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Pedro Almendares

Aunque ya se jubiló, sigue haciendo lo que más le gusta: enseñar tanto ciencia como deporte. Son cuatro décadas destinadas a formar a otros en lo que él tanto ama.  Profesor de Química y de vóley.

La Razón Digital / Gemma Candela

00:00 / 19 de enero de 2014

"¿Usted no juega vóley?", pregunta a veces a personas altas que se encuentran por la calle. No lo puede evitar: lleva más de 40 años dedicados a este deporte, entre practicarlo y enseñar a otros a jugarlo. Pedro Almendares, de 73 años, sigue tan enamorado del voleibol como cuando comenzó en él. Dice que fue algo “accidental”. Él era futbolero, pero le castigaron. “Obligado me fui al vóley”. Y con una risilla evita decir qué hizo para que le prohibieran practicar el balompié durante dos años. Cuesta imaginar que Pedro, vestido formal y con actitud de caballero, fuera tan travieso, aunque un brillo en los ojos dice que sí... que lo era.

La entrevista es a media mañana de un día entre semana en una cafetería del centro. Al preguntarle qué quiere tomar, responde: “Como buen potosino, una salteña”.  Es de Uyuni, donde su padre trabajaba de ferroviario (en la parte administrativa). Aún recuerda cuando, de camino al colegio, el agua del cabello recién peinado se volvía escarcha.

Las clases de laboratorio lo cautivaron y decidió que, de mayor, estudiaría Química. Antes de eso, al acabar cuarto de primaria, la familia se trasladó (en ferrocarril) a La Paz. Fue en esta ciudad donde, al terminar  el bachillerato, se dedicó al deporte en el que entró por accidente, como él dice. Formó parte del equipo del Instituto Normal Superior Simón Bolívar, agrupación que alcanzó el campeonato nacional, recuerda, orgulloso. En el mismo establecimiento educativo fue profesor de Química durante 20 años y, también, entrenador de voleibol. Primero fue el ayudante del equipo femenino. Luego, le encomendaron los planteles de hombres y mujeres. Modestamente  asegura que ha transmitido a sus pupilos  “lo poquito” que sabe .

La enseñanza y el voleibol son sus dos grandes amores, a los que se suma el Bolívar. Han transcurrido tan sólo unos días del nuevo año y ya tiene el abono 2014 para ir a ver a su equipo. A veces, le coincide algún partido de las chicas que entrena en el Estadio Obrero con uno del plantel celeste, pero se da mañas para no faltar al Siles.

Se jubiló hace diez años, pero sigue dando clases particulares y dedica cinco días a la semana al vóley.  Incluso, pide las libretas escolares a las alumnas jóvenes. Ahora, sólo entrena a chicas: a las del Obrero y las de la Asociación de este deporte. Cree que lo hará por un año más. Y, probablemente, no será hasta las olimpiadas de 2016 que pueda cumplir su sueño: asistir a un torneo internacional de voleibol femenino.

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