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Omar Callisaya

En lo cotidiano combina dos de sus pasiones: la música y la vida en el campo. Son actividades complementarias, dice este cultor del arte y promotor del desarrollo social. Agrónomo charanguista.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 28 de junio de 2015

El fuerte vínculo que Omar Callisaya, de 47 años, tiene con el área rural se debe a que su raíz, su ascendencia familiar, proviene de la provincia Ingavi.

“Recuerdo que de niño siempre viajaba al sector del lago Titicaca y ahí la realidad era otra, una realidad que me atraía bastante”, dice.

Cuando llegó el momento de elegir una carrera universitaria, esta inclinación pesó mucho. De inicio barajaba la posibilidad de estudiar Sociología o Antropología, pero luego optó por Agronomía.

Ya en el ejercicio de su profesión, su labor no se circunscribió únicamente a la producción, sino que trabajó con los agricultores en lo organizativo social. “Lo que hago es una agronomía más ligada a la vivencia del campesino, a la cosmovisión aymara y la visión social indígena”, explica.

Pero eso no es todo, pues habría de descubrir algo más: el amor por el charango, por la música. “El charango está muy ligado al campesino y a las actividades de nuestra sociedad, tanto urbanas como rurales, pero siempre ha estado enlazado con el pueblo. Me gustaba mucho ver a los hermanos del norte de Potosí con sus instrumentos, me entró la curiosidad y empecé a practicar y a aprender a tocarlo”.

Actualmente preside la Fundación Cultural Charango Boliviano, cargo que combina con su trabajo en Agrónomos y Veterinarios Sin Fronteras, una organización no gubernamental francesa y que se encuentra en 30 países del planeta, que trabaja en agropecuaria.

Parte de la labor que allí desarrolló quedó plasmada en un par de libros de los que es coautor: ¿Acaso la tierra está enferma? y Mujeres autoridades. Con la ayuda del Movimiento Sin Tierra publicaron otro libro que incluye un video documental. “Una historia a mil voces cuenta la vivencia de campesinos de tierras altas a los que el Estado les dio terrenos en Santa Cruz y en el Chaco. Nuestro misión consistía en ver cómo el hombre andino pasa de ser un cultivador de papa y maíz en las alturas, a producir soya y maní en tierras bajas y aprender a pescar. Eso es todo un choque”.

En su faceta de charanguista, la fundación que dirige desarrolló, del 23 al 26 de junio, el 5° Festival Nacional de Bolivia y su Charango. Fue en el Teatro Municipal y la Casa de la Cultura, con la presentación de 18 connotados charanguistas, como Bonny Alberto Terán y Donato Espinoza. “El charango es nuestro patrimonio, pero está siendo olvidado por la sociedad”, lamenta.

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