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París de Cortázar

Las cerezas son compañia en este recorrido por la capital francesa

El País / P. Ferri/ M. Herráez / Madrid

00:00 / 29 de abril de 2012

Las largas piernas de Julio Cortázar vagaron por París más de 30 años. El escritor argentino recorrió la capital francesa enérgicamente, explorando cada callejuela y cada rincón de su ser. Cortázar encarnaba al flâneur, el paseante insaciable, característica que quedó reflejada en sus cuentos y novelas. Seleccionamos los recorridos más interesantes.

01 Canal Saint-Martin (Cuello de gatito negro)

Entre las paradas de metro de République y Goncourt emerge el Canal Saint-Martin, ruta predilecta de Cortázar. Sus tardes son hoy refugio de la bohemia parisiense.

Decenas de jóvenes (y no tan jóvenes) conversan, cerveza en mano, y pasean por el canal de arriba abajo. A los lados, pequeños bares ofrecen vino y frutos secos, siempre con vistas al viandante. Están, por ejemplo, el café Zemmape o el Bar Marcel. Cortázar gustaba de pasear la parte sur del canal, la más cercana al Sena.

En el extremo norte del canal, la parada de metro de Jaurès se alza sobre la calzada en una preciosa estructura metálica rodeada de árboles. No hay por qué tomar el metro, pero el mundo autónomo del suburbano, con su sistema ajeno de tiempos y espacios, suponía otro de los espacios preferidos de Cortázar. Con un periódico en el bolsillo, Lucho, protagonista de Cuello de gatito negro, aborda un vagón atestado. Se apoya en la barra y, de repente, nota el contacto de una mano femenina enguantada de negro. Lo que parece producto del vaivén del metro se convierte en un juego que continúa en casa de ella, con dos nescafés "fuertes y azucarados" y una charla sobre la Martinica y Nina Simone. La línea del metro del cuento es la 12, pero los raíles sobreelevados de Jaurés resultan, sin duda, más agradables.

02 Gît-le-Coeur (El perseguidor)

Cortázar cuenta en El perseguidor la historia de Johnny Carter, genial saxofonista de jazz, basado en la figura del legendario Charlie Parker. Cortázar sitúa a Carter en París, junto a su mujer y su biógrafo. Borrachos hasta la médula, Carter y el biógrafo bajan hacia el Sena por Saint-Germain-des-Prés, toman la Rue de l'Abbaye y Furstenberg hasta Gît-le-Coeur, un callejón que da al Quai des Grands Augustins, a orillas del Sena. Es de noche y ambos se apoyan en el pretil, dialogan, "se dejan llevar por el río". Al rato, con el frío, suben por la Rue Saint-Severin para beber algo con qué calentarse los huesos. Del lado contrario al que ellos eligen, remontando el río frente a la Île de la Cité, queda el Pont des Arts, hoy en día cubierto de cientos de candados, guardianes de amores eternos, amores como el de Oliveira, protagonista de Rayuela, que pasea por allí buscando un encuentro casual con la Maga.

Casi enfrente, por la Rue de Seine, conviene desandar lo andado por Oliveira y abordar el Boulevard Saint-Germain. En el número 150 aparece el Old Navy. Cortázar nunca frecuentó los cafés, aunque si hubiera que hablar de uno al que acudía con cierta asiduidad sería éste, un local corriente, algo estrecho, con cuatro mesas en la terraza y las sillas con vistas al tendido. Gabriel García Márquez cuenta que en 1956, estando en París, tuvo noticia de que Cortázar frecuentaba el bar, así que acudió con la esperanza de encontrarlo. Tras varios días de espera, Cortázar apareció, aunque el colombiano no se atrevió a abordarlo. No pidan gin-tonic aquí, pese a que el cuerpo lo mande. El vaso es pequeño; la ginebra, poca, y el precio, alto. Un café está bien. Otras opciones cercanas son el Café de Flore, Les Deux Magots, La Coupole, Le Dôme, la Closerie des Lilas o el Café de La Paix.

03 Restaurante Polidor (Las armas secretas)

En la Rue Monsieur le Prince, la continuación de Mazarine tras el Boulevard Saint Germain, se halla el restaurante Polidor, punto de partida de 62. Modelo para armar, tercera novela que escribió Cortázar. Juan, su protagonista, elige una mesa al fondo y ordena una botella de Sylvaner. Enseguida se obsesiona con un "comensal gordo" que se sienta junto a él, se pregunta para qué entró en el Polidor, por qué pidió Sylvaner y qué narices estaba pensando para comprar el libro que acaba de comprar. Bien, la razón a su entrada tiene fácil respuesta, ya que el Polidor es un entrañable local de aspecto alsaciano y buen rancho. El interior es una ensalada de espejos, tulipas, cortinillas y largas bancadas de madera. Si el Polidor está lleno o el paseo se hizo corto, puede seguir por Saint-Germain hasta la Rue de Bievre y dar con el restaurante Le Bievre, local donde el expresidente Mitterrand comía su cuscús. De hecho, hay un plato que se llama así, le couscous du président. La tarde da para visitar el cercano barrio de Saint-Sulpice, escenario del cuento Las armas secretas.

04 Général Beuret (Rayuela)

Cortázar escribió Rayuela en su casa de la Place du Général Beuret, en el barrio de Montparnasse. El edificio, rehabilitado y con una planta más que entonces, alojó al escritor argentino en sus primeros años en París, tiempo en que escribió, además de Rayuela, Final del juego o Las armas secretas. Cortázar ocupó un apartamento interior en compañía de su primera esposa y actual albacea, Aurora Bernárdez. La casa da a un patio lleno de árboles, y del buzón correspondiente aún cuelga un cartel que dice Bernárdez-Cortázar. Ella todavía vive allí.

La barriada es una fiesta colorida de fruta y pan recién humeante. Las jugosas cerezas de una frutería resultan una excelente compañía para pasear hasta el cementerio de Montparnasse, a escasa media hora. Cortázar yace allí enterrado junto a su segunda mujer, Carol Dunlop, con la ilustre compañía de Sartre o Baudelaire.

05 Galerías (El otro cielo)

Al otro lado del Sena, cerca del Jardín de las Tullerías, se encuentra el barrio de las Galerías, pasión de Cortázar. "Los pasajes y galerías han sido mi patria desde siempre", escribe en El otro cielo. A un paso de la ignominia diurna de la Rue Réamur y de la Bolsa nace la Galerie Vivienne, llena de "alegorías vetustas, guirnaldas y figuras de yeso". Allí, un día de lluvia, su personaje conoce a la prostituta Josiane, que habita una buhardilla en los altos de la misma galería. Cortázar nos lleva a la Galerie Vivienne, pero también a Colbert, a Sainte-Foy, a los pasajes du Caire, des Princes o des Petits Pères. En esos mundos de "techos de yeso" se enamora de Josiane, con quien acude a un bar cercano de la Rue des Jeuneurs, un local de "banquetas de felpa morada". Allí beben grog, un combinado de ron, lima, canela y agua hirviendo o vino blanco.

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