación. “No sé por qué, pero en esta época, uno intenta ser bueno con la gente”, señala el furtivo “buen samaritano” que escapa de la lluvia.  

Vio a Papá Noel

“Recuerdo que durante mi niñez, mi mamá nos hacía ensayar villancicos, como el Huachi Torito”, cuenta Eloisa, bibliotecóloga del Museo de Etnografía y Folklore (Musef), quien baja la vista y mira al vacío. Traga saliva y rememora esos momentos en que ella y sus dos hermanas cantaban para adorar al Niño Jesús. Durante los primeros días de diciembre, en la casa de Eloisa se armaba el árbol y el Nacimiento. “Mi mamá decía que cuando Jesús había nacido en un pesebre, como ese lugar era tan humilde y tan modesto, los primeros animales con los que estuvieron en contacto Él  y sus papás eran vacas, un toro y un gallo”. Por ello, el pesebre familiar armado en su hogar tenía a estos animales.

La también lingüista comenta que compraban los Niños y los animales durante la Feria de Alasita, en la plaza de San Pedro, es decir que adquirían estos objetos a inicios de año para armar el pesebre en diciembre. “Nosotros creíamos en Papá Noel. Nuestros padres nos decían que iba a llegar a las 12 de la noche, por lo que debíamos escribir una cartita, para saber qué era lo que queríamos. Tanta era nuestra ingenuidad en aquellas épocas, que yo en una oportunidad lo vi”, afirma Eloisa. Expresa que lo vio con su traje rojo, rubio y con un saquillo lleno de regalos. “Entró a la casa y luego se fue, eso es lo único que recuerdo. Estaba muy impresionada por esa imagen. El día siguiente le dije a mi mamá: ‘He visto a Papá Noel’”, resalta como el mejor recuerdo de su niñez.

La casa de Barbie

“Recuerdo que un día antes de Navidad, mis abuelos preparaban una picana deliciosa. La casa olía a ese plato que se fundía con el olor a velas que ponían al Nacimiento y el musgo, que igual tenía su aroma especial”, cuenta Margarita, comunicadora paceña que radica en Santa Cruz.

“La noche de Navidad todos esperábamos en el living y bailábamos con mis abuelos las tuncuñitas (villancicos). Nos decían que había que adorar al Niño para agradecerle”, agrega sobre aquellos momentos que pasó con su hermano, sus abuelos y su papá. En la casa de Margarita, la tradición de Nochebuena mandaba encender la radio y escuchar el conteo para las doce. Luego se abría el champán, se abrazaban entre los integrantes de la familia y “a dormir con la barriga llena”. “A duras penas nos levantábamos a las siete de la mañana al día siguiente. ¿Sabe para qué? Para llevar a los Niños a la misa”, revela y añade que en la casa había tres figuras de Jesús, dos que eran antiguas y que las habían heredado de su bisabuela.

“En la iglesia solo había un par de viejitos y nosotros con sueño, con frío, haciendo lo que el sacerdote decía, que siéntense, ahora digan tal cosa”, añade Margarita. También relata que los Niños eran trasladados en bandejas con adornos dorados a la iglesia San Juan de Dios, en el centro paceño. Después de los oficios religiosos retornaban a la casa para volver a comer picana. “¡Amo ese plato!”.

La comunicadora también recuerda que el mejor regalo que recibió fue una casa para su muñeca Barbie. “Veía a mis amiguitas ricachonas, quienes tenían sus casas de Barbie inmensas, con peluquería, tienda y cocina. Mi papá tenía otros gastos, así es que me resigné. Pensé que nunca iba a tener una casita de Barbie”, señala.

En una Navidad, la pequeña Margarita recibió el mejor regalo de su vida. “Me llegó una casa de juguete hecha con madera. ¡Tenía tres pisos y las puertas de vidrio!, mi papá y mi abuelo la construyeron y luego la adornaron con un living de Alasita”, recuerda y la agita el suspiro.

Ella cuenta que hace algunos meses falleció su abuelo, así que ella siente que la fiesta de fin de año que se va no será como las de antes. “Será mi primera Navidad distinta, me pone algo nostálgica, la verdad. Se me ponen los ojos llorosos, por eso compré pasajes para viajar a La Paz y acompañar a mi papá en nuestra primera Navidad sin mis abuelos”, sostiene y agrega que la casa “está bien cuidada. Si tengo hijas se las voy a regalar a ellas”.

El cumpleaños de Jesús

El historiador y responsable de investigaciones de la Oficialía Mayor de Culturas (OMC) del municipio paceño, Randy Chávez, explica que la Navidad paceña se celebraba con danzas y villancicos de adoración al Niño Jesús. “Las familias se reunían la noche del 24 de diciembre en torno al pesebre. Se daba mayor importancia a la elaboración de algunos adornos, que eran hechos a mano y que servían para la representación del pesebre. Había productos artesanales de yeso”, señala Chávez, añadiendo que esa práctica ha disminuido en la actualidad.

Chávez también comenta que el armado del árbol llegó al país de manera masiva en la década de los 80 del siglo pasado, mientras que el consumo del panetón estuvo de moda desde los 90. “Anterior a eso se elaboraba el chocolate con leche, después se fue reemplazando el chocolate con api y buñuelos. Posteriormente, se popularizó el chocolate con panetón”, informa.

La revista Jiwaki de diciembre de 2009 apela a las crónicas de Julia Elena Fortún y Antonio Paredes Candia para señalar que, en antaño, la Navidad se festejaba “al ritmo de pajarillos, armónica, chhulluchhullus y el tamborcillo”.

¡Golpe en tierra!, era el grito con que los grupos podían alternar en las coplas. “‘Vengo de Calacoto comiendo locotos para el Niño Manuelito, ¡golpe en tierra!’, y empezaban a tocar el villancico, para lo cual utilizaban chhulluchhullus (un instrumento musical hecho con tapas aplanadas de botellas de cerveza, ensartadas en un alambre en forma de U)”, relata la bibliotecóloga Eloisa. “Tras el grito de ‘¡golpe en tierra!’, los conjuntos alternaban en las coplas y también en el estilo de zapateo. ‘Vengo de Pura Pura trayendo leche pura para el Niño Manuelito. ¡Golpe en tierra!’, cantaban unos y otros contestaban enseguida: ‘Vengo de Chijini, trayendo lindos chijisitos para el Niño Manuelito. ¡Golpe en tierra!’”, describe Jiwaki basada en una crónica de la periodista Mabel Azcui.

Durante la celebración no faltaba el consumo de bebidas alcohólicas y cuando éstas empezaban a hacer efecto, “los adultos tapaban al Niño y sustituían los villancicos por cuecas y zapateos”, indica la revista de la Alcaldía de La Paz.

En la cabecera de la cama

María es profesora de niños y jóvenes con alguna deficiencia física y mental. Lo que más rememora de la Navidad es haber estado junto a su madre y compartido una chocolatada. “Soy hija única y mi mamá se la pasaba trabajando. Cuando llegaba Navidad, las personas con las que ella trabajaba le daban los obsequios para mí. Entonces, mi madre me llevaba a un lugar o, si no se podía, en la noche me dejaba los regalitos en la cabecera de la cama, para que al día siguiente, al despertar, los abriera. Me daban muñequitas y rompecabezas”, menciona María. “La tele y la radio informaban que ya eran las 12.00, la Nochebuena, y estábamos juntas tomando leche chocolatada con panetón. Esa parte era la más bonita y más tierna”, resalta.

Antonio es una persona alegre y positiva, que lucha ante la adversidad y siempre anima a los demás a ser positivos. Aunque no le gusten estas fechas. “La verdad, para mí la Navidad es triste, porque mi mamá tomaba y solo estábamos con mi abuela y mi hermana. No tengo muchos recuerdos y no desearía recordar”. Ante la pregunta de cómo la pasaba en Nochebuena con su abuela y su hermana, él responde: “En un cuarto, durmiendo”. No obstante, junto a su amigo de infancia planeaban la manera de tener una linda Nochebuena. “Con este amigo mirábamos a los ‘hijitos’ de papá con los mejores regalos o los que estaban de temporada”, cuenta Antonio, quien también recuerda que iba junto a ese su amigo a pedir juguetes en las campañas que organizaban los medios de comunicación o las iglesias. “A él le dieron un muñeco descuartizado, que luego lo utilizamos de pelota (sonríe), y a mí me tocó un auto de madera”.

Esta ciudad es extraña. Un día antes había hecho calor y al día siguiente amaneció con lluvia intensa. Pero hacia la tarde volvió a salir el sol.

El origen de la fiesta

El día de Navidad es el 25 de diciembre, cuando se conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén, según los evangelios de San Mateo y San Lucas. Después de la Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del año eclesiástico. Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad. La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era el Saturnal romano, el 19 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura, que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes. Al mismo tiempo se celebraba en el norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el sol brillara con más fuerza.

Una vez incorporados estos elementos, la Iglesia añadió luego en la Edad Media el Nacimiento y los villancicos a sus costumbres. En esta época, los banquetes eran el punto culminante de las celebraciones. Todo esto tuvo un abrupto final en Gran Bretaña cuando, en 1552, los puritanos prohibieron la Navidad. Aunque la celebración volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana.

La Navidad, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX. El árbol de Navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas de Europa y América. Los villancicos fueron recuperados y se compusieron muchos nuevos (la costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo XIX). Las tarjetas de Navidad no empezaron a utilizarse hasta la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846.

La imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y los juguetes, es una invención estadounidense del siglo XX.

Así la celebran en otros países

Alemania. Los preparativos comienzan el 6 de diciembre. Se hornean galletas y se decoran los hogares. Unos adornos tradicionales son pequeños muñecos de fruta. Los niños dejan sus cartas en las ventanas y están dirigidas a Christkind, una figura alada que distribuye regalos.

Se cree que este Christkind es un ángel mensajero del Niño Jesús.

Australia. Una cena tradicional incluye pavo con jamón y plum pudding de postre. Algunos australianos celebran esta cena al aire libre, como la playa Bondi de Sydney. Desde 1937 en Melbourne se celebran los “Villancicos a la Luz de las Velas” en la víspera de Navidad. Esa noche, la gente se reúne a cantar villancicos iluminados tan solo por candelabros con velas.

Bélgica. Durante la Nochebuena, los belgas celebran una cena especial, que incluye pavo relleno y un postre especial llamado la bûche de Noel, que es un pastel hecho con crema. A Santa Claus lo llaman San Nicolás. A diferencia del Papá Noel latinoamericano, San Nicolás reparte sus regalos el 6 de diciembre, que es llamado el Día de San Nicolás.

Chipre. La Navidad es la fiesta más importante junto con la Semana Santa para los cristianos ortodoxos. En esta época destacan sobre todo las liturgias. Los más tradicionales ayunan 40 días, en los que solamente comen verduras y renuncian a las carnes y a las grasas. El día de Navidad, Papá Noel llega con muchos regalos, especialmente con ropa nueva.

Finlandia. Los finlandeses son muy cercanos a Santa Claus, ya que creen que vive en la zona norte del país, en una región llamada Korvatunturi, que queda al norte del Círculo Ártico. Es por esa razón que muchas cartas dirigidas a Papá Noel son enviadas a Finlandia. En este país incluso hay un parque temático, llamado Tierra de Navidad.

Guatemala. Los villancicos navideños marcan el inicio de un diverso desfile de tradiciones guatemaltecas. Desde los primeros días de diciembre las calles, el comercio, las casas, son decoradas con guirnaldas, luces de colores y diferentes adornos. Las fiestas se inician el 7 de diciembre con la “Quema del Diablo”, tradición que lleva a los guatemaltecos a buscar dentro de sus hogares aquellos materiales que ya no utilizan y armar con ellos una fogata.

India. En la víspera de Navidad, los niños dejan sus zapatos junto a las chimeneas, los que son llenados de regalos por Papá Noel, como se conoce allá al hombre de barba blanca. Además, durante la mañana de Navidad, los niños encuentran colgados del árbol regalos, dulces y frutas.

También se hacen representaciones del nacimiento de Cristo en el exterior de las catedrales.

Inglaterra. Desde la Edad Media, los ingleses realizan los llamados mummings, que son representaciones en las que participan personas enmascaradas. Estas obras son tradicionales en las escuelas y en iglesias de pequeños pueblos. Otra costumbre es colgar muérdago en lo alto de los edificios.

Japón. La mayoría de los japoneses decora sus casas con ramas de hojas perennes, a pesar de que solo el 1% de la población cree en Jesucristo. De todas maneras, intercambian regalos.

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