Escape

Pantanal de telenovela

Aventura, naturaleza e historias se mezclan en un lugar de Brasil donde se protege a los animales a través del turismo ecológico.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 26 de julio de 2015

A João Julio le gustaban los torneos de lazo. Es por ello que dentro de su propiedad organizaba fiestas que duraban hasta cuatro jornadas.

Durante el día se daban los campeonatos con cuerda y en las noches se bailaba hasta más no poder. Incluso se dice que cantaba para amenizar estos encuentros en la hacienda 23 de Março (marzo en español). Sí, la fecha en que Bolivia conmemora el Día del Mar boliviano, aunque el nombre de la fecha se lo debe a otras razones.

En 1987, mientras João Julio (cirujano vascular) se encontraba en un congreso médico en Alemania, su hermano Roberto lo llamó con urgencia desde Brasil para informarle que se encontraba en la oficina de registro de propiedad, donde sus padres Romeu e Isaura estaban a punto de dividir la hacienda Santa Cruz entre sus tres hijos (Rosaura, João Julio y Roberto), por lo que el galeno debía decidir cuál iba a ser el nombre de su nueva finca. Era una decisión difícil, en especial cuando sus pensamientos aún estaban inmersos en la medicina. Como a partir de ese momento esas tierras iban a pertenecerle, João Julio decidió que la hacienda iba a denominarse 23 de Março, por su fecha de nacimiento.

Dos décadas y media después, si bien el cirujano falleció, su familia mantiene la calidez hacia el forastero cuando visita la propiedad que promete una parte del Pantanal brasileño, aquella de las reservas naturales más exuberantes y diversas del planeta, belleza que quedó registrada en una de las telenovelas más recordadas del gigante sudamericano: Pantanal. En el ingreso a la propiedad, un gaucho brasileño llamado Claudio recibe a la delegación con el sonido del berrante, un instrumento de viento de casi un metro de largo y con forma espiral, construido con cuerno de toro y que en el pasado servía para anunciar la llegada de los visitantes, que en la actualidad se utiliza además para reunir al ganado.

De capibaras a cabalgatas

Vestido con una bombacha, zapatos y un sombrero de ala ancha de cuero, Claudio sopla el cuerno para hacer escuchar el estruendo, que se parece al mugido de un toro. En una extensión de 5.932 hectáreas, la cocina de leña, las verjas de madera y las habitaciones rústicas llevan por un momento a la vida rural brasileña. En uno de los cuartos centrales, una mesa oscura por el tiempo, de más de dos metros de largo, sobresale de las demás: fue ahí donde Romeu e Isaura dividieron la propiedad de 14.000 hectáreas entre sus tres hijos.

Esta gran estancia ofrece al visitante cabalgatas, caminatas y pesca, además de safaris diurnos y nocturnos que permiten apreciar la variedad de fauna y flora que habitan esta región.

Otra razón para visitar la finca es que hay vuelos a través de las locaciones donde se grabó la telenovela de los 90, que narra la vida de Joventino, un hombre que nació en aquella zona rural, creció en Río de Janeiro y retornó a su tierra para encontrarse con sus raíces. En ese ínterin conoció a Juma, una muchacha criada como salvaje y de quien se rumoreaba que por las noches se convertía en pantera.

Dentro de una valla, el gaucho saca un lazo hecho de cadenas, el cual agita para producir un chasquido como si reventara un matasuegra, y que sirve para conducir el ganado. Son vanos los intentos de los visitantes que quieren emular la habilidad del guía.

La mañana está soleada, así es que decenas de roedores gigantes descansan en la orilla del río. Son las capibaras que no se inmutan ante la cercanía de los intrusos y se dejan sacar fotografías. Es época seca; los animales salen del pantano para conseguir comida, al igual que las sicurís y los jaguares, que se alimentan de los capibaras y que temen al ser humano.

Los roedores están a unos metros, es el momento adecuado para disfrutar de la presencia de estos animales que viven en gran parte de la Amazonía sudamericana y que se caracterizan porque los machos tienen un harem de hasta 15 hembras.

Después de compartir un instante con los capibaras, Claudio lleva a la delegación donde se encuentran los caballos, para cabalgar y arrear el ganado. Juliano Hindo Dittmar, hijo de João Juliano y responsable de la ganadería, cuenta que en la hacienda tienen equinos pantaneros, una raza que se adaptó al ambiente caliente, húmedo y a las largas planicies amazónicas, que son producto de la selección natural de dos siglos.

Claudio, Juliano y su esposa escogen el potro que mejor se adapte a la amazona o jinete visitante para recorrer parte de la propiedad. Estar encima del equino, llevarlo por donde uno quiere y dirigir un momento el ganado es una experiencia que lleva a lo profundo del Pantanal matogrossense.

La Unesco nombró al Pantanal brasileño como reserva de la biosfera, porque en aquel territorio cohabitan centenares de animales dentro de una flora exuberante. Una demostración de esta riqueza natural es la visita a la hacienda San Francisco, ubicada en el municipio de Miranda, en el estado de Mato Grosso do Sul.

Una estatua de San Francisco rodeada por un yacaré y un pez, hechos de madera, da la bienvenida a los visitantes a esta finca donde un par de ñandús camina cerca de los asientos de madera y la verja donde descansan varias parabas. Es una pequeña muestra de la variedad de fauna, ya que dentro de San Francisco se puede encontrar al 70% de las especies existentes en el Pantanal. Es el momento de iniciar el safari para ver a los animales en su hábitat natural, y tal vez recordar un poco la historia de Juma y Joventino. Los turistas son transportados en un camión habilitado de tal manera, que los asientos parecen de una sala de cine, desde donde hay una excelente vista de la naturaleza. Sobre la cabina hay un asiento rotatorio donde se acomoda Roberta, la persona encargada de guiar a la delegación, quien con una vara larga de madera alerta sobre la ubicación de los animales.

No pasan ni cinco minutos para la primera parada del vehículo, cuando Roberta señala el riachuelo y asegura que se movió una sicurí. Pero si es que estuvo allí, la serpiente fugó muy rápido de nuestra vista.

El vehículo se detiene otra vez, para que Roberta indique el lugar donde más de siete lagartos se calientan encima de una roca en medio de la vegetación. El coche para varias veces, con el fin de observar capibaras, osos hormigueros, venados y decenas de aves rapaces, como el gavião fumaça, gavião negro y caracará, además de cigüeñas como el tuiuiú y patos salvajes.

Minutos después, la guía conduce a pie a la delegación a un puente de madera de más de 70 metros de largo, que esconde a varios animales entre árboles y plantas acuáticas. Durante la caminata, Roberta detiene al grupo y pide silencio. Entonces se escucha a un animal que atrapó un pez y roe los restos. No se lo puede ver porque está oculto entre las ramas y el agua. Guiados por el sonido, se sabe que se encuentra a metros.

Por un momento predomina el silencio y luego nuevamente se oye en acción a la nutria que quiere extraer la mayor cantidad de carne de su presa. Después de varios intentos y varios movimientos, por fin se puede ver una silueta del animal, que toma con sus patas delanteras las espinas del pez y come todo lo que queda, pero la imagen se distorsiona con las ramas y el agua. No se puede tomar una fotografía, solo mantener el recuerdo.

Empieza a atardecer. Es cuando los árboles se reflejan en el río que, como un espejo, amplifica todo lo que hay sobre la superficie. Ahora, el bote que transporta a los visitantes se detiene en medio del canal São Domingo para pescar pirañas. Es una actividad que llena de paz, porque mientras las manos aguardan sentir el pequeño jalón que indica que se tiene que levantar la caña, los pensamientos se mueven en torno a la maravilla de la naturaleza en esta parte del Amazonas.

Algunos consiguen su objetivo en unos segundos, otros no lo logran. Como todo un experto, Elmo, el conductor de la barcaza, pica varias pirañas, a las que libera después de mostrarlas.

La próxima experiencia en medio del agua es el avistamiento de yacarés. Con un poco de carne de pescado como carnada, Rebeca les induce a aproximarse y un grupo se acerca a la embarcación. Se trata de Tomás, Lula, Posachi y Florinda, reptiles a los que se ve habitualmente en estos recorridos.

A esta altura el espectáculo es inigualable, con una danza acuática en medio de un espejo de líquido y, en torno a una fogata, Elizabeth Coelho, propietaria de la finca Santo Domingo —que es parte del circuito—, propicia la convivencia entre visitantes y trabajadores, con la introducción del ritmo chamamé, una danza de origen guaraní que se escucha y baila en el sur de Brasil, Paraguay, Argentina, Bolivia y parte de Chile.

La telenovela filmada por estos lares tiene su lado mítico basado en ciertas creencias. Excepto José, un hacendado del lugar y padre de Juventino, casi todos dicen haber tenido un encuentro con el “Viejo del Río”, un curandero que trata a las personas atacadas por una cobra venenosa llamada “boca de sapo” o que se perdieron en la selva debido a una supuesta presencia satánica.

Pero esta visita poco tiene de profano. Es más, el Pantanal parece ser lo más cercano a eso que llaman paraíso.

La gran apuestapor el turismo rural

Mato Grosso do Sul es uno de los lugares más recomendados para el turismo brasileño y mundial debido a las ofertas de convivencia en las haciendas, con la contemplación de sitios naturales inigualables y de la diversidad de flora y fauna. La llegada cada vez más amplia de visitantes es producto de una política gubernamental y de la decisión de los dueños de haciendas para habilitar gran parte de sus terrenos para la visita de turistas.

En la actualidad, los ingresos económicos por la visita de turistas superan el negocio de la ganadería y generan más empleos. Débora Bordin, periodista y analista de la Fundación de Turismo de Mato Grosso do Sul (Fundtur), dependiente de la Gobernación de la región, explica que los empresarios percibieron hace muchos años que los citadinos querían vivir la experiencia dentro de una hacienda, por lo que habilitaron sus casas e incluso sus dormitorios para poder recibirlos.

Fátima Cordella, quien lleva 27 años como operadora de turismo y gerenta la posada Águas do Pantanal, reconoce que el flujo de visitantes era menor en el pasado, por lo que el gobierno de Mato Grosso do Sul y el Ministerio de Turismo compraron espacios en las ferias de todo el orbe con la misión de atraer a más visitantes.

De acuerdo con Cordella, Asia, Europa y Estados Unidos “están necesitados de este mundo verde, que se encuentra en la frontera de Brasil, Bolivia y Paraguay”.

Ante este panorama optimista, la aerolínea boliviana Amaszonas estableció alianzas con gobiernos locales para difundir los destinos que no son tan conocidos, tanto en el lado boliviano como en el brasileño.

“Tenemos la intención de conectar todos estos destinos no tradicionales que tienen dificultades de conexión. Antes, para viajar a Campo Grande desde Bolivia había que ir hasta Sao Paulo y desde allí volver a Campo Grande, con un tiempo muy largo y con costos más altos”, afirma Eddy Luis Franco, gerente de Comunicación Institucional de Amaszonas.

Con esta visión es que la aerolínea lanzó la promoción Santa Cruz-Campo Grande-Santa Cruz con un precio de 236 dólares.

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