Escape

Panamericana, el comedor flotante

Además de la variedad de truchas, Panamericana Restaurant ofrece la sopa de quinua y el chairo, platillos preferidos por los turistas.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 19 de octubre de 2014

Disfrutar de una trucha en un comedor flotante en el lago Titicaca es un privilegio que pocos tienen. El sonido de las olas que chocan con el muelle, la sensación de que se puede tocar el verde turquesa del agua que circunda el local, y los cerros y el cielo que parecen unirse en el infinito son un verdadero agrado para todos los sentidos.

Con esa finalidad ha sido creado Panamericana Restaurant, en el municipio paceño de Huatajata, ubicado en la provincia Omasuyos, a orillas del Lago Sagrado, aproximadamente a 76 kilómetros de la sede de gobierno.

Martha Gutiérrez, propietaria de Panamericana, cuenta que hace 28 años surgió la idea de dar una alternativa a las personas que visitan la región lacustre de La Paz. “Hemos decidido abrir este local porque nos encontramos a orillas del lago y porque Copacabana, adonde suele ir la mayoría de los turistas, queda muy lejos”, explica la anfitriona, quien detrás del mostrador ofrece una variedad de platillos y refrescos para los comensales, tanto nacionales como extranjeros.

“En un inicio se me ocurrió hacer un solario, pero iba a ser cerrado; imagínese, los visitantes llegando de la ciudad a un lugar cerrado. De ahí me dije, por qué no puedo hacer un restaurante dentro del lago, por eso decidí construir este establecimiento”, cuenta la dueña que también es cocinera.

Es así. El comedor prácticamente flota sobre el lago apoyado en cimientos hechos de “zapatones  con bases de turril”, adonde se llega a través de un muelle rústico de madera, que da la sensación de estar subiendo a un bote lleno de mesas y sillas.

Este paraje ubicado a 3.900 metros sobre el nivel del mar, es en la actualidad una de las regiones turísticas más importantes del departamento de La Paz, donde cada cierto tiempo se llevan a cabo ferias de pescados típicos de este sector. Es un lugar que también tiene su propia historia. El 22 de enero de 1958, las comunidades de Huatajata, Tajara, Sankajahuira, Chilaya y Tajara Chico se reconciliaron al escuchar la prédica del pastor evangélico Justino Quispe, quien logró solucionar las discrepancias sobre la distribución de tierras originadas por la Reforma Agraria de 1952. Este hecho  posibilitó que se creara, diez años más tarde, el cantón Huatajata. Y el 8 de agosto de 2010, el presidente Evo Morales promulgó una ley mediante la cual se le otorga el título de municipio.

La especialidad de Panamericana Restaurant son los alimentos a base de trucha, es por ello que existe una variedad de opciones, como al limón, a la mantequilla, al ajo, a la romana, a la parrilla y chicharrón de trucha. Asimismo, se sirven sopas del altiplano boliviano.

“A la gente extranjera le gusta la sopa de quinua porque quiere saber cuál es su sabor, aunque la que más sale es el chairo, que contiene chalona, trigo y mote de haba”, resalta la propietaria del lugar.

Los precios fluctúan de acuerdo con la preparación de cada platillo. Por ejemplo, la sopa de quinua y el chairo cuestan 20 bolivianos; el chicharrón de trucha, 35 bolivianos; la trucha al limón,  40, y la trucha a la parrilla  45. Esta última se sirve acompañada de camote, papa qhati, choclo y ensalada de lechuga, tomate y pepino.

Además del emprendimiento gastronómico y del parqueo gratuito dentro de las instalaciones, los dueños del restaurante ponen a disposición de los visitantes el paseo en lancha a través del lago Titicaca, para visitar la isla Suriqui, que destaca por ser el lugar donde se construyen las típicas balsas de totora que navegan sus aguas.

El recorrido por el lago, que tiene una duración de cerca de dos horas entre la ida y el retorno, tiene un costo de 400 bolivianos, para cuatro personas.

Panamericana también ofrece la posibilidad de visitar la isla Kalauta, un antiguo pueblo de piedra donde se encuentra una de las más grandes necrópolis prehispánicas, y la isla Pariti, un centro ceremonial de la cultura tiwanacota. El alquiler de cualquiera de las dos lanchas de Panamericana es de 120 bolivianos por hora.

El siguiente proyecto del centro gastronómico es dotar un jardín de juegos mecánicos para los niños. “Ahora se está haciendo rellenar la parte que fue afectada por la subida del lago y pensamos adquirir juegos mecánicos para instalarlos en el parque, con el fin de tener más atracción para los niños”, revela la emprendedora mujer, madre y esposa.

Gutiérrez reclama la atención del Estado para promover estos sitios que pueden atraer a más visitantes. “Nosotros no estamos recibiendo ningún tipo de ayuda para el turismo por parte del Gobierno; cada uno de estos emprendimientos ha sido hecho por propia cuenta y riesgo, incluso a través de préstamos, porque es una inversión muy fuerte”, afirma y revela que tuvo que invertir al menos 35.000 dólares para edificar el comedor flotante.

La vista de Panamericana es maravillosa. Es como permanecer en una enorme embarcación, donde existe el temor de abrir la ventana para no verse inundado de esas aguas que convocan, día a día, a cientos de visitantes.

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