Escape

Peluqueros: Historias con manos de tijera

Son los artistas del cabello que trabajan años en la ciudad de La Paz y acumulan cientos de historias en sus salones de peinado.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega

00:00 / 18 de octubre de 2015

El 19 octubre de 1955, en las calles de la ciudad de La Paz, la gente andaba con la sonrisa rosada estampada en el rostro y levantando la V de la victoria.

Eran los tiempos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) cuando se firmó el Decreto Supremo 4201 y se impuso el 21 de octubre como la jornada en la que cada año se recordará a los “peluqueros y peinadores” de Bolivia.

A solo tres días para la celebración de los cortadores de cabellos, Escape visitó peluquerías paceñas recopilando historias acomodadas entre sillones mullidos.

Antonio Tito es uno de esos hombres que puede catalogarse como un clásico. Tiene el bigote a lo Vicente Fernández, la camisa desabotonada, las mangas remangadas setenteras y con el aire de suficiencia en su andar, forma parte de una dinastía de peluqueros históricos. Su papá fue el pionero y éste heredó el oficio a sus vástagos que hoy trabajan en distintas peluquerías de la metrópoli. Eso sí, el “salón de la fama” continúa en el edificio Alameda.

Mientras se da un respiro en pleno trabajo, Antonio empieza a narrar la época de oro de su peluquería Mecha a Mecha. “Antes, venían acá los más importantes personajes de la sociedad”, aclara. Jugadores de fútbol y políticos hacían una misma fila para ser atendidos por él y sus hermanos. Es más, alguna vez se cerraron contratos deportivos durante un corte de cabello.

Variedad

Las cabezas más representativas pasaron por las manos de los Tito. Por ejemplo, dice que su tío Valentín fue designado peluquero oficial del expresidente Víctor Paz Estensoro y Antonio se hizo cargo de hacerle cortes a Hugo Banzer Suárez. El exdictador, quien fuera militar de caballería, era un hombre de pocas palabras, cuando se sentaba delante del espejo. Sus guardaespaldas miraban con atención cada movimiento que realizaban las tijeras de Antonio.

Los guaruras incluso veían cuando la navaja iba y venía cerca de la yugular del responsable de uno de los golpes de Estado más crueles, en los años 70.

Antonio, como la mayoría de los “antiguos”, es y era un diestro con la cuchilla. Como parte de su aprendizaje, él se entrenó “rasurando” a un globo inflado.

Los años 70 son parte de la historia, al igual que las navajas grandes que se afilaban pasando la cuchilla por un cuero. En la actualidad se usan máquinas desechables que se cambian tras cada peluqueada. Es cuestión de higiene y para evitar contagios. Mientras se mira en el espejo y escarba con el cepillo sus oscuros cabellos lacios, Juan de Dios Sinka advierte que muchas cosas han cambiado con el paso del tiempo, “pero un peluquero siempre debe estar presentable para sus clientes”.

Él lleva tres décadas atendiendo a la clientela en el salón de la calle Murillo. En las paredes de su local están las ofertas más importantes que no han perdido vigencia. Así, el corte Romano aún tiene su público entre los caballeros y hay quienes quieren parecerse al dibujo que está en una de las paredes. Sin embargo, los jóvenes prefieren parecerse más al futbolista Cristiano Ronaldo o a algún artista famoso.

Otro Juan, pero más huraño, es el cochabambino que atiende en el salón que está entre las esquinas de las calles Santa Cruz y Murillo. Con el tiempo, aprendió a desconfiar. Afirma que cualquier persona que le pide información es para que después le aumenten los impuestos. Permite a regañadientes que se saquen algunas fotos en su local, pero no quiere contar su historia. Parece un niño buscando excusas: “Estoy mal de la boca y no puedo hablar”, “justo estoy a punto de salir”.

No todos son tan ariscos. Es más, una de las cualidades de los peluqueros es la charla. Hilarión Quispe Ticona, presidente del Sindicato Mixto de Peluqueros, Peinadores, Ramas Anexas de La Paz y El Alto, aclara que los clientes van a las peluquerías a hacerse cortar los cabellos, pero también van a recibir consejos.

“Yo acabo hablando con ellos de los problemas familiares y de la situación política del país”.

Algo similar sucede en el salón Mecha a Mecha. Antonio dice que conoce cientos de historias, pero que nunca va a comentarlas con nadie, excepto con los interesados. Su trabajo es, en este caso, lo más parecido al de un cura en el confesionario.

Además de parecer un muro de lamentos, durante un tiempo las peluquerías eran también centros para hablar acaloradamente de política. Hilarión cuenta que los clientes se sentaban y disparaban sus ideas sin parar, esperando casi siempre una aprobación de los peluqueros. Usualmente los hombres de las tijeras contentan a sus clientes porque un cliente satisfecho siempre vuelve a cortarse el cabello.

Las cosas han cambiado. Juan de Dios explica que los clientes de ahora llegan al sitio con el tiempo exacto para el corte. Suelen chatear con sus celulares y al finalizar el trabajo apenas se miran al espejo, pagan y se van. Antes, cuenta, se cumplía un rito en los salones de peluquería. Era diferente, comenta Juan Mamani, quien atiende en el Barber Shop de la calle Loayza. Allí se ha visto ingresar a dirigentes sindicales y a personajes políticos. Un excanciller aún va por la barbería y se sienta en los clásicos y cómodos asientos japoneses Takana, que no tienen nada que envidiar a cualquier sillón de dentista.

Las mujeres han cobrado notoriedad. Es más, hay más peluqueras que peluqueros (ver más datos en el recuadro) y ellas son capaces de hacer cortes a varones y mujeres. Los varones, aunque Hilarión dice que hay excepciones, son expertos en los cortes a gente de su propio sexo.

En su mayoría, los varones están aferrados al pasado. Éstos prefieren dar a sus clientes una revista Condorito o un periódico y después sueltan la lengua.

Algunos se quedan amarrados al pasado y los más modernos ofrecen Xbox a sus niños clientes. Hoy, la melancólica charla ha quedado reducida a una cuestión de tijeras.

21, día del peluquero

El Día del Peluquero fue instaurado en el primer gobierno del movimientista Víctor Paz Estenssoro (1952-1964). El Decreto Supremo 4201 considera “que el 21 de octubre de 1953, el Gobierno de la Revolución Nacional ha consolidado definitivamente los derechos del trabajador peluquero y peinador”. Así, el Ejecutivo determinó que el día 21 sea la fecha conmemorativa para festejar a los trabajadores de este sector.

Sin embargo, antes de la existencia de la normativa, en la ciudad ya había una organización. El Sindicato Mixto de Peluqueros, Peinadores, Ramas Anexas de La Paz y El Alto, que fue creado el 21 de marzo de 1919. Antes había más varones diestros con las tijeras; pero ahora son más las mujeres, dice Hilarión Quispe Condori presidente del Sindicato y que se dedica al oficio hace cinco décadas.

Cuenta con, aproximadamente, 2.000 personas de afiliados y, sin especificar, reitera que son más las mujeres.

El portal electrónico peluqueriaaldia.com establece que la referencia más antigua que se tiene sobre la existencia de cuidados cosméticos en el cabello se remite a Egipto, donde se empezaron a realizar los cambios más significativos en cuanto a la cosmética capilar.

Otra cultura que también se dedicó al culto de la belleza fue la griega que cultivaba el ideal físico. Sin embargo, en el imperio romano se intentó, por primera vez, aclarar el tono del cabello.

Allá por los siglos XVII y XVIII, la ciudad de París (Francia) capitalizó los gustos y estilos de belleza para el resto del mundo. Según informa peluqueriaaldia.com las exigencias de los hombres y mujeres franceses se convirtieron en el referente de la moda.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia