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Óscar Zurita

La necesidad aguzó su habilidad para pintar. El éxito que alcanzó hace 14 años con banderines de gamuza y con frases que irradian paz y amor le ayuda a dar el sustento a su familia. Mensajero de esperanza.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Mejía / Oruro

00:00 / 10 de agosto de 2014

Niñas, niños, jóvenes de ambos sexos, mamás, papás y profesionales, todo tipo de personas se acercan a las pinturas y escritos en gamuza buscando un mensaje de amor, amistad, reconciliación, deporte o simplemente para elevar el estado de ánimo. Óscar Zurita está ahí, con su oferta de banderines conmemorativos para cada una de esas ocasiones.

Al paso, la gente aprecia las pinturas de palomas, de una niña con flores, de un payaso, de un quirquincho, de un jugador de San José y hasta la imagen del Che, todas de llamativos colores con breves versos o reflexiones sobre la paz, el amor y la  reconciliación; rimas con dedicaciones a la mamá, al papá, a la esposa, al enamorado.

“Son mensajes que salen del corazón para los que trato de buscar una imagen, aunque algunas veces es el cliente quien pone la poesía y yo solo busco la imagen y la trabajo sobre el fondo negro de gamuza. Busco que a la gente le guste mis pinturas y se vaya conforme”.

Óscar recuerda que en una oportunidad un niño de ocho años se le acercó por banderín para regalarle a su papá. “Este me gusta”, le dijo, pero al conocer el precio su pequeño cliente le pidió que se lo guardara porque iba a volver. Una semana después retornó con un puñado de monedas y le dijo “solo tengo esto”. Le entregó 12 bolivianos y el banderín costaba 18. “Qué iba a hacer. Le dije llevátelo, porque sabía que era el sacrificio de una semana para su papá”. También cuenta que otra vez una mamá llegó buscando algo para su hijo que no quería estudiar. “Me dijo póngale ‘yo hago todo por ti y solo te pido que me quieras un poquito, nada más’. Ese mensaje lo puso en su cuarto. Me recomendó que a la frase le ponga ‘un dibujito adecuado’”.

Con ese espíritu, asegura que su trabajo va dirigido a toda clase de personas, hasta para los miembros de las iglesias evangélicas que llegan con mensajes bíblicos.

 Cuenta que su afición por la pintura nació en el colegio y un día que no tenía trabajo pensó en venderlas, fue en el Día de la Madre de 2000, cuando hasta le hicieron pedidos. “Fue un buen incentivo, no es mucho lo que se gana pero me alcanza para la comida de la familia, aunque hago otros trabajitos para otros gastos”. Él dice que sus obras llegaron a Beni, Santa Cruz, La Paz, Potosí y hasta Argentina, Chile y España, entonces decidió colocar “Oruro-Bolivia” en la parte inferior de cada banderín, para identificar el origen de ese recuerdo.

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