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Paceños de cuatro patas: Felinos silvestres viven en la ciudad

Se han convertido en parte del paisaje urbano de La Paz: las ovejas pastando de la avenida Kantutani; las vacas de la calle Jaimes Freyre, en Sopocachi Alto, que, a falta de pasto, aprovechan lo que pueden de la basura de las calles; los chanchos campando a sus anchas por los suelos agrietados de Alto Auquisamaña. Sin embargo, hay otros animales que habitan también en la ciudad y en las zonas aledañas.

La Razón (Edición impresa) / Gemma Candela

00:00 / 24 de noviembre de 2013

Se han convertido en parte del paisaje urbano de La Paz: las ovejas pastando de la avenida Kantutani; las vacas de la calle Jaimes Freyre, en Sopocachi Alto, que, a falta de pasto, aprovechan lo que pueden de la basura de las calles; los chanchos campando a sus anchas por los suelos agrietados de Alto Auquisamaña.

Sin embargo, hay otros animales que habitan también en la ciudad y en las zonas aledañas. Y no son introducidos, como ovejas, vacas y cerdos, sino oriundos.

Los más conocidos son las vizcachas, visibles de noche al pasar corriendo ante los faros de algún auto, o en el día tomando el sol, quietas, entre los huecos de los cerros de arcilla.

Pero también son vecinos de la hoyada el zorro andino, el titi y el gato montés. Eso concluye el proyecto “Distribución, abundancia relativa y dieta de mamíferos carnívoros en áreas periurbanas del Valle de La Paz”, realizado por la investigadora asociada de la Unidad de Manejo y Conservación de Fauna del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Mariana da Silva. Este instituto, con apoyo de la Alianza Gato Andino, financia el estudio que comenzó en 2010 gracias al interés de Mariana.

Cuando era estudiante de Biología en la UMSA, iba cada día al campus universitario de Cota Cota, en la calle 27 de este barrio del sur de La Paz. Veía aves y vizcachas y pensaba que también debían andar por allí sus depredadores naturales. Y, como confirmando sus sospechas, encontró excrementos que, asegura, eran de carnívoros, particularmente de felinos. “Una vez vi al zorro, pero no tenía la cámara lista”. Al terminar sus estudios en la UMSA logró el financiamiento del Instituto de Ecología para averiguar qué especies silvestres habitan en zonas urbanas y periurbanas.

Para saberlo, comenzó a recorrer las áreas protegidas municipales de La Paz, 24 en total, que abarcan desde la ecorregión altoandina de la Cumbre, pasando por la puna húmeda de Siete Lagunas (ambas en el norte de la ciudad) hasta la zona seca del Valle de la Luna y, ascendiendo de nuevo, hasta el paisaje que combina elementos altoandinos con los de la puna húmeda del Valle de las Ánimas, camino a Palca. Comenzó por este último lugar, pues ya conocía la zona —solía dar paseos de varias horas a través de los pasillos coronados de agujas que atraviesan los cerros— y por la Muela del Diablo. En ambos sitios encontró rastros de zorro y, sospecha, de otros felinos silvestres. No puede saberlo al 100% porque, cuenta, sólo tiene los resultados de laboratorio, donde se analizan los restos (forma, contenido...) que halla. Sin embargo, para tener la certeza, serían necesarios análisis genéticos y, en Bolivia, no hay la posibilidad de realizarlos.

Las entrevistas que en cada lugar hace a los vecinos son la clave: “En todas las áreas hay gente que ha visto al zorro (Lycalopex culpaeus)”, comenta Mariana. Y, además de este animal, afirman que el titi (Leopardus colocolo) y el gato montés (Leopardus geoffroyi) son visibles.

Hay zonas en las que los vecinos llaman titi a ambos gatos; algunas personas se refieren al L. colocolo como titimisi (en la parte norte de la ciudad) y, otras, mulo mulo (en la zona Sur). Para evitar confusiones al preguntar a la población sobre la presencia del zorro o de gatos silvestres en el barrio, así como de otras especies animales carnívoras, Mariana hizo una lámina con tan sólo la fotografía de cada ejemplar.

El L. colocolo y el L. geoffroyi tienen una clara diferencia a simple vista: la cola. La del primero es más gruesa y tiene hasta ocho anillos oscuros que la adornan; la del segundo es más corta y presenta mayor número de estos ornamentos.

La presencia del gato montés ha sido confirmada gracias a las fotografías y videos captados por trampas cámara colocadas en el terreno de un naturista en la zona de Mecapaca. Mariana muestra unas imágenes en movimiento de un gato que se acerca sigilosamente a un pequeño bebedero. Mientras toma agua, no deja de mirar, cauteloso, a su alrededor. “Casi me muero cuando vi este video”, afirma.

Pero el primer registro de este felino en La Paz lo hizo la propia bióloga. “Un amigo me dijo que en Uni una familia tenía un gato (montés) como mascota”. Así que se fue a esta comunidad cercana a Palca y encontró al animal en la puerta de una casa, metido en una caja y con una piedra en la parte superior, en ese lugar apenas tenía espacio para dar una vuelta. Por una ranura, le contó la familia, daban de comer al gato. “Decían que lo habían encontrado de pequeño yendo a pastorear”, cuenta Mariana. Al principio, el minino jugaba con los niños de la casa pero, conforme fue creciendo, se volvió agresivo. Resultó ser hembra y como no sabían qué hacer con ella, la encerraron durante meses en la caja, donde estaba rodeada de sus excrementos. “No tenían mala intención. Estaban desinformados”, explica la bióloga. Así que llamó a un compañero y, entre los dos, sacaron al estresado animal. La única solución viable fue la de llevarlo al zoológico de Mallasa.

Hay quien cree que el titi trae buena suerte, pero también mala. Se utiliza, disecado, en rituales ganaderos, como en el tradicional marcado de camélidos, cuando las orejas de las llamas se decoran con aretes de lana o killpas —que sirven para saber los datos de cada ejemplar: sexo, edad, procedencia, etc—. La costumbre manda guardar un pequeño pedazo de la oreja del animal dentro de un titi reseco.

Eso sucede en el área rural. En la urbe, lo que suele ocurrir es que a este felino lo matan porque ataca a las gallinas y, además, se cree que atrae la mala fortuna.

Al zorro tampoco se le tiene cariño, cuenta Mariana. Además de acercarse a las ovejas, come liebres y ratones, pequeños mamíferos que suelen convertirse en plaga y que perjudican a los agricultores. Además, el zorro no sólo es carnívoro: cuando escasea la carne, come plantas espinosas del género Prosopis. Y, con las heces, distribuye sus semillas (aunque queda por determinar si de ellas puede nacer otro arbusto).

El proyecto de Mariana ha aportado nuevos registros a los existentes sobre fauna en la ciudad, según el especialista de áreas protegidas de The Nature Conservancy. Xavier Claros, “muy valiosos para resaltar más el valor de conservación de estas áreas”. La bióloga lleva adelante la campaña “Nuestros Vecinos Silvestres” (con página en Facebook), para que los vecinos cuiden a la fauna que vive entre nosotros.

Zorro andino

Vive a lo largo de los Andes y de las zonas montañosas de Argentina, Perú, Ecuador, Chile y Bolivia. Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), no se encuentra en situación de peligro. Lycalopex culpaeus habita tanto en terreno accidentado como en valles, zonas de matorral y de árboles como lugares desérticos. La caza por su piel y para evitar que afecte al ganado menguan su población. La pérdida de hábitat no le afecta demasiado.

Gato montés

El Leopardus geoffroyi está “casi amenazado” a nivel internacional —es nativo de Bolivia, Brasil, Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay— . Es de tamaño algo mayor al del gato doméstico, pero con la cabeza más alargada y la cola, anillada, más corta. Está presente en diferentes tipos de hábitats. Su población se ha visto mermada por la caza, principalmente por su apreciada y moteada piel. Bolivia fue, en la primera mitad de los 80, principal exportador de su cuero, según el Libro Rojo de los Vertebrados.

Titi o gato de las pampas

Puede vivir en áreas rocosas, arenosas, de bosque y de pajonal entre los 100 y los 5.000 msnm. El Leopardus colocolo, como otros felinos andinos, está amenazado por la pérdida de hábitat, la caza para rituales y, también, por parte de los granjeros para evitar que ataque a ovejas y aves. Además de Bolivia, el titi se distribuye por Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay y Uruguay. Su cabeza es redondeada y, su nariz, rosada. Tiene una especie de crin oscura. Dada su variedad genética, el color del pelaje y sus manchas varían entre unos hábitats y otros. En la parte andina su pelo es grisáceo con manchas alargadas en un tono entre marrón y rojizo.

Áreas Protegidas Municipales de La Paz

1. Bosque de Pura Pura

2. Siete Lagunas

3. Huaripampa

4. Cactario y Valle de la Luna

5. Mallasa

6. Muela del Diablo y Cerro Pachajalla

7. Auquisamaña

8. Challaloma

9. Cerros Llukankari y Taraki

10. Parque de Aranjuez

11. Ánimas y Putupampa

12. Huallatani

13. Huayllani

14. Jonkhomarca

15. Cerro de Aruntaya

16. Serranías de Aruntaya

17. Cóndores Lakota

18. Hampaturi

19. Chicani

20. Cerro Ticani

21. Bosque de Bolognia

22. Cuchilla Chuquiaguillo y Quebradas del río Callapa

23. La Cumbre

24. Cerros de Cuñamani

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